domingo, 17 de mayo de 2009

La Puerta verde - Capítulo 4


Durante unos segundos, Andrés guardó silencio. Finalmente estalló en una carcajada.
-Definitivamente, os queréis reír de mi, ¿Verdad? .- Letva no contestó, no dijo nada, solo sonrió. Andrés continuo riendo con verdaderas ganas. Parece que el Jack Daniel´s comenzaba a hacer su efecto.
-Haber, ¿Cómo harías eso de quitarme los remordimientos.- Pregunto Andrés sin abandonar sus risas .- ¿Con un conjuro?

Letva rió esta vez mas fuerte, como si aquel chiste hubiese tenido gracia.
-Bueno, no exactamente.- Dijo el jefe de aquel lugar levantándose del sillón. Fue hasta el cajon del escritorio, cogió algo y volvió a sentarse cerca de Andrés. Letva sostenía entre sus manos un curioso frasco de cristal. Su forma se asemejaba a la de una gota de agua, pero de unos diez centímetros, y acababa en un pequeño tapón triangular, también de cristal. El liquido que contenía en su interior era de color azul.
-¿Qué es eso?.- Quiso saber Andrés que había hecho desaparecer casi completamente sus risa.
-Es una medicina. O, por mejor decir, un antídoto.
-¿Un antídoto, contra qué?
-Pues contra ese pesado saco que llevas siempre contigo, lleno de culpabilidad, remordimientos, pecados… En definitiva, es un antídoto contra la infelicidad.
-¿No pretenderás que me beba eso?.- Dijo Andrés mirando fijamente aquella gota de cristal - Eso podría ser … veneno.

Ahora fue Letva el que soltó una sonora carcajada.
-Pero hombre, ¿Qué interés podría tener yo en causarte algún daño?
-¿Y que interés podrías tener en ayudarme?
-Buena pregunta. Me caes bien, y me produce una grata sensación  poder ayudar a una persona que lo está pasando mal. Pero sé que mis inquietudes filantrópicas no van a convencerte  como único motivo. Así que, supongo que he de reconocer que yo también saco algo a cambio.
-¿Qué?.- Pregunto Andrés viendo que Letva no se decidía a contarlo.
.¿Has visto a toda esa gente en el bar?. Todos han tomado el antídoto .-Dijo dándole un toquecito con un dedo a la gota de cristal, adornando así su alocución.- Y todos suelen venir alguna que otra noche aquí, para reunirse con gente que, como ellos, han hecho desaparecer sus remordimientos. Aquí se cuentan sus experiencias y sus positivos cambios de vida sin el pesado lastre de la culpabilidad. Todos consumen, y eso significa beneficios para mi.

Andrés valoró de nuevo sus palabras. Una vez mas, tenían sentido. Él nunca creyó en brujas, magos o hechiceros. Solía enorgullecerse de ser un hombre pragmático e incrédulo. 
-Me ha gustado mucho la conversación que hemos mantenido, ha sido muy agradable.- Dijo levantándose y dirigiéndose a la puerta.- Y reconozco que mi vida iría mejor sin mis sentimientos de culpa. Pero, la verdad, no me creo que un simple liquido pueda darme felicidad. Gracias de todas formas.- Termino diciendo mientras abría la puerta verde de aquel despacho.
No había andado aún ni dos pasos fuera de el, cuando volvió a vibrar su móvil. Un nuevo mensaje había llegado. La remitente volvía a ser la preciosa Nuria. El texto del mensaje era corto, pero no podía ser mas explicito. “Eres un cobarde”.
Andrés se quedo inmóvil leyendo aquel mensaje. Lo peor no era que Nuria le llamase cobarde. Lo peor era que sabía que tenía razón.
La decisión no se hizo esperar. Giró su  cuerpo 180 grados y volvió sobre sus pasos al despacho. Esta vez, si pudo abrir la puerta, y encontró a Letva de pie y apoyado en la chimenea, cerca de la gárgola. Andrés tuvo la sensación de que esta había variado su posición.  Letva le miraba con una sonrisa de suficiencia colgada en sus labios, como si esperase el regreso de Andrés de un momento a otro.
-Supongo.- Titubeo Andrés.- que no pierdo nada por probar.
-¿Qué te ha hecho cambiar de opinión? -Quiso saber Letva.
-Bueno, me lo he pensado mejor.
-Bien, aquí tienes el antídoto.- Dijo jugueteando con el frasco entre sus manos.-Como se que aun no te fías de mi, beberé un poco para que compruebes que este liquido es inocuo. 

Letva bebió un pequeño sorbo, cerró el tapón y finalmente le dio el frasco a Andrés. Este lo sostuvo en su mano izquierda. El frasco estaba muy frío. Quitó el tapón con facilidad y olió aquel liquido azul. No olía a nada. respiró hondo, miro a Letva, que estaba expectante, y finalmente bebió todo el contenido del frasco. Le pareció un liquido dulzón y delicioso. Espero varios segundos, pero no pasaba nada. Miró a la chimenea. De repente, las llamas le dieron la impresión de que ralentizaban su danza y cambiaban constantemente de color, como si fuera un fantasmagórico calidoscopio. La habitación comenzó a moverse al igual que el suelo bajo sus pies. Los ojos de la gárgola parecían centellear, incluso creyó apreciar un aleteo de las alas de aquella tétrica figura.
-Tranquilo Andrés -Le susurro Letva.- Los efectos físicos pasaran enseguida.


Los pájaros cantaban alegremente y un furtivo rayo de luz se colaba por una pequeña rendija de la persiana. Abrió los ojos despacio y parpadeo varias veces. Miró a su alrededor pero no reconoció aquella habitación. La cama en la que se hallaba acostado era grande, y tan cómoda que apenas quiso moverse, pero la curiosidad le hizo girar el cuello y seguir investigando aquella desconocida estancia.
En una mesita de noche cercana a él, un reloj digital marcaba con números rojos las 11:23. Junto al reloj, reconoció su propia ropa interior. Giró la cabeza hacia el otro lado, y la vio. Anna estaba a su lado, dormida profundamente. La miro y le pareció igual de bella que la noche anterior. ¿La noche anterior?. Comenzó a recordar a duras penas.
Después de beber el antídoto volvió al bar. Recordó que se sentía mucho mejor de lo que había estado en años. Anna le esperaba y hablaron, bailaron y se besaron con deseo.  Finalmente salieron de aquel local, se montaron en su coche y  fueron a casa de ella. El se sentó en un sillón mientras Anna le preparaba una copa. Esta puso la copa en una mesita cercana, introdujo las manos por debajo de su vestido y forcejeo un poco. Como resultado de aquel movimiento tan sensual, sus braguitas blancas cayeron a cámara lenta hasta que hicieron parada en sus finos tobillos, para finalmente aterrizar en el suelo. Anna se subió el vestido lentamente dándole la espalda a él. Pudo ver por breve espacio de tiempo su suave trasero, antes de que se sentara justo encima de su entrepierna, sintiendo él, gozosamente, la ausencia de su ropa interior. Aquella excitante mujer cogió su vaso con whyski, desabotono el vestido por la parte del escote, dejando así aparecer en escena uno de sus prominentes pechos con sonrosado y pequeño pezón, y hundió este en la bebida, para luego acercárselo a la boca de él. En aquel momento se sintió totalmente inflamado y ella notó su enorme erección provocada por aquella escena y por el disfrute de aquel pezón juguetón en su boca. Solo recordar la escena le provoco de nuevo un conocido movimiento en su entrepierna. Había sido la mejor noche de sexo de su vida.
Miró de nuevo el reloj de la mesita. Eran las 11:30. No tendría que estar ahí, debería estar trabajando, pero allí estaba, en la cama de una desconocida totalmente excitante. Recordaba la culpabilidad que solía sentir cuando por enfermedad o por alguna emergencia, faltaba al trabajo. Sin embargo, ese día que no tenia ninguna excusa por su ausentismo laboral, se sentía bien  y la culpa no asomaba en su interior. Definitivamente parecía que el antídoto de Letva funcionaba. 
Se incorporó con sigilo de la cama para no despertar a Anna. Se acerco al salón, hacia un escritorio donde había dejado su móvil. Lo miró y vio que tenía un mensaje. La remitente era Nuria, y entonces recordó algo mas de la noche anterior. Poco después de tomar el antídoto, escribió y envió un mensaje a Nuria que decía; “No soy un cobarde. Nos vemos a las 5 de la tarde en el café Toscanna?”. 
Abrió el mensaje con impaciencia, y allí estaba su respuesta;  “Me alegra que te hayas decidido. Nos vemos allí a las 5. Gracias.”
Andrés se dirigió al aseo. Supuso que a Anna no le importaría que se duchara. Y si le importase le daba igual. 
Mientras el agua tibia resbalaba y empapaba su cuerpo desnudo, se sorprendió cantando y sonriendo. Intento recordar cuando fue la ultima vez que cantó en la ducha y se sorprendió al darse cuenta de que esa era una costumbre que había abandonado hacia ya mucho tiempo.
Sentía la inexplicable sensación de que la felicidad que le embargaba había acudido a su lado para quedarse. Su vida empezaba hoy. ....Continuara

4 comentarios:

DAVID dijo...

Se me olvidó un detalle al decirte que quería conocer a Letva. Sigo queriendo conocerle pero si el chavalillo está muy ocupado y me tienes que presentar a Anna que sepas que no me importa... (Anna, con ese trasero... mmmmmm) Muy bien Sir. Un abrazote.

el.largo.esquembre dijo...

Ya hemos llegado a la parte buena del relato, aqui es donde despliega todo lo que sabes de literatura, tantos años leyendo Private, Playboy, tiene que servir de algo; oye chaval del sol a ver si quedamos y nos damos una vueltecita tu con la Anna y yo con la Nuria.

Adonde nos llevara ese liquidito azul, yo conozco a gente que tambien ven moverse a las gargolas, pero van de puestos de otra cosa.

Nos vemos..............

DAVID dijo...

de avecren...... van puestos de avecren...

wanlu dijo...

Jejejeje. Me encantaría presentaros a Anna y Nuria (Ya veo David que te as puesto "Becerrete"). Pero os recuerdo que sois padres y ya no estaís pa estas cosas chavales, A no ser que tomeis el antidoto, claro. Hay que ver como son las cosas Santi. Si yo describo una escena sexual soy lector de playboy. Si la escribe Ken Follett resulta que es un genio. Ya te vale!!! Muchas gracias por dar vuestra opinion gente. Me animais mucho a seguir escribiendo la historia. Gracias.