Tomaba pequeños sorbos de su café con leche mientras miraba a la calle. En aquel asiento, junto a aquel ventanal fue donde se vieron a solas por primera vez ella y Andrés, y la casualidad o el destino había querido que aquel fuese el lugar donde se sentasen de nuevo aquella tarde. Ya pasaban diez minutos de las cinco y él aun no había llegado. Apenas superada la ruptura con Mario, había vuelto a acudir a Andrés, ya que para superar el problema que se le presentaba ahora necesitaría su ayuda. Y no sabía como decírselo.
Tiempo atrás, jamás hubiese dudado que Andrés la ayudaría, pero todo había cambiado. Sobretodo él y su actitud egoísta. Ya no era ese chico dulce que no hablaba por miedo a ofender, que trataba bien a su novia y que tenia firmes valores como la amistad o el altruismo. El Andrés de ahora era una persona dura, con pocos sentimientos y menos escrúpulos, y cuya única prioridad era él mismo. Sabia que solía verse con otras mujeres, mientras ella seguía soñando con volver a verle, abrazarle y besarle.
Sabia que aquel cambio en su actitud podía deberse en gran parte a la decepción que pudo llevarse con Marta, se ex novia, pero había algo mas. El cambio era demasiado radical como para justificarlo solo con aquella ruptura.
Andrés entró en la cafetería con aire despreocupado y esquivando elementos y personas hasta llegar a ella. La saludo con un ligero beso en los labios y se sentó frente a ella.
-¿Cómo estas?.- Comenzó preguntando Nuria.
-Bien, realmente bien, ¿Y tu?.
-Voy tirando. Hace tiempo que no me llamas. ¿Estas molesto conmigo?
-No. He estado ocupado últimamente.- Mintió Andrés.
-¿Con quien?. Me cuentan que últimamente estas con muchas mujeres.
Andrés pudo controlar un acceso de ira ante aquel comentario. No quería enfadarse, no le valdría de nada.
-En primer lugar, no creo que deba darte explicaciones.- Atajó él.- Y en segundo lugar, ¿Para que querías verme?, ¿Para interpretar el papel de mujer celosa y despechada?.
-Tal vez, solo quería verte por el placer de verte. Te hecho de menos.
Andrés sintió una punzada de lastima cuando oyó estas palabras. Después de todo, era agradable sentirse deseado por alguien como Nuria, e incluso que esta se ofendiera por su agitada vida amorosa. Pero no quiso acercarse y darle falsas esperanzas.
-Te lo agradezco, pero me diste a entender en el mensaje que tenias algo importante que decirme.
-¿Y que querías que hiciera?. Te he llamado varias veces y, o no coges las llamadas, o cuando lo haces me hablas de manera distante, como si te molestara que lo hiciera.
-Nuria, creo que las cosas quedaron claras. Yo no quiero aun otra relación, y por lo tanto no quiero tener a alguien llamándome a cada momento para pedirme explicaciones.
Nuria miró hacia abajo. Le dolieron aquellas palabras. Ella aun seguía sintiendo amor por él, y Andrés solo la veía como una molestia, una pesada carga de la que deshacerse cuanto antes. No sabia que el amor no correspondido pudiera doler tanto.
-¿Qué te ha pasado Andrés?. Eres frío y egoísta. Dices cosas sin pararte a pensar en el daño que pueden hacer tus palabras. ¿Por qué estas tan a la defensiva?. Yo te quiero.- Dijo Nuria no pudiendo evitar que escapara de sus ojos una lágrima.
-Si, he cambiado .-Reconoció Andrés.- Ahora miro mas por mi mismo que por los demás, y te sugiero que hagas lo mismo. Si eso era todo lo que tenias que decirme…- Dijo Andrés levantándose de su silla.
-No, espera. De verdad tengo algo que contarte.
Andrés soltó un gran y desesperado suspiro, miró a su alrededor y posó su mirada en dos chicas sentadas a cinco metros de él y se recreó mirando sus desnudas piernas. Una de ellas le sonrió con inequívoco gesto de coquetería. Intentaría hablar con ella mas tarde. Finalmente volvió sentarse..
-Haber, que tienes que decirme. ¿Me vas a preguntar ahora porque fumo, porque bebo?, ¿Vas a seguir pidiéndome explicaciones de mis actos?
-Estoy embarazada.
Nuria lo soltó así. Pensó en la mejor manera de decírselo, pero no había mejor manera que soltarlo sin más. Andrés acusó el golpe. Su rostro se tensó y durante un minuto, no dijo nada. Finalmente hizo resbalar la palma de su mano por la superficie de la mesa hasta cubrir con sus dedos la mano de ella. Nuria sintió el agradable calor de su piel y por un instante sus esperanzas de estar con Andrés volvieron a renacer.
¿Es mio?.- Pregunto él en voz baja. A ella le ofendió la pregunta, pero entendió que después de un par de semanas desde la ultima vez que se acostaron, tuviera alguna duda.
-Si.
-¿Cómo lo sabes?. Si solo estas de una falta, puede ser de Mario, o ¿De otro?.
-No, no es de Mario.- Contesto Nuria tajante.- Mario tuvo un problema de salud y hacia un mes que no lo hacíamos. Y no me he acostado con nadie mas. Además de el hecho de que tu y yo lo hicimos sin protección. Es tuyo Andrés.
-Esta bien.- Admitió él sopesando el problema.- Pues tendremos que buscar una solución.
-¿Solución?, ¿Qué solución?
-El aborto. Es lo mas sensato. Yo no lo quiero, supongo que tu tampoco. Yo correré con todos los gastos.
-¿Cómo te atreves a pensar en el aborto?.- grito con desesperación, y enseguida bajó el volumen de su voz al ver como los clientes sentados cerca de ellos se habían enterado de su frase.- ¿Cómo puedes pensar en eso?.
-Vamos, no me digas que tu no lo has pensado.
Nuria no dijo nada. Para sus adentros, tuvo que reconocer que ella tamben lo había pensado seriamente. ¿Cómo le explicaría a sus padres, personas estas chapadas a la antigua, que iba a tener un niño y no era de su ex novio Mario?. Solo quería tenerlo si Andrés la hubiese apoyado y hubiese querido que lo tuvieran. Pero estaba claro que no era así. El silenció la delato.
-Lo ves.- dijo Andrés.- Lo has pensado, y es la mejor solución.
-Tienes razón, lo he pensado. Pero, no se. Tengo miedo a que me arrepienta en el futuro de no tener este niño, y que los remordimientos me acompañen para siempre.- Nuria vio como, mientras decía esto, Andrés sonreía por primera vez aquella tarde.
-Si quieres abortar, y lo que te preocupan son los remordimientos…- Dijo Andrés.- Conozco a un amigo que te solucionara el problema de la culpabilidad y los remordimientos.
Nuria peguntó varias veces durante el trayecto en el coche de Andrés donde la llevaba. Como respuesta siempre recibía la misma frase; “Confía en mi”.
El camino termino frente a una puerta verde con una vela encendida en un farol negro junto a esta y una mirilla en forma de ojo de gato. Andrés llamó con suaves golpes y enseguida abrieron la puerta. Quien lo hizo era un ser extraño del que Nuria no sabría decir si era hombre o mujer. Andrés lo saludo y lo/la llamó Alex. Un nombre que podía ser aplicado tanto a un hombre como a una mujer, con lo cual la duda seguía sin despejarse.
Fueron caminando hacia el mostrador de aquel curioso bar. Eran las ocho de la tarde y no se daban lugar allí muchos clientes aun. Andrés saludó con efusividad al camarero, un tal Pedro, y pregunto por alguien llamado Letva.
-Espérame aquí un momento.- Pidió Andrés.- Voy a buscar a mi amigo.
-Esto es un bar. ¿Cómo nos van a ayudar aquí con nuestro problema?.
-Una vez mas, he de pedirte que confíes en mi.- Dijo él mientras se alejaba hacia otra puerta igual que la que antes habían cruzado.
Nuria pidió un refresco al camarero y siguió observando aquel extraño pero agradable lugar. Un pianista creaba un agradable hilo musical con su piano y desde un pequeño escenario. Cerca de ella, tres hombres hablaban en voz alta. A falta de otra cosa que hacer, Nuria comenzó a escuchar la conversación. Uno de ellos, el mas bajito tenia le llamaban con un mote curioso, “El pelos”. Le basto una rápida mirada para comprobar el porque de su mote. Tenia los pelos de punta y totalmente desordenados, como si se hubiera acabado de levantar. Era él el que llevaba el peso de la conversación.
-Total, que la tipa me dice que se ha enterado de que le puse los cuernos con su hermana.- contaba el Pelos.- Yo lo reconocí. Le dije que lo había hecho por morbo y porque su hermana la chupaba mejor que ella.- grandes risotadas de sus acompañantes irrumpieron en la sala gracias a la supuesta ocurrencia del Pelos.
-¿Y que te dijo?.- Le pregunto uno de ellos.
-Pues se enfado un poco, la verdad.- contesto el Pelos entre risas.- Pero cuando mas se cabreo fue cuando le pedí que hiciéramos un trío ella, yo y su hermana.- Renovadas y sonoras carcajadas se oyeron por toda la sala celebrando la ocurrencia de aquel tipo.- Menos mal que no llegué a decirle que también me tiré a su madre.- Las carcajadas aumentaron su volumen.
-solo te faltó tirarte a su padre.- añadió uno de ellos sin poder parar de reir.
-¿Y quien te ha dicho que no me lo tiré también?.- Las carcajadas volvieron a resonar.
Vaya elemento este Pelos, pensó Nuria. Menudo cerdo esta hecho.
Andrés iba a llamar al despacho de Letva cuando la puerta se abrió sola. Entro sigilosamente y se encontró con Letva sentado en el escritorio leyendo un libro con la portada en negro y en ella un curioso dibujo que no pudo ver bien. Letva levanto la vista de él cuando Andrés ya hubo entrado del todo. Vestía impecable traje, como siempre. Andrés lo consideraba un modelo a seguir no solo en su buen vestir, sino en sus ideas , sus modos educados y su presencia cautivadora. Cerro el libro, se levantó y saludo al invitado con efusividad.
-¿Cómo estas amigo Andrés?.
-Bien, supongo. Vengo a verte porque tengo un problema.
Andrés le contó un resume de los acontecimientos y la solución que había pensado, que no era otra que darle el antídoto a Nuria y así poder abortar sin temer a los remordimientos. Letva escuchó atentamente sin decir nada. Finalmente, pidió hablar con Nuria. Andrés fue por ella y la acompañó hasta el despacho.
-¿Eres Nuria, verdad?- Pregunto Letva a modo de saludo cuando la chica hubo entrado al despacho. Ella asintió. Él la besó en la mano y ella se estremeció ante aquel gesto galante. Le pidió que se sentara cerca de la chimenea, al calor del fuego.
-Amigo Andrés.- Dijo Letva.- Tengo que pedirte que nos dejes solos.
Andrés se lo pensó, pero finalmente salió del despacho.
-Bueno.- Comenzó Letva una vez estuvieron a solas.- ¿Cómo estas?
-Bien, supongo.
-Andrés me ha contado el problema. Evidentemente, es una decisión difícil esta a la que te enfrentas. Y seguramente será tu corazon y no tu cabeza la que decida. Yo solo puedo aconsejarte que pienses en ti misma, y en lo que será mejor para ti. Olvida la culpabilidad, los remordimientos, y sencillamente decide.
-Agradezco su consejo.- habló por fin Nuria.- Puedes olvidar la culpabilidad y los remordimientos, pero ellos no se olvidan de ti. Pueden acompañarte hasta el fin de tus días.
-Tienes razón.- Acepto pensativo Letva mientras miraba al fuego.- Pero, desde ese punto de vista, podemos llegar a la conclusión de que tu conciencia y tu culpabilidad te impiden hacer lo que quieres, lo que de verdad te haría feliz.
-Supongo que así es.- Admitió Nuria. No conocía a aquel hombre, pero la paz y la tranquilidad se adueñaban de ella mientras hablaba con él. El magnetismo de aquel tipo era indescriptible.- Andres confía en que usted nos ayude, pero no veo como puede hacerlo.
Letva dibujo una tranquilizadora sonrisa en su rostro.
-Y si te dijera que yo puedo librarte de tus miedos, tus culpas y tus remordimientos, para siempre.
Continuara...

1 comentario:
Hay que ver lo que pasa por las ansias, no habrá medios en este mundo para que no pase, aunque de todas formas a veces pasa no? amigos.
Hasta luego.
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