jueves, 28 de mayo de 2009

La Puerta Verde - Capitulo 6

-¿En que piensas? -Pregunto Nuria al ver la estúpida sonrisa que se dibujaba en el rostro de Andrés.
-Bueno, pienso en lo imprevisible de la vida.- Ella lo miro esperando la explicación que debía de seguir a aquellas palabras.- ayer, yo estaba en el infierno, destrozado, deprimido y sin fuerzas para seguir viviendo. Hoy, y gracias a … -Estuvo a punto de decir “gracias a Letva.- A ti, al sabor de tus labios y al suave tacto de tu piel, estoy en el cielo.
-Gracias por compararme con el cielo -dijo ella con una sonrisa amplia y sincera mientras daba un sorbo a su refresco de naranja.
Andrés tuvo un pequeño gesto de rubor, mientras daba vueltas pensativo a su whisky con cola. A estas alturas, pensaba que la culpabilidad y los remordimientos volverían a visitarle por besar a la novia de su mejor amigo. Pero nada mas lejos de la realidad. Aquella era la prueba definitiva de que el antídoto era infalible. Funcionaba, y la felicidad que sentía haciendo aquello que le venía en gana sin pensar en nada mas que en su disfrute, era una sensación indescriptiblemente embriagadora.
Decidió darle otro húmedo, exquisito y duradero beso a Nuria. No en vano, hacia ya como tres minutos que no se besaban. El sabor de sus labios le daba un placer imposible de rechazar.


Mario tuvo la fortuna de encontrar aparcamiento cerca del Café Toscanna. Definitivamente, este es mi día de suerte, pensó. No paraba de imaginar la cara que se le quedaría a Nuria cuando lo viese, y cuando escuchara la noticia de su ascenso. Si no fuera por aquella noticia, no hubiera querido interrumpir su reunión de amigas, pero las circunstancias justificaban tal interrupción. No podía esperar a verla al otro día.
De lejos, le pareció ver a Nuria junto al ventanal de aquella cafetería, pero no podía ser ella. Estaba acompañada de un tipo. Esto provocó que sus miedos se pusieran en guardia. ¿ Te imaginas que te la esté pegando con otro?, pensó mientras caminaba hacia el café. Acabó riendo ante aquella estúpida idea. Nuria jamás le haría eso.
Entro en la cafetería, miró a su alrededor pero no vió ninguna cara conocida. Miro hacía el ventanal donde estaba la chica que le pareció Nuria, pero no pudo verla ya que un grupo de personas buscando asiento le tapaban la visión del ventanal. Comenzó a caminar hacía adelante para ver si aquella chica era su novia. Se movia con torpeza esquivando mesas, sillas y personas. Pudo llegar finalmente cerca del ventanal. La chica estaba de espaldas y su acompañante quedaba situado  frente a él. No podía distinguir sus rostros ya que estos estaban unidos y perdidos en un profundo beso de película. Se negaba a creer que aquella chica pudiera ser su novia besándose con otro hombre. Se acercó mas a aquella mesa dando un rodeo para ver mejor sus caras. Poco a poco la pareja fue separando los labios dando por terminado aquel ardiente beso. Primero pudo distinguir el rostro de aquel tipo, y le resultó familiar. Movió sus ojos para mirar a la chica, y todo quedo claro.

La chica, no era Nuria. Un gigantesco peso pareció abandonarlo y pudo soltar un gran suspiro de alivio. Sus pulsaciones aun estaban por las nubes, pero poco a poco volvían a la normalidad. El tipo sentado junto a aquella desconocida se dirigió a él-
-Hola Mario.
-Ah, hola Toni.- contesto reconociendo aquel rostro e intentando aparentar tranquilidad. Era un amigo del colegio.- ¿Cómo estas?
-Bien. ¿Buscas a alguien?.
-Si, busco a Nuria, mi novia. ¿La has visto?
-No. Llevamos aquí unos diez minutos y no la he visto -Dijo Toni mirando a su alrededor.
-Esta bien, gracias. La seguiré buscando. Me alegra haberte visto Toni.
Toni contestó un “igualmente” que apenas oyó Mario que ya había dado la vuelta y se dirigía a la puerta. 


Los besos y caricias de Nuria estaban enardeciendo el animo de Andres. Desde el primer beso en la cafetería había querido llevarla a su pisito de soltero y, una vez allí, perderse con ella en el placer que sus cuerpos desnudos pudieran proporcionarles. Pero finalmente optó por ir despacio y disfrutar de una copa en el “Versalles”, un bar de copas que poseía ciertos rincones oscuros donde poder disfrutar de intimidad sin el temor de ser vistos por alguien conocido. En ese momento, decidió que ya no podía esperar mas. Le hablo de su deseo de llevarla a su piso y ella, después de pensarlo un poco, accedió de buen grado.
Andrés abrió la puerta de su hogar, y sin apenas darle tiempo a pasar y cerrar, Nuria se abalanzó contra él acorralándolo contra la pared y regalándole un fanático beso donde las lenguas se unían y confundían en un enloquecido y húmedo baile. Él agarró su redondo trasero, el cual ya tenía un buen numero de huellas dactilares de Andrés, y la subió sobre si. Ella le abrazó la cintura con sus piernas mientras, sin dejar de besarle le desabrochaba torpemente su camisa amarilla. Cuando su torso quedó al descubierto, ella lo beso y saboreó con fruición. El sabor de su piel le parecio exquisito. Su propio olor corporal mezclado con un suave perfume. Volvió a poner los pies en el suelo dejando libre de ese modo su cintura. Sus besos iban descendiendo desde el pecho hasta el ombligo, y seguían bajando. Desabrochó su pantalón con mayor habilidad que lo hiciera con la camisa, notando con un simple roce la ereccion que estos escondían.
Una música estridente interrumpió la excitante escena. El móvil de Nuria sonaba desesperadamente. Era su novio quien llamaba. Y ella se quedo mirando el teléfono sin saber que hacer. La duda no la dejo reaccionar hasta que el móvil dejó de sonar, entonces decidió apagarlo.
-Era Mario.- anunció Nuria.
Andrés se encogió de hombros, e hizo con su teléfono lo mismo que ella, apagarlo. Se acerco a Nuria por detrás y comenzó a bajar la cremallera de su vestido. Quería acostarse con ella y debía actuar rápido antes de que se arrepintiera. Tras dudar un breve instante Nuria se quitó los pantys y él terminó de quitarle el vestido. Andrés tenia enormes ganas de verla desnuda, y saboreó el momento. Ante el se encontraba una mujer con cuervas exuberantes y piel suave, solo tapada minimamente por excitante ropa interior negra. Aquel cuerpo tan sensual era una visión difícil de olvidar. No quiso recrearse mas, al menos de momento, en la visión de su cuerpo semidesnudo y decidió iniciar la agradable y ansiada tarea de besar y acariciar cada pliegue de su cuerpo, haciendo gustosas paradas en sus rincones mas íntimos. 
Estaba perpetrando la infidelidad a su amigo, y no sentía ninguna culpabilidad, solo deseos y felicidad por disfrutar de aquel momento.

Una guerra de sentimientos tenia lugar en su interior. La alegría que había inundado a Mario durante todo el día estaba perdiendo la batalla contra la creciente preocupación de no encontrar a Nuria. Había llamado a su móvil, y nada. Después, y para pensar en otra cosa, llamó a su amigo Andrés y solo pudo oír la monótona y robótica voz de una mujer que le anuncio que “El teléfono al que usted llama está apagado o fuera de cobertura en este momento”. Imagino a Andrés, en su piso, abatido, sin ganas de hablar con nadie. Por un momento pensó en ir a visitarlo, intentar animarlo. Pero finalmente optó por esperar a Nuria en su casa. 
Cuando llegó a casa de Nuria, llamó a su puerta y no recibió respuesta. Parece que nadie se encontraba allí, asi que no le quedó mas remedio que esperar en el coche.

Andrés hubiese deseado en aquel momento ver su propia cara y sobretodo observar la mas que segura estupida sonrisa que adornaba su rostro. Recordó que anteriormente había comparado estar con Nuria a estar en el cielo. Ahora podía afirmar que el sexo con ella era el paraíso y su cara era reflejo fiel de esta afirmación. 
Nuria posaba su cara el el pecho de él. Estaba callada. Ella había gozado tanto o mas que él, pero andres suponía que sopesaba las posibles consecuencias de lo que había hecho, y se sentía culpable. Seguramente sería esa culpabilidad que duele, esa de la que él se libró afortunadamente desde el momento en que el antídoto de Letva entró en su cuerpo. Acariciaba su sedoso cabello y le regalaba algún beso de vez en cuando. Ella le sonreía con gesto melancólico, y finalmente se levantó y comenzó a vestirse. Le pidió que la llevara a su casa. Andrés albergaba la esperanza de que se quedara a dormir con él, pero sabia que eso crearía suspicacias a sus padres y generaría preguntas innecesarias sobre donde y con quien había estado. Se vistió y se dispuso a llevarla.

Mario llevaba ya mas de una hora esperando en su coche, aburrido y preocupado. Solía tener siempre algún libro en su vehiculo para entretenerse si se veía sorprendido en algún atasco. Buscó pero no encontró ninguno, solo encontró un par de bolígrafos y encendedores serigrafiados con nombres de fabricantes proveedores de su empresa y una navaja suiza con la inscripción de “Productos Henkel”. La navaja en cuestión era un utensilio completísimo que contaba con cortaúñas, abridor de chapas, sacacorchos, unas pequeñas tijeras, y una hoja de navaja de unos doce centímetros. Quiso comprobar su filo y comprobó,  que estaba muy afilada, hasta el punto de hacerse un pequeño corte fortuito en el pulgar.
Cuando ya estaba a punto de irse a su casa para tomar una ducha y seguir la búsqueda de Nuria mas tarde en caso de no haber aparecido, vio como un Fiat Punto se acercaba despacio a casa de su novia. Él conocía aquel coche, era el de su amigo Andrés. Cuando el coche estacionó, pudo mirar mejor en su interior. La vio y la sorpresa dio paso a un sinfín de preguntas que se agrupaban en su mente. ¿Qué hacia Andrés con Nuria?. Quizás Andrés la vio en la calle y decidió acercarla. “No seas mal pensado”, se dijo. “Todo esto tendrá una explicación”. Pero decidió no interrumpir la escenas. Ambos hablaban inocentemente en el coche. De repente, un beso lleno de pasión los fundió a los dos 
El dolor fue inexplicable cuando su cerebro por fin procesó lo que habían visto sus ojos. Un dolor mucho peor que el físico le golpeó. Un nudo en el estomago le provoco el asomo de una lagrima en sus ojos, pero no quería llorar e hizo un esfuerzo titánico para no hacerlo. La tortura de aquella escena era demasiado fuerte. El descubrimiento de aquella doble traición de su amigo y su novia, provocó el derrumbe de todo su mundo, la destrucción de todo en lo que creía.
Ellos seguían besándose, ajenos a todo, ajenos a su angustia.
Mario salio de su coche y se acerco al de Andrés con grandes zancadas. Nuria fue la primera en verle y ahogo un grito de pánico. Andrés apenas tuvo tiempo de girar la cabeza cuando vió como alguien abría su puerta, lo agarraba del brazo lo sacaba fuera y lo tiraba al suelo. Mario lo miraba desde arriba, incrédulo. Un destello de luz deslumbró a Andrés. Este localizó su procedencia y miro a su mano derecha. Descubrió aterrorizado que aquel destello provenía de una hoja de navaja que Mario sujetaba fuertemente.

Continuara...




viernes, 22 de mayo de 2009

La Puerta Verde - Capitulo 5

Nuria miró el reloj del ordenador por quinta vez en los últimos quince minutos. Las cuatro menos cuarto. Que lento podía pasar el tiempo cuando se esperaba. Hecho un vistazo por ultima vez a la bandeja de entrada de su correo electrónico, y finalmente decidió que ya era hora de ponerse en marcha y prepararse. Abrió el ropero y comenzó su ilusionante ritual de elección de ropa para la esperada cita. Decidió ir sencilla pero con gusto, sacándole partido a sus atributos. Comenzó escogiendo un vestido corto, de color negro con algunos puntos blancos, estrecho por arriba pero que acababa  holgado por abajo, hasta mitad de sus esbeltos muslos. Quería impresionar a Andrés, y sabia que alguna que otra vez que él había lanzado furtivas miradas a sus piernas, así que decidió que se las ensañaría, pero sin pasarse. Bastaba mostrárselas un poco, a modo de aperitivo. El vestido también tenia la ventaja de poseer un amplio escote, dando este, protagonismo a sus hermosos pechos, que solían acaparar igualmente las miradas de él. Acompañaría el vestido con pantys negros y botas cortas y marrones. Lo cubriría todo con un abrigo tres cuartos de paño, porque aunque el día era soleado, el ambiente era frío. Dispuso la ropa en la cama y empezó a acomodar en su cuerpo la ropa interior, negra y con encajes tanto las braguitas como el sujetador. Sabía que a los hombres les excitaba la ropa interior negra. Se vistió completamente y alabó su buen gusto al mirarse en el espejo. Inmodestamente, juzgo que estaba impresionante.

Frente a un pequeño espejo, comenzó la operación de maquillarse. No tardaría mucho tiempo, pues tenia la suerte de no necesitar muchos elementos artificiales para estar guapa. Mientras se daba un toque de carmín en los labios, miró la foto situada junto al espejo. En ella aparecía Andrés echándole un brazo por encima a Mario, Amigo intimo de Andrés y novio de ella. Ambos sonreían. Una punzada de culpabilidad le oprimió el pecho obligándola a sentarse al borde de la cama. Estaba Engañando a su novio. Creía que ella no era de esas, que jamás se le ocurriría engañar a Mario. Pero, inexplicablemente, lo estaba haciendo. Le había dicho que estaría con unas amigas tomando café, cuando en realidad esperaba encontrarse con Andrés con el secreto deseo de acostarse con él. Quería a Mario, pero Andrés era… distinto. Sus ojos la hechizaban, al igual que su dulzura a la hora de hablarle. A todas las horas del día soñaba con probar sus labios, abrazarlo y sentir su cuerpo desnudo junto al suyo. Era una tentación inevitable contra la que ya no podía luchar. Incluso se sorprendió alguna vez que otra pensando en Andrés mientras hacía el amor con Mario. Estos pensamientos la hacían sentirse muy culpable, pero era inútil negar que estaba enamorada de Andrés, no quería morir sin sentirse suya aunque solo fuera una vez en la vida.

Se repuso a duras penas, termino de vestirse, maquillarse, y salió a la calle, al encuentro de su adorado Andrés.
De camino a la cafetería, se preguntaba porque Andrés habría aceptado por fin citarse con ella. Sabía que Marta lo había dejado el día anterior, y quizás esa fuese la razón, que uno de los elementos que impedían su secreto encuentro, había desaparecido. El otro elemento era Mario. Su amistad era muy fuerte, mas que su deseo por estar con ella. El hecho de que finalmente hubiese querido saltarse la amistad y tener aquella cita, era algo que, sin duda, la halagaba.
Seguramente se encontraría con un Andrés triste, dolido y con la autoestima por los suelos por culpa de Marta. Menuda rubia lagarta la mosquita muerta esa. Nuria se sintió fatal al caer en la cuenta de que ella iba a cometer el mismo delito que Marta, serle infiel a su pareja.
Finalmente llegó al café Toscanna. El ambiente reinante dentro del local era calido, a diferencia del frío del exterior. Faltaban cinco minutos para las cinco, pero Andrés ya estaba allí, sentado en una silla situada junto a un gran ventanal, entretenido mirando pasar a los viandantes. Vestia muy sencillo. Pantalon vaquero y camisa amarilla que le sentaba realmente bien. Ella se acerco en silencio y le dio un suave beso un la mejilla. Andrés le mostró una dentífrica y radiante sonrisa a modo de saludo y le correspondió con otro beso, cercano este a los labios.
-Me alegra verte.- dijo Andrés manteniendo su sonrisa
-Y yo también, muchísimo. ¿Cómo estas?.- Quiso saber ella.
-Bien. Bastante bien.
-¿Solo bien? Yo diría que genial. Te veo sonriente, incluso me atrevería a decir que feliz. La verdad es que no esperaba verte tan bien. No das la imagen de hombre destrozado porque su novia lo ha dejado hace veinticuatro horas.
-¿Preferirías verme llorando y deprimido echándome a morir en un rincón?
-No.- Se apresuro a decir Nuria.- Por supuesto que no. Solo digo que me ha sorprendido gratamente tu entereza. ¿Cómo has conseguida esta actitud positiva?
-Bueno, es una larga historia.- Dijo él con sonrisa enigmática.- Digamos que he enfocado todo este asunto desde otra perspectiva. Creo que la vida es muy corta para malgastarla llorando y lamentándote por los rincones cada vez que las cosas se tuercen.

En ese momento llegó un camarero joven que antes de decir nada le dio un buen repaso visual a Nuria, que se había quitado la chaqueta dejándola colgaba en el respaldo de su silla, de manera que el escote del vestido dejaba ver gran parte de sus encantos. Ella pidió un capuccino y él una coca cola.
-¿Has visto como te miraba el camarero?.- Le pregunto Andrés cuando el joven camarero ya se alejaba.
-Si.- Admitió ella.- Me miraba con deseo.
-¿Y yo, como te miro?
-Pues … Creo que también hay deseo en tus ojos.
-Es inevitable. Estas preciosa. Y me siento importante al estar junto a ti, y al pensar que te has puesto así de guapa para mi.
-Pues así es - Admitió ella sintiendo sus miradas lascivas.- ¿Cómo te ha ido el día en el trabajo?.- Pregunto para cambiar de tema.
- Pues, hoy no he ido a trabajar.
-Vaya, ¿Y eso?
-Ayer me acosté tarde. Estuve bebiendo y aclarándome las ideas.- Dijo Andrés omitiendo gran parte de lo sucedido la noche anterior.- Mereció la pena.
-Si, ya veo. Te veo distinto, como si de repente, hubieses descubierto algo nuevo.

El camarero trajo las bebidas y sin decir nada se alejo. Andrés cerco mas su asiento a ella. Sus rodillas se tocaban.

-Si.- Admitió él.- He descubierto que he sido un tonto todo este tiempo.¿Dónde me han llevado mis buenos actos, mis buenas intenciones?. Hay cosas en esta vida que no nos atrevemos a realizar porque estamos llenos de miedos. Miedo al fracaso, al ridículo, a los remordimientos… Tal como decías en el mensaje, yo era un cobarde, incapaz de atreverme a conseguir o luchar por lo que de verdad quiero o deseo. Y a ti te deseé desde la primera vez que te vi. ¿Cómo no desear besar tus suaves labios?

Ella se estremeció de placer y se ruborizó encantadoramente.
-No creo merecer esos cumplidos, sobretodo después de llamarte cobarde. No tenía derecho ha hacer algo asi. Pero, deseaba tanto tenerte…
-No te disculpes. Tenías razón. Tu querías estar conmigo y luchaste por ello. Solo te puedo estar agradecido. Como te he dicho antes, siempre he querido estar contigo, pero mi empeño por serle fiel a mi novia y a mi amigo me impedían hacer lo que realmente deseaba. Pero he decidido no cerrarme la puerta de la felicidad nunca mas. Adiós a las culpas y a los remordimientos.

Conforme hablaba él se iba acercando mas a ella. Comenzó a acariciarle la rodilla izquierda, para subir despacio hacia el muslo. El tacto algo rugoso de sus pantys no impedía sentir la suavidad y dureza de sus muslos. Se miraban anhelantes y deseosos del contacto de sus cuerpos. Acercaron sus rostros. Sus narices se rozaron y juguetearon entre ellas por un instante. Sus labios comenzaron a rozarse. Era como si quisieran retrasar el placer de aquel inminente y soñado beso. Finalmente sus labios se unieron, y el mundo dejo de existir. Solo estaban ellos.


Mario conducía su Ford con una gran sonrisa pintada en su rostro. Había sido un día duro de trabajo, pero el final no podía ser mas feliz. Después de muchos años en aquella empresa realizando el duro trabajo de comercial, vendiendo productos de limpieza, había recibido una llamada del director y en una reunión le comunicaron la buena noticia. El jefe de comerciales se jubilaba y él era el elegido para sustituirlo. Se trataba de un cargo lleno de responsabilidad, pero él tenía fe en poder llevarlo a cabo. De repente comenzó a reparar en su futuro. Pensó en el aumento de sueldo que conllevaba el ascenso y de repente se vio a si mismo con su pisito amueblado y viviendo con su amada Nuria. Estaba deseando de verla para comunicarle aquella grandiosa noticia. En aquel momento, decidió que de esa semana no pasaría. Esa semana le pediría matrimonio. Lo valoraban en el trabajo y se casaría con la mujer de su vida. Comprendió que era el hombre mas afortunado de la tierra. La tristeza cambió su alegre rostro al recordar que aquel día tan feliz para él era un mal día seguramente para su amigo Andrés, al cual su novia Marta había dejado el día anterior. La felicidad iba por barrios, pensó.
Llamó a casa de Nuría, pensaba que estaba allí. Su madre le dijo que había marchado ya a la cafetería Toscanna. Mario se acordó de que había quedado a tomar café con las amigas. Pensó en llamarla al móvil, pero decidió presentarse sin avisar y darle la sorpresa.

CONTINUARA...


domingo, 17 de mayo de 2009

La Puerta verde - Capítulo 4


Durante unos segundos, Andrés guardó silencio. Finalmente estalló en una carcajada.
-Definitivamente, os queréis reír de mi, ¿Verdad? .- Letva no contestó, no dijo nada, solo sonrió. Andrés continuo riendo con verdaderas ganas. Parece que el Jack Daniel´s comenzaba a hacer su efecto.
-Haber, ¿Cómo harías eso de quitarme los remordimientos.- Pregunto Andrés sin abandonar sus risas .- ¿Con un conjuro?

Letva rió esta vez mas fuerte, como si aquel chiste hubiese tenido gracia.
-Bueno, no exactamente.- Dijo el jefe de aquel lugar levantándose del sillón. Fue hasta el cajon del escritorio, cogió algo y volvió a sentarse cerca de Andrés. Letva sostenía entre sus manos un curioso frasco de cristal. Su forma se asemejaba a la de una gota de agua, pero de unos diez centímetros, y acababa en un pequeño tapón triangular, también de cristal. El liquido que contenía en su interior era de color azul.
-¿Qué es eso?.- Quiso saber Andrés que había hecho desaparecer casi completamente sus risa.
-Es una medicina. O, por mejor decir, un antídoto.
-¿Un antídoto, contra qué?
-Pues contra ese pesado saco que llevas siempre contigo, lleno de culpabilidad, remordimientos, pecados… En definitiva, es un antídoto contra la infelicidad.
-¿No pretenderás que me beba eso?.- Dijo Andrés mirando fijamente aquella gota de cristal - Eso podría ser … veneno.

Ahora fue Letva el que soltó una sonora carcajada.
-Pero hombre, ¿Qué interés podría tener yo en causarte algún daño?
-¿Y que interés podrías tener en ayudarme?
-Buena pregunta. Me caes bien, y me produce una grata sensación  poder ayudar a una persona que lo está pasando mal. Pero sé que mis inquietudes filantrópicas no van a convencerte  como único motivo. Así que, supongo que he de reconocer que yo también saco algo a cambio.
-¿Qué?.- Pregunto Andrés viendo que Letva no se decidía a contarlo.
.¿Has visto a toda esa gente en el bar?. Todos han tomado el antídoto .-Dijo dándole un toquecito con un dedo a la gota de cristal, adornando así su alocución.- Y todos suelen venir alguna que otra noche aquí, para reunirse con gente que, como ellos, han hecho desaparecer sus remordimientos. Aquí se cuentan sus experiencias y sus positivos cambios de vida sin el pesado lastre de la culpabilidad. Todos consumen, y eso significa beneficios para mi.

Andrés valoró de nuevo sus palabras. Una vez mas, tenían sentido. Él nunca creyó en brujas, magos o hechiceros. Solía enorgullecerse de ser un hombre pragmático e incrédulo. 
-Me ha gustado mucho la conversación que hemos mantenido, ha sido muy agradable.- Dijo levantándose y dirigiéndose a la puerta.- Y reconozco que mi vida iría mejor sin mis sentimientos de culpa. Pero, la verdad, no me creo que un simple liquido pueda darme felicidad. Gracias de todas formas.- Termino diciendo mientras abría la puerta verde de aquel despacho.
No había andado aún ni dos pasos fuera de el, cuando volvió a vibrar su móvil. Un nuevo mensaje había llegado. La remitente volvía a ser la preciosa Nuria. El texto del mensaje era corto, pero no podía ser mas explicito. “Eres un cobarde”.
Andrés se quedo inmóvil leyendo aquel mensaje. Lo peor no era que Nuria le llamase cobarde. Lo peor era que sabía que tenía razón.
La decisión no se hizo esperar. Giró su  cuerpo 180 grados y volvió sobre sus pasos al despacho. Esta vez, si pudo abrir la puerta, y encontró a Letva de pie y apoyado en la chimenea, cerca de la gárgola. Andrés tuvo la sensación de que esta había variado su posición.  Letva le miraba con una sonrisa de suficiencia colgada en sus labios, como si esperase el regreso de Andrés de un momento a otro.
-Supongo.- Titubeo Andrés.- que no pierdo nada por probar.
-¿Qué te ha hecho cambiar de opinión? -Quiso saber Letva.
-Bueno, me lo he pensado mejor.
-Bien, aquí tienes el antídoto.- Dijo jugueteando con el frasco entre sus manos.-Como se que aun no te fías de mi, beberé un poco para que compruebes que este liquido es inocuo. 

Letva bebió un pequeño sorbo, cerró el tapón y finalmente le dio el frasco a Andrés. Este lo sostuvo en su mano izquierda. El frasco estaba muy frío. Quitó el tapón con facilidad y olió aquel liquido azul. No olía a nada. respiró hondo, miro a Letva, que estaba expectante, y finalmente bebió todo el contenido del frasco. Le pareció un liquido dulzón y delicioso. Espero varios segundos, pero no pasaba nada. Miró a la chimenea. De repente, las llamas le dieron la impresión de que ralentizaban su danza y cambiaban constantemente de color, como si fuera un fantasmagórico calidoscopio. La habitación comenzó a moverse al igual que el suelo bajo sus pies. Los ojos de la gárgola parecían centellear, incluso creyó apreciar un aleteo de las alas de aquella tétrica figura.
-Tranquilo Andrés -Le susurro Letva.- Los efectos físicos pasaran enseguida.


Los pájaros cantaban alegremente y un furtivo rayo de luz se colaba por una pequeña rendija de la persiana. Abrió los ojos despacio y parpadeo varias veces. Miró a su alrededor pero no reconoció aquella habitación. La cama en la que se hallaba acostado era grande, y tan cómoda que apenas quiso moverse, pero la curiosidad le hizo girar el cuello y seguir investigando aquella desconocida estancia.
En una mesita de noche cercana a él, un reloj digital marcaba con números rojos las 11:23. Junto al reloj, reconoció su propia ropa interior. Giró la cabeza hacia el otro lado, y la vio. Anna estaba a su lado, dormida profundamente. La miro y le pareció igual de bella que la noche anterior. ¿La noche anterior?. Comenzó a recordar a duras penas.
Después de beber el antídoto volvió al bar. Recordó que se sentía mucho mejor de lo que había estado en años. Anna le esperaba y hablaron, bailaron y se besaron con deseo.  Finalmente salieron de aquel local, se montaron en su coche y  fueron a casa de ella. El se sentó en un sillón mientras Anna le preparaba una copa. Esta puso la copa en una mesita cercana, introdujo las manos por debajo de su vestido y forcejeo un poco. Como resultado de aquel movimiento tan sensual, sus braguitas blancas cayeron a cámara lenta hasta que hicieron parada en sus finos tobillos, para finalmente aterrizar en el suelo. Anna se subió el vestido lentamente dándole la espalda a él. Pudo ver por breve espacio de tiempo su suave trasero, antes de que se sentara justo encima de su entrepierna, sintiendo él, gozosamente, la ausencia de su ropa interior. Aquella excitante mujer cogió su vaso con whyski, desabotono el vestido por la parte del escote, dejando así aparecer en escena uno de sus prominentes pechos con sonrosado y pequeño pezón, y hundió este en la bebida, para luego acercárselo a la boca de él. En aquel momento se sintió totalmente inflamado y ella notó su enorme erección provocada por aquella escena y por el disfrute de aquel pezón juguetón en su boca. Solo recordar la escena le provoco de nuevo un conocido movimiento en su entrepierna. Había sido la mejor noche de sexo de su vida.
Miró de nuevo el reloj de la mesita. Eran las 11:30. No tendría que estar ahí, debería estar trabajando, pero allí estaba, en la cama de una desconocida totalmente excitante. Recordaba la culpabilidad que solía sentir cuando por enfermedad o por alguna emergencia, faltaba al trabajo. Sin embargo, ese día que no tenia ninguna excusa por su ausentismo laboral, se sentía bien  y la culpa no asomaba en su interior. Definitivamente parecía que el antídoto de Letva funcionaba. 
Se incorporó con sigilo de la cama para no despertar a Anna. Se acerco al salón, hacia un escritorio donde había dejado su móvil. Lo miró y vio que tenía un mensaje. La remitente era Nuria, y entonces recordó algo mas de la noche anterior. Poco después de tomar el antídoto, escribió y envió un mensaje a Nuria que decía; “No soy un cobarde. Nos vemos a las 5 de la tarde en el café Toscanna?”. 
Abrió el mensaje con impaciencia, y allí estaba su respuesta;  “Me alegra que te hayas decidido. Nos vemos allí a las 5. Gracias.”
Andrés se dirigió al aseo. Supuso que a Anna no le importaría que se duchara. Y si le importase le daba igual. 
Mientras el agua tibia resbalaba y empapaba su cuerpo desnudo, se sorprendió cantando y sonriendo. Intento recordar cuando fue la ultima vez que cantó en la ducha y se sorprendió al darse cuenta de que esa era una costumbre que había abandonado hacia ya mucho tiempo.
Sentía la inexplicable sensación de que la felicidad que le embargaba había acudido a su lado para quedarse. Su vida empezaba hoy. ....Continuara

lunes, 11 de mayo de 2009

La Puerta Verde - Capitulo 3

Esta vez, no se le escapó el hecho de que esto ocurría de nuevo tras decir la palabra “remordimientos”.
Sintió miedo, y ese mismo miedo lo empujó a hablar. 
-¿Qué esta pasando? .-dijo con la voz quebrada.
La chica rubia de pelo corto que acompañaba, entre otros, al tipo de chaqueta y corbata comenzó a acercarse. El sonido de sus tacones rebotando en el suelo era el único que rompía el silencio de aquel lugar. Sus andares cadenciosos y altamente femeninos le tenían embobado, al igual que el movimiento suave de su vestido rojo pasión. Le pareció que todo ocurría a cámara lenta. Ella siguió acercándose despacio pero con seguridad, hasta que juntó sus labios con los de Andrés. Al principio este se resistió temiendo la represalia de su pareja. Pero el dulce sabor a vainilla de los labios de aquella desconocida le hicieron rendirse al disfrute de un exquisito y húmedo beso de no menos de veinte segundos. 
Cuando separaron los labios, el ruido festivo de antes, con música  jazz incluida, volvieron a apoderarse de aquel bar. De nuevo, todo parecía normal.
-Me llamo Anna .- le dijo la escultural desconocida recalcando las dos “enes” de su nombre.
-Yo, so … soy, Andrés .- Alcanzó a decir tartamudeando.
-Eres muy guapo. Me gustan tus ojos, pero están tristes .- Dijo ella con un fingido y encantador deje de inocencia.
-Si, bueno, he tenido días mejores.
-No te preocupes por tu novia, serás mas feliz sin ella. Créeme.
-No se. No es por no creerte, pero ahora mismo no lo veo así y … Oye, ¿Cómo sabes lo de mi novia?
Una risa llamativa fue la primera respuesta de ella.
-He oído lo que le contabas a Pedro, el camarero.

Andrés calculó que, desde donde el estaba hasta donde había estado ella todo el tiempo de su conversación con el camarero, mediaban unos doce metros. Esto, unido al ruido ambiente de aquel lugar le hacían pensar en la imposibilidad de que Anna le hubiese escuchado. Pensó en ello varios segundos, pero no quiso insistir en el tema. Sin embargo, si sentía gran curiosidad por otra cuestión.
-¿Por qué me has besado? .- Le cuestiono él señalándose los labios.
-¿Es que no te ha gustado?. Me pareció todo lo contrario.
-Si, claro, me gusto, y mucho. Pero se puede enfadar tu … ¿pareja?.- Dijo dirigiendo la mirada hacia el rincón donde se encontraba su acompañante.
Con una deliciosa e imperturbable sonrisa, ella volvió a hablarle.
-Yo no tengo pareja. Estoy con quien quiero y cuando quiero. No soy como tu, no tengo eso que tu dices que tienes.
-El qué, ¿Remordimien…?.- antes de decir la palabra ella silenció su boca colocando el dedo índice en sus labios.
-Sshhh., Esa palabra aquí esta mal vista, como ya habrás podido comprobar. No la digas mas.
Andrés no entendía nada. Aquello empezaba a parecerle un sueño o una broma pesada. Las preguntas se agrupaban en su cabeza y necesitaba respuestas.
-¿Aquí?. ¿Dónde estamos?.
-Pues aquí.- Repitió Anna-. Tras la puerta verde.
El desconocido de chaqueta y corbata impecables comenzó a acercarse. Andrés temía la represalia de aquel tipo tras el beso de Anna. ¡Genial!, pensó. Lo que me faltaba hoy, tener una pelea.
Cuando el desconocido estaba a escasos dos metros de él, Andrés comenzó a excusarse.
-Oye, yo… no sabía que ella estaba contigo, me cogió de sorpresa y …
El hombre hizo un movimiento brusco con el brazo. Le tendió la mano. Andrés se la estrechó con evidente alivio. Notó que su mano estaba extrañamente fría.
-Me llamo Letva.- se presento aquel misterioso hombre con voz afable.
-Yo, soy Andrés.
-Un placer tenerte aquí, amigo.

Andrés  seguía viendo en sus ojos y en su porte, seguridad. Incluso en su voz podía apreciarse esta característica. Toda la personalidad de aquel hombre parecía irradiar carisma.
Esta vez fue Anna la que empezó a hablar.
-Le estaba comentando a Andrés, que no debería decir aquí la palabra prohibida.
-Seguramente, amigo Andrés, te preguntarás  por que es una palabra prohibida o mal vista en este local.
-Pues si, la verdad, me sorprende. Y no me gustaría pensar que es una palabra ofensiva y que con ella he ofendido a alguien.- Dijo a modo de disculpa.
-En modo alguno .- Negó Letva con sonrisa y dientes radiantes y perfectos-. Simplemente es una palabra que, no nos gusta, por su significado, y en este lugar no solemos usarla. Pero no nos enfadamos si alguien la usa. Es más, sentimos pena por aquellos que hacen gala de ella y tienen tales sentimientos de culpabilidad.
La palabras de Letva salían de su boca con hechicera tranquilidad. Este hizo un gesto con la mano al camarero.
-¿Permite que le invite a otra copa?.- Pregunto a Andrés. Este asintió con la cabeza, pero incluso antes de hacerlo ya le estaban llenando el vaso.
-Reconozco .-dijo Andrés intentando aclarar sus ideas.- Que sus palabras no solo no han logrado saciar mi curiosidad, sino que me han inquietado aun mas.
-Bueno, esto es cuanto puedo decir, aquí. Si quieres, puedo explicártelo mejor en un lugar mas tranquilo.- dijo Letva mirando hacia una puerta que estaba situada a una esquina del escenario. 
Andrés la miró y se extraño. Habia repasado anteriormente aquel local y no había reparado en aquella puerta, pero supuso que no la vio debido a la congregación de personas que allí se daban lugar.
-¿Qué hay detrás de esa puerta? -Quiso saber Andrés.
-Ese es, digamos, mi despacho.
-Así que eres el jefe de todo esto.
-Bueno, digamos que, si este local tuviera jefe, ese sería yo.

Andrés asintió, se levantaron y se dirigieron a la puerta cercana al escenario. Anna se quedó en la barra del bar.  Se abrían paso entre la multitud mientras Letva saludaba a amigos o conocidos sin perder su radiante sonrisa. Y todos se sentían halagados ante sus saludo. Sin duda era un tipo carismático.
Andrés cayó en la cuenta de que era la segunda puerta  misteriosa que cruzaría en la misma noche. Y de nuevo iba a cruzarla debido a su inevitable curiosidad. Llego antes que Letva a la puerta y sintió escalofríos. La puerta era idéntica a la que estaba en la calle. Una nueva puerta verde con molduras idénticas y la mirilla en forma de ojo de gato.
Intento abrirla girando un pomo dorado, pero no pudo, estaba cerrada. Letva se acerco a ella, y con solo tocarla, esta se abrió.
Andrés se encontró con un salón iluminado por la tenue luz que desprendía el fuego de una gran chimenea. A cada lado de la chimenea, un sillón de estilo antiguo y frente a la chimenea, al otro lado de la estancia, un escritorio de madera y a su lado un mueble en donde se agrupaban algunas botellas de alcohol y vasos. Todo el mobiliario parecía haber salido de una tienda de anticuario.
Letva le indicó a Andrés que tomara asiento y este asi lo hizo en uno de los sillones cercanos a la chimenea, y entonces la vio.
 Era una estatua encima de la chimenea, de unos 40 centímetros de altura. Una gárgola horrible de dientes afilados, orejas puntiagudas, alas pequeñas y rabo terminado en forma de flecha. Daba la horrible sensación de que en cualquier momento su mirada centellearía y la macabra figura cobraría vida.
Letva se sentó en el otro sillón, frente a él, y comenzó a hablar.
-Perdona, yo tampoco he podido evitar escuchar la conversación que mantenías con el camarero. Parece que hoy has tenido un mal día. -Andrés solo asintió, preguntándose de nuevo como demonios habían podido escuchar la conversación desde la distancia. -Se que, cuando estas cosas pasan, es inútil que alguna palabra de animo o aliento surta efecto. De cualquier manera, creo que deberías coger la parte positiva de la historia.
- Créame que no es fácil hacer eso. ¿De verdad cree que hay un punto positivo en que tu novia te deje por otro?
- La parte positiva es que, según creo, hay otra mujer a la que deseas y que insiste en mantener relaciones contigo. La novia de tu amigo, creo. No hay mejor manera de olvidar a una mujer que estar con otra.

Andrés sopesó lo que le decía y calibro su respuesta. Finalmente contestó.
-Mentiría si dijera que no deseo a la novia de mi amigo. Pero si mantengo alguna relación con ella, me sentiré muy culpable y toda la vida me perseguirán los remordimien …- No termino de decir la palabra.
-No te preocupes, puedes decirla, aquí si puedes. -Después de pensárselo unos segundo, Letva continuo.- Entiendo el valor de la amistad. Pero también entiendo el valor de la vida, una vida unica y que merece ser vivida procurándote tu buena dosis de felicidad. ¿Por qué tu felicidad debe estar supeditada a la de tu amigo?.

Andrés bebía las palabras de Letva.  Como no dijo nada. Letva continuó.
-Si miras al pasado, seguro que podrás ver  varias oportunidades de mejorar tu vida, y que no aprovechaste por no dañar la felicidad de alguien. Por pensar y valorar que tus decisiones tendrían efectos negativos para otros, y olvidarte de los efectos positivos que estas hubieran supuesto para ti. Descubrirás, que la mayoría de personas nunca conocen la plena felicidad porque nunca hacen lo que les dicta el corazón, sino lo que es políticamente correcto gracias a esa punzada que da la culpabilidad por sus actos. - se dio un respiro y continuó.- De ese modo, hay mujeres que se casan y conviven toda su vida con hombres buenos, pero de los que no están enamoradas. Hay hombres que renuncian al autentico amor por hacerse responsables de embarazos gestados en una noche de pasión con mujeres que  no significan para ellos nada mas que una noche agradable, y se sienten obligados por la sociedad, la culpa y los remordimientos , a casarse con ellas. Esas personas, créeme, lamentan durante toda su vida el no haber actuado de forma mas egoísta en pos de una autentica y plena felicidad.

Andrés quiso decir algo sobre todo aquello. No quería que aquel tipo pensase que él era un tonto sin opinión. ¿Por qué le importaba lo que aquel tipo pudiera pensar de él?
-Entiendo lo que dices y no te falta razón. Pero para algunas personas, la culpabilidad de no hacer lo que es correcto, les impediría de cualquier modo ser felices. Así que prefieren tomar decisiones no tan deseadas pero si correctas, y confiar en que la felicidad les visite algún día como recompensa por hacer lo correcto.

Letva lo miró pensativo y asintió. El crepitar de las llamas de la gran chimenea era un sonido agradable, perceptible solo cuando ambos quedaban en silencio. Letva continuó:
-La culpabilidad -Dijo en voz baja-. ¿Sabes?, la culpabilidad es un arma sentimental muy poderosa. Hay personas que saben hacer de la manipulación de los sentimientos de los demás un autentico arte y manera de vivir y conseguir siempre lo que quieren. Auténticos lobos con piel de cordero que se convierten en victimas para conseguir cuanto quieren de los mas débiles. Andrés, tu eres victima de tus remordimientos y sentimientos de culpa. Te sientes culpable incluso cuando tu novia te abandona, y rechazas el placer de estar con Nuria, la novia de tu amigo, por los remordimientos que pueda causarte. La culpabilidad ahoga a tu felicidad y te impide disfrutar de la vida y sus placeres. ¿No lo ves?.

De nuevo hubo silencio entre los dos. El despacho debía de estar insonorizado, pues el ruido del bar no traspasaba aquellas paredes. Andrés miraba al fuego analizando todo cuanto Letva decía. Sin duda, él se arrepentía mas de las cosas que nunca había hecho por miedo a las consecuencias, que de las cosas que si había llegado a hacer. Deseaba a Nuria, y este sentimiento cada vez le dolía menos, le hacía menos daño y le hacia sentir menos culpable. Pero aun seguía pensando que si finalmente se acostaba con ella, la culpabilidad se instalaría en su vida. Sabía que en gran parte, Letva tenía razon, pero quería negárselo, rebatir sus argumentos. Probó con una última bala.
-No niego que tienes mucha razón, pero me conozco muy bien, y se positivamente que, si acabo acostándome con Nuria, me sentiría mal y me arrepentiría. Es inútil luchar contra tu mente. Lamentablemente soy así y mi culpabilidad y remordimientos son, inevitablemente,  parte de mi.

A Letva le brillaron los ojos. Daba la sensación de que su mirada era de triunfo y que había escuchado en boca de Andrés las palabras que quería oír. Se inclinó hacia Andrés y hablo en voz baja y clara.        
-¿Y si yo pudiera hacer que tu culpabilidad y tus remordimientos desapareciesen para siempre?

CONTINUARA...





jueves, 7 de mayo de 2009

La Puerta Verde - Capitulo 2.


Sujetaba la puerta abierta un ser que Andrés no sabia como describir. ¿Andrógino?. Si, esa era la palabra. Era un hombre, pero con tez y rasgos muy femeninos. ¿O quizás era una mujer?. El, o ella, le miró en silencio y sintió que debía decir algo.
-Buenas noches. ¿Puedo entrar?.
El ser andrógino lo observo con un rostro carente de expresión, miro mas allá de sus hombros, a la calle, y finalmente contestó.
-¿Para que quieres entrar?.- Dijo con una voz que siguió dejando su sexo en incógnita.- ¿Buscas a alguien?
-No. Solo quiero tomar una copa.- pudo decir mientras miraba a aquel ser extraño que vestía traje azul marino con raya diplomática y camisa celeste, pero sin corbata. El traje era lo único que le hacia sospechar que era un hombre.
Después de varios segundos de examen visual por parte de aquel extraño ser, se aparto y le dejo el camino libre para que entrase.
Caminó despacio, inspecciónando aquel animado lugar. La atmósfera estaba impregnada de humo de cigarrillo. Los sonidos se agolpaban y entrelazaban entre si haciendo difícil la labor de reconocerlos. Una alegre música Jazz lo impregnaba todo de un aire festivo, y esta rivalizaba con el ruido de los vasos al chocar y las risas de aquellas personas, totalmente desinhibidas y entregadas a la alegría y al jolgorio. Todo tenia un aire como de Chicago, años 20. Incluso la banda que tocaba incansable, utilizaba ropa retro de aquella época. Aquel lugar le dio la impresión de ser tan alegre como los bares de los anuncios de cerveza. 
Observó todo esto mientras se dirigía a la barra. Una vez allí, un camarero de mediana edad le pregunto que iba a tomar.
-Un Jack Daniel´s, por favor.
-¿Un Jackie?. ¡Vaya!, eres todo un hombrecito.- Fue la respuesta sarcástica del camarero. Andrés no se molestó. Que a sus treinta años le llamasen hombrecito, incluso le hizo gracia. De hecho, quizá fuera lo mas gracioso que le había pasado en aquel maldito día.
Mientras le ponía la copa, Andrés volvió a pasear su vista por el local. La banda de jazz con su anacrónico vestuario seguía amenizando la noche de los allí presentes, hombres y mujeres que hablaban y reían ruidosamente. Eran felices, o al menos lo aparentaban.
Le dio un buen trago a su whisky  y se perdió en sus pensamientos.
-¿Un mal día?.- Pregunto el camarero con un tono mas amistoso que antes.
-Si.- Dijo con una amarga sonrisa -. Horrible. De esos en los que piensas que mas te hubiera valido no levantarte de la cama.
-Cuéntame amigo. ¿Mal día en el trabajo?
Andrés pensó en el trabajo. Aunque el día en la oficina no había sido bueno, no era esa la causa de sus males.
-No. Ojala hubiese sido el trabajo.- dijo viendo que el barman quería mas información. No se le ocurrió ninguna razón para no dársela. ¿Qué mas daba? .- Ha sido mi… mi chica. Me ha dejado por otro.
Cuando lo dijo, levanto la vista del su copa y su mirada se estrello contra un espejo situado enfrente de él, dentro del mostrador, detrás de cientos de vasos y botellas.
-¡Vaya faena!.- Exclamo el camarero con sinceridad.- Pero bueno amigo, eres joven. La vida sigue y…
-Ya .- Interrumpió Andrés-. Pero hoy no estoy con ánimos para ver el lado positivo de las cosas. Solo quiero coger una buena borrachera.
-Bueno, puedes hacer lo que quieras.- Terció el barman.- Pero quizás eso no te ayude.
-Te aseguro que portarme bien y ser buen chico, tampoco me ha ayudado. No entiendo nada. ¿Qué he hecho mal?.- siguió hablando Andrés en lo que parecía mas una divagación que una charla coherente -. Y tampoco entiendo que hago contándole mis penas a un desconocido.
-Bueno, ¿Nunca has oído decir que los camareros somos psicólogos?.- Termino de decir mientras se alejaba para atender a un grupo muy animado en la esquina del mostrador formado por tres mujeres y tres hombres. Entre los hombres estaba aquel tipo impecablemente vestido que cruzó la puerta verde antes que él. Este le miraba con desdén. Con esa mirada llena de seguridad y ese porte pretencioso y, ¿chulesco?. Sin dejar de mirarle, el desconocido agarro a una chica rubia y de pelo muy corto y la besó apasionadamente mientras el camarero les servia una ronda. Desde la distancia, a Andrés aquella chica le pareció una autentica preciosidad.
El camarero volvió a acercarse a él. Parecía intrigado por la historia de aquel chico y su ruptura sentimental.
-¿Me decías?.- Dijó el barman para que siguiera hablando.
-¿Quién es aquel tipo?.- Pregunto señalando con la mirada al desconocido bien vestido.
-Bueno, ese tipo es el… Bueno, no se si le gustará que te lo diga. Mejor no, mejor no.
Andrés pensó en insistir. Le había resultado misteriosa la cara del camarero al contestar la cuestión. Pero finalmente no insistió y dejó aquella pregunta, muy a su pesar, sin respuesta.
-Continua, por favor.- insistió el camarero.
-Hoy Marta, mi novia, bueno, mi ex novia, me llamó temprano al trabajo. Me dijo que tenia que hablar conmigo. El día en la oficina se me ha hecho eterno, intrigado por lo que Marta iba a decirme. Me imaginé que eran malas noticias, pero nunca me imaginaba lo que finalmente me anunció. Comenzó hablando en voz baja, como si no quisiera hacerme daño. Finalmente acabó echándome en cara todo cuanto pudo. Me dijo que no le daba todo lo que necesitaba y que se iba con otro, un imbécil de su gimnasio. Aunque pensándolo bien, el imbécil soy yo.- de nuevo Andrés sonrió con amargura.- Que no le daba todo lo que necesitaba.- Repitió subiendo el tono de su voz cada vez mas .- si hasta me he peleado con mi familia por ella.- La voz cada vez sonaba mas amarga, mas desesperada, y mas elevada.- ¿Cómo puede hacerme eso a mi?. ¿Es que no tiene sentimientos?. ¿No tiene remordimientos?.
Tras decir la última palabra, y de repente, la música dejó de sonar. La gente que estaba sentada acallaron sus conversaciones y los situados en la barra también callaron. El silencio se adueñó de aquel lugar. Pero eso, siendo inquietante, no era lo que mas le inquietaba, sino el hecho de que todos, todos, le miraban a él.

En aquel momento algo vibro en el bolsillo de Andres y un curioso pitido rompio el silencio. Era su movil, recibiendo un mensaje. Los desconocidos que lo miraban, dejaron de hacerlo y volvieron a sus conversaciones y risas. Los músico volvieron  hacer sonar sus instrumentos, y el caos organizado volvió a apoderarse de aquel lugar. La situación recupero la  normalidad perdida segundos antes, como si no hubiese pasado nada, y el pulso de Andres tambien se normalizó.
Sacó el móvil y lo manipuló para leer el mensaje. Lo leyó despacio, dos veces, y movió con gestos de negación la cabeza. Volvió a leerlo, como si no lo entendiese del todo y quisiera descifrarlo. El camarero se acerco y de nuevo lleno su vaso con aquel amarillento liquido.
-¿Mas malas  noticias?.- Pregunto el barman señalando a su móvil.
-¿Malas?. La verdad, no se como definir este mensaje
El camarero siguió allí, esperando mas explicaciones. Después de darle un buen sorbo a su Jack Daniel´s, volvió a hablar.
- Es un mensaje de Nuria. La novia de mi mejor amigo.
- Y amiga tuya también, supongo.- Añadió el camarero.
- Bueno .-dijo Andrés haciendo una extraña mueca con la boca -. A ella le gustaría ser algo mas que una amiga para mi. Varias veces se me ha insinuado, y me ha pedido que nos viésemos en secreto. Yo siempre me he negado.
-¿Por qué?. Ella no te gusta, ¿No es eso?.
Andrés sonrió mientras acudía a su cabeza la imagen de Nuria un día en la playa y recordó los deseos secretos y prohibidos que  sintió aquel día por ella
-Ella es morena de piel y de cabello. Sus ojos marrones son capaces de desarmarte con solo una mirada, y son un complemento perfecto para su dulce cara de muñeca. Sus pechos, perfectos, ni grandes ni pequeños. Y sus piernas, ¡Dios!, son de infarto.- Hizo una pausa. La música seguía alegrando la velada. -. Tengo que reconocer que alguna vez he pensado en tener sexo con ella, seria algo inolvidable, pero…
-Pero, ¿Qué?
-Pues que, jamás le haría eso a un amigo. Y tampoco se lo hubiese hecho a mi novia, aunque a ella no le haya importado hacérmelo a mi. Estar con ella seria una experiencia digna de ser vivida, pero, después de eso no podría mirar a la cara a mi amigo. Así que prefiero perderme esa experiencia a cambio de poder dormir tranquilo, sin que me ahoguen los remordimientos.
De nuevo, y de repente, el silencio volvió  adueñarse de aquel lugar, y volvió a convertirse muy a su pesar en el centro de todas las miradas.
No supo que hacer, ni que decir. Si aquello era una broma, no tenia gracia. Miro al espejo situado dentro del mostrador y volvió a ver su reflejo en el, solo que esta vez, su reflejo le sonría maliciosamente, y él no estaba sonriendo.......CONTINUARA. 

lunes, 4 de mayo de 2009

La Puerta Verde.


Un hombre negro se acerco a la ventanilla de su coche, aprovechando que este estaba parado respetando la luz roja del semáforo. La oscuridad de piel de aquel africano lo hacia parecer casi invisible en aquella noche de invierno. El tipo ofreció un paquete de cleenex a Andrés, y este negó con la cabeza. Andrés fijó su vista en la acera y vio a la gente caminando apresurada acurrucándose en sus abrigos intentando, sin mucho éxito, entrar en calor. Detuvo su mirada en un punto determinado. Allí estaba. Un día mas había fijado su vista en aquella puerta verde.  Un día mas, se pregunto que habría tras esa puerta verde. 
Reacciono sin darse cuenta. Abrió la ventanilla dejando que el frío entrase en el automóvil y llamó al africano. Este se acerco rápido ante la expectativa de conseguir alguna pequeña aportación económica.
-¿Sabe usted que hay tras esa puerta verde? .- Pregunto Andrés, despacio, por si no lo entendía.
El inmigrante fijó su mirada en Andrés como si este hubiese  preguntado una barbaridad. Con los ojos como platos, comenzó a negar repetidamente, y finalmente una voz grave salio de sus labios.
-No señor, no saber, yo no saber nada .- Dijo con un continuo movimiento negativo de la cabeza y alejándose hacia la acera sin dejar de mirarle.
Andrés estaba sorprendido al ver el miedo dibujado en los ojos color miel del africano. Pero al mismo tiempo sintió mas curiosidad aun. 
Aquella puerta verde, se le hubiese pasado desapercibida si no fuera por el eterno llamear de una vela blanca en un farolillo negro situado a la derecha de la puerta. La puerta verde. ¿Qué seria?
Los coches que se situaban detrás de él comenzaron a dar leves pitidos para que avanzara. El semáforo estaba en verde. Miró a su alrededor y localizo un hueco donde poder aparcar su Fiat Punto. Señalizo, hizo una rápida maniobra y estaciono, no sin recibir los bocinazos de conductores poco permisivos.
Apago el motor y no hizo nada mas en los siguientes dos minutos. La radio adornaba aquella escena de soledad haciendo sonar la canción “Everybody Hurts” del grupo REM.
 

Percibió un movimiento en la acera mas cercana y giró la cabeza saliendo asi de su ensimismamiento. Vio  caminar a un hombre. El desconocido era un hombre alto, vestido con un traje de chaqueta y corbata que  Andrés juzgo a simple vista como caras. El pelo engominado, hacia atrás, dejaba ver un rostro atractivo, extrañamente atractivo. Pero lo que mas le llamo la atención fue su sonrisa.  Era esta una sonrisa llena de confianza, aplomo, control. Aquel hombre desprendía de sus movimientos, seguridad, suficiencia. Un aire de éxito que Andrés envidió inmediatamente. 
Sus pasos lo acercaban, poco a poco, despacio, sin prisas, hacia … Si, hacia aquella puerta verde.
Cuando estuvo enfrente de la puerta verde, el desconocido levanto la mano y la cerró con el nudillo del dedo índice hacia fuera, para llamar. Pero antes de hacerlo se detuvo.  Miro a su alrededor. Andrés agacho la cabeza para no ser visto. Durante un breve instante, creyó que su movimiento no había bastado y lo había descubierto. Sea como fuese, el hombre de chaqueta y corbata llamó finalmente a la puerta verde con  golpes suaves. 
Diez segundos después, la puerta verde se abrió. Desde el interior escaparon varios sonidos que se mezclaban. Voces alegres, música y vasos entrechocando. El desconocido entró y la puerta se cerro tras él. 
Antes de cerrarse, durante unos instantes,  pudo adivinar entre una atmósfera cargada de humo, luces de varios colores, en lo que parecía un escenario, donde pudo distinguir a un tipo, de pie, tocando un contrabajo.
Un bar, pensó Andrés. No es mas que un simple bar. Salio del coche, lo cerro  y se dirigió despacio a la puerta verde. Una buena copa no le vendría mal para poner fin a aquel horrible día. 
Se planto frente a la puerta verde. Era lisa, con molduras finas formando dos círculos concéntricos. En medio de los círculos, una mirilla que se asemejaba al ojo de un gato, le miraba.
Andrés llamó  tímidamente mientras se sorprendía a si mismo al correr aquel riesgo de querer entrar en un lugar tan sombrío e inquietante como aquel, sin saber lo que se podía encontrar. Justificó aquel riesgo no con el valor, si no con la curiosidad que le inundaba.
 La llama encendida en la vela del farolillo, situado junto a la puerta, comenzó a moverse en una danza tan  fantasmal como hipnotizadora. Ya pensaba que no habían oído su llamada, cuando oyó un pequeño chasquido. Y la puerta verde … se abrió …………… CONTINUARA.

 
Nota:  Desde hace algun tiempo, vengo pensando la manera de saciar mis inquietudes literarias y escribir una historia, un relato por capitulos en este blog. Se que os tengo acostumbrados a otras cosas quiza mas, no se... mas informales. Pero aun asi, confio en que os guste y os sorprenda esta historia que os voy a contar por capitulos, "La puerta verde". Os prometo que no seran muchos capitulos, no quiero abusar de vuestra paciencia. Muchas gracias, una vez mas, por leerme.