Mostrando entradas con la etiqueta La puerta verde.. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta La puerta verde.. Mostrar todas las entradas

martes, 30 de junio de 2009

La Puerta Verde - Capitulo final.

Las lagrimas no tardaron en acudir a sus ojos para intentar desahogar tanto dolor. Las piernas comenzaron a temblarle y pudo llegar con dificultades a un asiento de plástico cercano al mostrador de información. Escondió su rostro entre las manos y lloró como si nunca lo hubiese hecho. Lloraba de puro dolor, un dolor lacerante e indescriptible que conseguía alejar a sus pensamientos y convertirlos en tinieblas.
Durante treinta minutos lloro en aquel rincón ajeno a las miradas misericordes de las personas que pasaban cerca de él.
Poco a poco las brumas se iban disipando de su mente y tomaba conciencia de todo. Se levantó y el mareo estuvo a punto de hacerlo caer, pero consiguió mantener el equilibrio. Salió fuera y se monto en su coche. Estaba dispuesto a matar su rabia golpeando duramente al doctor Pedrera. Cogió el camino de la clínica de Aborto, pero su mente le apuñalaba constantemente la consciencia, sin saber porque. Y entonces lo supo.
Todo era culpa suya. Todo. Él la había dejado embarazada, él le pidió que abortara, le había mostrado la manera de perder su culpabilidad para abortar, y había muerto, por su culpa.
Se dirigió al coche sin saber exactamente a donde ir. La culpabilidad no se hacia notar, estaba destrozado por la perdida pero no por la culpa. Solo sentía una sensación de vacío interior.
Tuvo que detenerse en un semáforo en rojo y un inmigrante africano se acercó para ofrecerle pañuelos de papel. Entonces tuvo claro donde dirigir sus pasos y que tenía que buscar.

Aparco cerca de la puerta verde, sin apenas recordar como había llegado hasta allí. Había sido su subconsciente y no él el que condujo su vehiculo hasta allí.
Le abrieron después de dar dos golpes a la puerta, hizo caso omiso a los saludos de Alex y Pedro y buscó por toda la sala. Tras comprobar que allí no estaba, se dirigió a su despacho y entró sin llamar.
-Hola amigo Andrés.- saludo Letva.
-Nuria a muerto.- anuncio Andrés después de cerrar la puerta. Letva no tardó en contestar.
-No sabes cuanto lo lamento.
-Todo ha sido culpa mía, jamás debí de beber el antídoto. Desde entonces he actuado cruelmente, y ni siquiera me queda la culpabilidad de saber que ella a muerto por mi culpa. Solo he llorado por dolor, no por remordimientos.
-Andrés, no ha sido culpa tuya, estas cosas pasan…
-Eso no es ningún consuelo.- interrumpió Andrés.-Necesito volver a ser yo mismo, necesito sentir la culpabilidad por mis actos, no quiero hacerle mas daño a nadie.

Letva medito la petición de Andrés. Sabia que era momento de tranquilizar las cosas y no dar un paso en falso.
-No puedo ayudarte en eso.
-¿Qué no puedes ayudarme?.- Gritó Andrés.-¡Tiene que haber un contra-antídoto maldita sea!
-No, no hay ningún contra antídoto. La vida puede ser azul o gris, y tu elegiste el azul, amigo Andrés.
-No me llames amigo, ¡No soy tu puto amigo!. ¡Devuélveme mi vida!.- Gritó de nuevo Andrés cada vez mas desesperado.
-Esto no es una tienda donde puedas poner una hoja de reclamaciones si el producto no funciona. Decidiste tomar el antídoto, y tendrás que aceptar las consecuencia.
-Las consecuencias son demasiado fuertes. Yo no contaba con ello, me engañaste.
-Cuidado de lo que me acusas Andrés, No sabes con quien te la juegas, tranquilízate.

El silencio domino la estancia durante algunos segundos. Letva abrió un cajón de su escritorio en busca de algo, algo que finalmente encontró. Se levanto dirigiéndose hacia Andres.
-Creo recordar que, cuando tomaste el antídoto, yo bebí un poco para ganarme tu confianza, así que es posible que no tomaras el suficiente.- dijo ofreciéndole un nuevo frasco en forma de gota de agua con el antídoto en su interior.- Tómalo, te ayudara a superar esto.

Andrés lo sostuvo en su mano derecha. Realmente era un frasco precioso,. Letva lo trataba como a un niño que pudiera acallar o tranquilizar con un chupa- chups. La certeza de saber que Letva lo había manejado en todo momento provocó una furiosa rabia en su interior. Agarro con mas fuerza el frasco del antídoto y lo lanzo con ira contra la chimenea. El cristal se rompió en mil pedazos que cayeron en su mayoría dentro del fuego, al igual que el liquido azul.
-Te pido que me ayudes a salir de esta, no que me hundas mas, maldita sea.- Dijo emprendiendo camino hacia el escritorio de donde Letva había sacado el antídoto.
Esperaba encontrar allí otro liquido que pudiera ayudarle. Su sorpresa no fue no encontrar lo que buscaba, sino ver un revolver en aquel cajón.
Sin saber porque y sin salir aun de su asombro, agarro aquella arma sintiendo en sus mano su peso y su frío tacto, y acto seguido la desesperación de su situación le hizo apuntar a Letva con ella.
-Ayúdame, búscame una solución.- Pidió Andrés con voz desesperada.
Una carcajada fría salió del interior de Letva.
-¿Qué piensas hacer con ese arma, imbécil? .- Le espeto el dueño del local sin la mas mínima muestra de miedo en su mirada.- Eres débil Andrés, siempre lo has sido.- Le decía mientras se acercaba a él casi imperceptiblemente.- Viniste aquí llorando y yo te ofrecí un mundo de felicidad sin reproches ni culpas. Tu lo quisiste, y ahora ¿Ya no lo quieres porqué ha muerto Nuria?. Vamos, espabila maldita sea. El mundo es muerte y vida, y es la vida a la que tienes que agarrarte y ser feliz, para que cuando llegue la hora de tu muerte, no te preguntes que pudo haber pasado si hubieses tomado otras decisiones.- Ya apenas estaba a un metro de distancia de Andrés.- Esto no es un club donde puedas ingresar o darte de baja cuando quieras. Tomaste la decisión de matar a tus culpas, a tus remordimientos, no puedes volverte atrás.

Letva se acercó hasta sentir el cañón del revolver tocándole la corbata. El arma temblaba en las manos de Andrés, que no seria capaz de apretar el gatillo. En un rápido movimiento, Letva agarro el revolver, y entonces, sucedió.
Un estrepitoso ruido se oyó y Letva salió despedido contra uno de los sillones cercanos a la chimenea. Andrés había sido capaz de apretar el gatillo.
Letva se quedo en posición fetal en el sillón mientras Andrés miraba el arma, incrédulo, sin terminar de creerse que hubiese disparado, pero lo hizo.
Tiró el arma en el otro sillón y acudió a la ayuda de Letva. Fue a mirarle la herida y la sorpresa y el miedo inundaron sus adentros. No encontró sangre, no encontró heridas.
Letva abrió su mano izquierda, y allí, aplastada, estaba la bala.
-Eres… eres… ¿Qué eres?.- Pudo preguntar Andrés muerto de miedo.
-Soy, entre otras cosas, el guía espiritual que todos necesitan, puedo ser tu mejor amigo, o tu peor enemigo. Soy el que te muestra la luz o el que puede inundar de tinieblas tu camino, pero ante todo, soy infalible, indestructible. -Dijo levantándose del sillón sin el mas mínimo rasguño.- y no puedes matarme.
-¿Eres… el Diablo?.-

Una vez mas, una carcajada salió del interior de Letva antes de contestar.
-Te lo agradezco, pero no me tengas en tanto. Solo soy su humilde seguidor, embajador del infierno , aquí en la tierra. Y por favor, no lo llames diablo, llámalo Lucifer, el “portador de la luz”, le gusta que le llamen así.
-¿Qué quieres de mi?.
-Pues lo que quiero de todos vosotros, por supuesto. Queremos guiaros y mostraros la verdad. La vida es un bien muy preciado para desperdíciarla en culpas, miedos y otras trampas que vuestra conciencia os pone para no ser felices. Lucifer os libera de ellas, a cambio de un módico precio, vuestras almas.
-¡Dios! .-Exclamó andres.
-¿Dios?. Ese si que es listo. Dios es el mayor hipocrita del universo, ¿O es que acaso crees que él siente remordimientos cada vez que provoca un desastre natural y mueren miles de personas?. Sin embargo, él siempre es el bueno de la película, cuando os utiliza como marionetas, y solo Lucifer os muestra los placeres de la vida, los placeres que dios invento para tentaros y para que os reprimáis ante ellos. Lucifer, a través de su antídoto os da la oportunidad de vencer a Dios y caer en la tentación, sin miedo a las culpas, y sin miedo a su ira.
Letva se peino hacia atrás con los dedos se coloco bien la corbata y volvió a su sillón tras el escritorio. Volvió a coger el libro con tapa negra y extraño dibujo que tenia en las manos cuando Andrés había entrado, y se dispuso a seguir leyendo.
-Aquí ya no tienes nada que hacer Andrés, ya lo sabes todo.- Le dijo sin apartar la vista del libro y recuperando su tranquilo tono de voz.- Así que vete, y te aconsejo que seas feliz mientras vivas.

Andrés salio totalmente trastornado del despacho. Nunca hubiese creído lo que le había contado Letva, pero poco a poco, todo encajaba. Aquel extraño lugar, el mágico poder de aquel liquido azul, y sobre todo la inmunidad a la muerte de Letva. Nada era normal, todo, desde el primer momento le pareció extraño, misterioso. Ahora lo entendía todo, ahora, cuando ya no podía hacer nada para dar marcha atrás, cuando estaba atrapado.

-¿Una copa Andres?.- Pregunto Pedro, el camarero, con voz desenfadada y sirviéndola sin esperar respuesta.
-No.- Contesto Andrés con la mirada hacia el suelo.- Hoy no.
-Vamos.- insistió el camarero.- solo una.

El Jack Daniels se deslizó entre los trozos de hielo provocando un sonido tentador.
-Esta bien.- admitió Andrés.- solo una.
Tocó el vaso ancho y frío y le dio varias vueltas con los dedos. Finalmente lo alzó y bebió un largo trago. El liquido elemento invadió sus pupilas gustativas provocándole cierta dosis de placer. Cuando fue a poner el vaso sobre el posavasos, vió algo extraño en este. En el posavasos había algo escrito; “El contra antídoto esta debajo de la Gárgola”.
Miró a su alrededor para buscar a Pedro. Había desaparecido, estaba solo, totalmente solo.
Se armó de valor y decidió entrar de nuevo en el despacho para conseguir lo que quería, el liquido que le devolviera sus sentimientos.
No tuvo tiempo para pensar en como lo haría, pensó que hacerlo rápido era la mejor opción, así que entro rápido en el despacho y se dirigió como un rayo hacia la chimenea. Letva lo miró extrañado y en silencio.
Andrés agarro la estatuilla que representaba la figura tétrica y grimosa de una gárgola . Al agarrarla noto dolor en sus dedos y en la palma de la mano. Las alas de aquel ser estaban afiladas y entre sus dedos su dibujaron surcos con su propia sangre. El dolor le hizo soltarla un poco, pero aguanto y levantó la gárgola notando que pesaba mas de lo que creía. Allí estaba, el contra-antídoto. Era un frasco del la misma forma y el mismo tamaño que el del antídoto, pero el color del liquido interior era gris.
Entonces lo comprendió todo. “La vida puede ser azul o gris, tu eliges”, le había dicho Letva. Ahora sabía a lo que se refería.
Letva se levantó y fue hacía él. Andrés supo que no tenia tiempo para pensárselo. Abrió el frasco, lo situó entre sus labios y lo bebió moviendo hacia atrás su cabeza. Letva grito “No”, tirándose contra él y tirándolo al suelo, pero ya era demasiado tarde.
Andrés se sentó en el suelo y oto un dolor aun mas agudo en sus dedos. La gárgola movía sus alas y sus manos le impedían volar. La soltó, y esta volvió a posarse encima de la chimenea, en su posición original.
El fuego comenzó una danza extrañamente tranquilizadora, y los recuerdos comenzaron a agolparse en su interior. Recordó a Mario, su amigo y novio de Nuria. Se mente apenas pudo asimilar el dolor causado a su mejor amigo. Deseó volver atrás en el tiempo y reparar el daño. Y enseguida la imagen de la dulce cara de Nuria acudió a su mente. Entonces el dolor fue indescriptible, desgarrador.
-Eres imbécil.- oyó decir a Letva.- Ahora toda la culpabilidad caerá sobre ti. Solo intentaba protegerte del dolor.
-No quiero que me protejas.- Pudo decir Andrés entre lagrimas.- no quiero que hagas desaparecer el dolor. Al menos le debo eso a Nuria. Que el dolor y la culpabilidad por hacer lo que he hecho me acompañen siempre y me impidan olvidarla.

Pero el dolor que le sobrevino era demasiado torturador. Quiso escapar de él, pero no podía. Vio el revolver en uno de los sillones, donde anteriormente lo había dejado.
Se puso en pie y lo volvió a agarrar, esta vez con fuerza y decisión, y apuntó a Letva de nuevo, que estaba sentado en el suelo después de haberlo derribado. Tenia una pequeña herida en el labio inferior, que hizo que su amarga sonrisa tuviese tintes dramáticos.
-¿Qué haces idiota?.- Pregunto Letva.- Sabes que no me puedes matar.
-Tienes razón.- Dijo Andrés tranquilo, rindiéndose a la evidencia.- a ti no puedo matarte.

Tomó la decisión de forma inesperada, pero le pareció la mejor salida. Acerco el cañón de la pistola a su cara y apuntó a su sien derecha.

-Adiós Letva.

Oyó a Letva gritar “No”. Apretó el gatillo. El ruido fue ensordecedor. Despues … oscuridad.

… Oscuridad …

Se sobresaltó y chocó contra el volante de su vehiculo. Estaba sudando. Miro a su alrededor, asustado y con la respiración muy agitada.
Siguió explorando su entorno, asustado. A lo lejos, vió a un tipo negro intentando vender pañuelos de papel a los conductores parados en el semáforo. En la radio, aun sonaba despreocupada y tranquilizadora la canción “Everybody hurts” del grupo REM.
El sonido de su movil volvió a sobresaltarlo. Le habían enviado un mensaje. Su remitente era Nuria. ¡Nuria!. Una gran alegria inundo su alma, hasta el punto de saltarle una lagrima. Ella estaba bien. El mensaje decía “solo quiero que quedemos una vez a solas. Me encuentro bien contigo”.

¿Había sido todo un sueño?. No lo sabia, pero esa era la explicación mas lógica a todo aquello. Se quedó dormido y lo soñó todo. Miro hacia la acera, y allí estaba, la puerta verde. Si, todo había sido un sueño, un increíble sueño. Nunca había cruzado la puerta verde. Sintió alivio, estaba a salvo.
Cogió su móvil y comenzó a escribir un mensaje de texto con movimientos ágiles de dedos. Antes de darle a “enviar”, quiso leerlo. “Eres especial Nuria, por tu bien, aléjate de mi”.
Se sintió mejor una vez enviado el mensaje. Posó las manos en el volante, y entonces las vio. Sus dedos estaban surcados por restos de sangre reseca al igual que la palma de su mano. Era la herida que le habían provocado las alas de la gárgola.
¿De verdad habia sido todo un sueño?.

A lo lejos se dibujaba una figura que se acercaba caminando con porte despreocupado y andares de suficiencia. Un hombre alto y delgado caminaba entre las sombras en dirección a la puerta verde. No tuvo dudas, era él, era Letva. Cuando llegó a la altura de la puerta verde, llamó con dos suaves toques y esta se abrió. Dio un paso hacia adentro, y antes de desaparecer en su interior, miro hacia Andrés. Sus miradas se encontraron. Letva dibujó en sus labios una mueca que intentaba ser una sonrisa de complicidad. Desapareció y la puerta quedó abierta al menos quince centímetros, toda una invitación para volver a entrar en la puerta verde.
Andrés se lo pensó. Busco las llaves en el contacto y las hizo girar provocando un ruido de encendido del motor en su coche.
En ese momento, Andrés tomo dos decisiones. La primera, No volver a entrar en la puerta verde. La segunda, escribir esta historia, para que nadie cometiese su mismo error.


FIN

Nota: Si estais leyendo esto, probablemente sera porque habeis leido y seguido toda la historia de "La puerta Verde".
No tengo palabras para agradeceros las molestias y el tiempo que me habeis dedicado, muchas gracias, de verdad.
He tardado en publicar el ultimo capitulo por problemas, digamos, tecnicos (El ordenador estaba hecho polvo).
He pesado en varios finales para este rlato, pero finalmente me he quedado con el que tenia en mente cuando empece a escribir la historia. Espero que os haya gustado.
La Puerta Verde es un relato basado en una cancion del grupo español Teennesse llamada "La puerta Verde", versionada a su vez de una cancion en ingles llamada "The green door". Si escuchais la cancion de Teennesse vereis que ahí esta reflejada el principio de esta historia.
Se me ocurrieron varias historias para escribir, pero esta en concreto me atrajo porque creo que tiene un mensaje, una especie de moraleja. Por supuesto, yo no voy a decir cual es esa moraleja, prefiero que cada uno de vosotros decida que conclusion sacar. de hecho, si me escribiís algun comentario, me gustaria que me digais cual es la moraleja para vosotros de esta historia.
Y para terminar, deciros que, aprovechando que estamos en verano, voy a tomarme unas vaciones de este blog. Vacaciones de momento indefinidas, que despues de mas de dos años de blog, ya va pegando, asi os dejo descansar un poco de mi, que bien merecido os lo teneis.
Muchas gracias, millones de gracias por vuestra importante aportacion al blog y vuestra infinita paciencia con este que os escribe.
Que sepais que se os quiere a todos y todas.

Muchas gracias.

jueves, 18 de junio de 2009

La Puerta Verde - Capitulo 9.

Pues, diría que esta usted loco.-Contesto Nuria sin tapujos.
-Buena respuesta.- Contesto Letva sinceramente sorprendido.- Pero aunque no lo creas, puedo conseguirlo. Ya lo conseguí con Andrés.

Nuria comenzó a entenderlo todo. Andrés no tenia remordimientos ni sentimientos de culpabilidad, por eso era tan egoísta. Por eso había aceptado verse con ella la primera vez, sin ningún pesar por su amigo.
-No se como lo hace, pero a Andrés lo cambiaste y desde entonces es peor persona.
-¿Peor persona?, en absoluto. Hace lo que quiere y cuando quiere sin sentirse culpable por ello. Es feliz así.- Letva vio como las dudas entraban en la conciencia de Nuria y decidió seguir convenciéndola.- Tienes la increíble oportunidad de ser dueña de tu vida y tomar decisiones libremente, tomándolas estas por tu bien y no para acallar tu culpabilidad.
-¿Y como se supone que consigue usted hacer desaparecer los remordimientos?

Letva se incorporó de su asiento, fue hasta su escritorio y cogio teatralmente del cajón un pequeño frasco de cristal en forma de gota y con un liquido azul en su interior.
-¿Qué es eso?.- Pregunto Nuria admirando aquel pequeño recipiente.
-Me gusta llamarlo “Antídoto”. Es el antídoto contra los remordimientos, contra la infelicidad, contra las cadenas que atan a tu voluntad de hacer lo que quieras sin dejarte guiar por el miedo y las culpas.-Terminó diciendo Letva dándole el frasco.
Nuria había agarrado el frasco y este parecía ejercer sobr ella algun tipo de embrujo. Luchó para salir de aquel estado hipnótico y finalmente lo consiguió intentando cambiar de tema.
-Lo siento, pero no puedo creerme que este liquido funcione. ¿Cómo conseguiste convencer a Andrés para que lo tomara?.- Preguntó con sincera curiosidad.
-En este caso, he de decir que no puedo atribuirme el merito de convencerlo. Fuiste tu quien le ayudo a dar el paso.
-¿Yo?. ¿Cómo?.
-Con el mensaje que le enviaste llamándole “cobarde“. Ese fue el empujoncito que necesitaba para tomar el antídoto.

No podía creer lo que estaba oyendo, pero podía ser cierto. Ella era quien había empujado a Andrés a conseguir la felicidad sin remordimientos que temer. Ella era la culpable de su actitud.
-Escucha Nuria.- Dijo Letva suavemente sacándola de sus pensamientos.- Si te tomas el antídoto, ha de ser, evidentemente, por propia voluntad. Pongo a tu disposición la posibilidad de salir de este problema bien y ser feliz el resto de tu vida. Entiendo tus dudas, no me conoces, pero créeme cuando te digo que no gano nada haciendote el menor daño. La vida puede ser gris, o azul.- Dijo señalando el recipiente de cristal que ella tenia en sus manos.- Tu elijes.

Nuria bebía las palabras de Letva que tanto sentido parecían tener. Intento buscar en su interior la respuesta. Intento negarse a tomar aquel liquido, pero se dio cuenta de que, en realidad, la decisión ya estaba tomada.
Siguió mirando aquel pequeño recipiente de cristal y aquel liquido azul que la tenia totalmente hechizada. Finalmente quitó el tapón, miró a los ojos de Letva, y bebió aquel enigmático liquido. Su sabor era dulzón y sus efectos no se hicieron esperar. Comenzó a marearse. Las llamas de la chimenea parecían bailar una extraña danza y los cuadros diseminados en aquel despacho precian cobrar vida, al igual que una espeluznante estatuilla de una gárgola colocada encima de la chimenea que la miraba con ojos brillantes mientras movía siniestramente sus pequeñas alas.
-Tranquila Nuria.- Oyó decir a Letva.- Los efectos físicos pasaran enseguida.


Una semana despues:


Andrés se levanto de la cama donde estaba sentado y miró a través de aquel ventanal como el día empezaba a dibujarse en un cielo que empezaba a mostrar un maravilloso color azul. A lo lejos el sol empezaba a lanzar sus rayos sobre los distintos edificios que salpicaban la ciudad. La magia del amanecer era algo que siempre conseguía intimidarle y embriagarle al mismo tiempo.
Se giró y miro a Nuria, tumbada en aquella cama con sábanas blancas, tan blancas como la pared de aquel, ¿Hospital?. Suponía que debía de llamarlo así, pero no era exactamente un hospital.
Letva, además de proporcionarle a Nuria el antídoto, les había dado la dirección de aquella clínica para abortar.
Nuria estaba de buen humor. Si el medico que los atendió, el doctor Pedrera, estaba en lo cierto, en unas tres horas estarían abandonando la clínica y todo habría pasado. Según el doctor, la operación o intervención para interrumpir el embarazo era la mas frecuente, y con pocos riesgos. ¿El que iba a decir?, Pensó Andrés. El método utilizado seria el de Legrado o succión. Se había informado en internet, y aunque los riesgos no eran elevados, si corría el riesgo de perforación del útero o hemorragia, entre otros. Le hacían gracia los médicos. Primero te decían que apenas había riesgos para después hacerte firma un papel donde especificaban dichos riesgos para que, en caso de que algo saliera mal, lavarse las manos.
Una enfermera con sonrisa dentífrica se acerco a la cama con una silla de ruedas y le indico a Nuria que se sentara. Esta así lo hizo. Andrés pensó que, hasta con aquel horrible camisón blanco, estaba guapísima.
-Cuando vuelva, todo habrá acabado.- Dijo ella.- Así que espérame, y lo celebraremos.
-¿Cómo?.
-Pues esta claro. Haciendo otra vez el amor sin protección.- Dijo Nuria. A pesar de aquel tenso momento, ambos rieron la broma. Andrés la admiró por su entereza.
-Te esperare.- Dijo él.
-Eso espero.- Dijo ella despidiéndose con la mano.

La sala de espera era amplia y confortable, pero no dejaba de ser eso, una sala de espera con todo lo que ello conlleva. Andrés se sentó durante media hora y hojeo un par de revistas antiguas. Mas tarde se levantó y camino contando varias veces los doce metros que separaban una pared de otra.
De repente, una monotona voz femenina se oyó por un altavoz; “Familiares de Nuria Nieto. Acudan a informacion”.
Caminó deprisa hasta llegar allí, donde ya esperaba el doctor Pedrera. Su cara no auguraba noticias felices.
-Hemos tenido complicaciones.- Comenzó diciendo.- El útero ha sufrido una perforacion, y como consecuencia de ello, Nuria a perdido mucha sangre. La hemos llevado de urgencia al hospital.
-¿Cómo es posible?.- Pudo finalmente decir Andres.- Dijeron que apenas había riesgos.
-Apenas, efectivamente, pero en toda intervención siempre hay un porcentaje de incidencia. Espero que todo vaya bien en el hospital.
-¿Incidencias?. Lo único que se es que cuando vinimos a pedir información todo fueron buenas palabras y ni un solo inconveniente ni aviso. Le advierto que si Nuria no sale de esta, lo van a lamentar.-Dijo Andrés iracundo con su dedo índice casi tocando la nariz del doctor.
Tras recibir la callada por respuesta, se fue y cogio su coche para dirigirse al hospital. Era curioso ver lo lento que rodaba el trafico cuando se tenia prisa.
Finalmente pudo llegar al hospital. Se dirigió a información y pregunto por Nuria Nieto a una Jovencisima enfermera. Esta se giró, descolgó un teléfono y mantuvo una breve conversación con un interlocutor desconocido. Tras colgar el telefono, se volvió y dirigío a Andres.
-Me dicen que espere aquí. Vendran a atenderle enseguida.

Tras diez minutos de espera, que parecieron tres horas, aparecio un medico alto, delgado y con gafas. Doctor Gómez, creyó leer en la tarjeta que colgaba del bolsillo de su bata.
-Buenos días, ¿Es usted familiar de Nuria Nieto?
-Si, soy su … Novio.
El doctor respiró hondo y comenzó a hablar, a enfrentarse con una situación que, por mucho que ya la hubiese vivido, nunca acabaría de acostumbrarse.
-Nuria venia con una gran perdida de sangre. No hemos podido hacer nada. Lo siento. Ha fallecido.


Continuara... En el último capitulo.













jueves, 11 de junio de 2009

La Puerta Verde - Capitulo 8.

Tomaba pequeños sorbos de su café con leche mientras miraba a la calle. En aquel asiento, junto a aquel ventanal fue donde se vieron a solas por primera vez ella y Andrés, y la casualidad o el destino había querido que aquel fuese el lugar donde se sentasen de nuevo aquella tarde. Ya pasaban diez minutos de las cinco y  él aun no había llegado. Apenas superada la ruptura con Mario, había vuelto a acudir a Andrés, ya que para superar el problema que se le presentaba ahora necesitaría su ayuda. Y no sabía como decírselo.
Tiempo atrás, jamás hubiese dudado que Andrés la ayudaría, pero todo había cambiado. Sobretodo él y su actitud egoísta. Ya no era ese chico dulce que no hablaba por miedo a ofender, que trataba bien a su novia y que tenia firmes valores como la amistad  o el altruismo. El Andrés de ahora era una persona  dura, con pocos sentimientos y menos escrúpulos, y cuya única prioridad era él mismo. Sabia que solía verse con otras mujeres, mientras ella seguía soñando con volver a verle, abrazarle y besarle. 
Sabia que aquel cambio en su actitud podía deberse en gran parte a la decepción que pudo llevarse con Marta, se ex novia, pero había algo mas. El cambio era demasiado radical como para justificarlo solo con aquella ruptura.
Andrés entró en la cafetería con aire despreocupado y esquivando elementos y personas hasta llegar a ella. La saludo con un ligero beso en los labios y se sentó frente a ella.
-¿Cómo estas?.- Comenzó preguntando  Nuria.
-Bien, realmente bien, ¿Y tu?.
-Voy tirando. Hace tiempo que no me llamas. ¿Estas molesto conmigo?
-No. He estado ocupado últimamente.- Mintió Andrés.
-¿Con quien?. Me cuentan que últimamente estas con muchas mujeres.

Andrés pudo controlar un acceso de ira ante aquel comentario. No quería enfadarse, no le valdría de nada.
-En primer lugar, no creo que deba darte explicaciones.- Atajó él.- Y en segundo lugar, ¿Para que querías verme?, ¿Para interpretar el papel de mujer celosa y despechada?.
-Tal vez, solo quería verte por el placer de verte. Te hecho de menos.

Andrés sintió una punzada de lastima cuando oyó estas palabras. Después de todo, era agradable sentirse deseado por alguien como Nuria, e incluso que esta se ofendiera por su agitada vida amorosa. Pero no quiso acercarse y darle falsas esperanzas.
-Te lo agradezco, pero me diste a entender en el mensaje que tenias algo importante que decirme.
-¿Y que querías que hiciera?. Te he llamado varias veces y, o no coges las llamadas, o cuando lo haces me hablas de manera distante, como si te molestara que lo hiciera.
-Nuria, creo que las cosas quedaron claras. Yo no quiero aun otra relación, y por lo tanto no quiero tener a alguien llamándome a cada momento para pedirme explicaciones.

Nuria miró hacia abajo. Le dolieron aquellas palabras. Ella aun seguía sintiendo amor por él, y Andrés solo la veía como una molestia, una pesada carga de la que deshacerse cuanto antes. No sabia que el amor no correspondido pudiera doler tanto.
-¿Qué te ha pasado Andrés?. Eres frío y egoísta. Dices cosas sin pararte a pensar en el daño que pueden hacer tus palabras. ¿Por qué estas tan a la defensiva?. Yo te quiero.- Dijo Nuria no pudiendo evitar que escapara de sus ojos una lágrima. 
-Si, he cambiado .-Reconoció Andrés.- Ahora  miro mas por mi mismo que por los demás, y te sugiero que hagas lo mismo. Si eso era todo lo que tenias que decirme…- Dijo Andrés levantándose de su silla.
-No, espera. De verdad tengo algo que contarte. 

Andrés soltó un gran y desesperado suspiro, miró a su alrededor y posó su mirada en dos chicas sentadas a cinco metros de él y se recreó mirando sus desnudas piernas.  Una de ellas le sonrió con inequívoco gesto de coquetería. Intentaría hablar con ella mas tarde. Finalmente volvió  sentarse..
-Haber, que tienes que decirme. ¿Me vas a preguntar ahora porque fumo, porque bebo?, ¿Vas a seguir pidiéndome explicaciones de mis actos?
-Estoy embarazada.

Nuria lo soltó así. Pensó en la mejor manera de decírselo, pero no había mejor manera que soltarlo sin más. Andrés acusó el golpe. Su rostro se tensó y durante un minuto, no dijo nada. Finalmente hizo resbalar la palma de su mano por la superficie de la mesa hasta cubrir con sus dedos la mano de ella. Nuria sintió el agradable calor de su piel y por un instante sus esperanzas de estar con Andrés volvieron a renacer.
¿Es mio?.- Pregunto él en voz baja. A ella le ofendió la pregunta, pero entendió que después de un par de semanas desde la ultima vez que se acostaron, tuviera alguna duda.
-Si.
-¿Cómo lo sabes?. Si solo estas de una falta, puede ser de Mario, o ¿De otro?.
-No, no es de Mario.- Contesto Nuria tajante.- Mario tuvo un problema de salud y hacia un mes que no lo hacíamos. Y no me he acostado con nadie mas. Además de el hecho de que tu y yo lo hicimos sin protección. Es tuyo Andrés.
-Esta bien.- Admitió él sopesando el problema.- Pues tendremos que buscar una solución.
-¿Solución?, ¿Qué solución?
-El aborto. Es lo mas sensato. Yo no lo quiero, supongo que tu tampoco. Yo correré con todos los gastos.
-¿Cómo te atreves a pensar en el aborto?.- grito con desesperación, y enseguida bajó el volumen de su voz al ver como los clientes sentados cerca de ellos se habían enterado de su frase.- ¿Cómo puedes pensar en eso?.
-Vamos, no me digas que tu no lo has pensado.

Nuria no dijo nada. Para sus adentros, tuvo que reconocer que ella tamben  lo había pensado seriamente. ¿Cómo le explicaría a sus padres, personas estas chapadas a la antigua, que iba a tener un niño y no era de su ex novio Mario?. Solo quería tenerlo si Andrés la hubiese apoyado y hubiese querido que lo tuvieran. Pero estaba claro que no era así. El silenció la delato.
-Lo ves.- dijo Andrés.- Lo has pensado, y es la mejor solución.
-Tienes razón, lo he pensado. Pero, no se. Tengo miedo a que me arrepienta en el futuro de no tener este niño, y que los remordimientos me acompañen para siempre.- Nuria vio como, mientras decía esto, Andrés sonreía por primera vez aquella tarde.
-Si quieres abortar, y lo que te preocupan son los remordimientos…- Dijo Andrés.-  Conozco a un amigo que te solucionara el problema de la culpabilidad y los remordimientos.


Nuria peguntó varias veces durante el trayecto en el coche de Andrés donde la llevaba. Como respuesta siempre recibía la misma frase; “Confía en mi”.
El camino termino frente a una puerta verde con una vela encendida en un farol negro junto a esta y una mirilla en forma de ojo de gato. Andrés llamó con suaves golpes y enseguida abrieron la puerta. Quien lo hizo era un ser extraño del que Nuria no sabría decir si era hombre o mujer. Andrés lo saludo y lo/la llamó Alex. Un nombre que podía ser aplicado tanto a un hombre como a una mujer, con lo cual la duda seguía sin despejarse.
Fueron caminando hacia el mostrador de aquel curioso bar. Eran las ocho de la tarde y no se daban lugar allí muchos clientes aun. Andrés saludó con efusividad al camarero, un tal Pedro, y pregunto por alguien llamado Letva. 
-Espérame aquí un momento.- Pidió Andrés.- Voy a buscar a mi amigo.
-Esto es un bar. ¿Cómo nos van a ayudar aquí con nuestro problema?.
-Una vez mas, he de pedirte que confíes en mi.- Dijo él mientras se alejaba hacia otra puerta igual que la que antes habían cruzado.
Nuria pidió un refresco al camarero y siguió observando aquel extraño pero agradable lugar. Un pianista creaba un agradable hilo musical con su piano y desde un pequeño escenario. Cerca de ella, tres hombres hablaban en voz alta. A falta de otra cosa que hacer, Nuria comenzó a escuchar la conversación. Uno de ellos, el mas bajito tenia le llamaban con un mote curioso, “El pelos”. Le basto una rápida mirada para comprobar el porque de su mote. Tenia los pelos de punta y totalmente desordenados, como si se hubiera acabado de levantar. Era él el que llevaba el peso de la conversación.
-Total, que la tipa me dice que se ha enterado de que le puse los cuernos con su hermana.- contaba el Pelos.- Yo lo reconocí. Le dije que lo había hecho por morbo y porque su hermana la chupaba mejor que ella.- grandes risotadas de sus acompañantes irrumpieron en la sala gracias a la supuesta ocurrencia del Pelos.
-¿Y que te dijo?.- Le pregunto uno de ellos.
-Pues se enfado un poco, la verdad.- contesto el Pelos entre risas.- Pero cuando mas se cabreo fue cuando le pedí que hiciéramos un trío ella, yo y su hermana.- Renovadas y sonoras carcajadas se oyeron por toda la sala celebrando la ocurrencia de aquel tipo.- Menos mal que no llegué a decirle que también me tiré a su madre.- Las carcajadas aumentaron su volumen.
-solo te faltó tirarte a su padre.- añadió uno de ellos sin poder parar de reir.
-¿Y quien te ha dicho que no me lo tiré también?.- Las carcajadas volvieron a resonar.

Vaya elemento este Pelos, pensó Nuria. Menudo cerdo esta hecho.

Andrés iba a llamar al despacho de Letva cuando la puerta se abrió sola. Entro sigilosamente y se encontró con Letva sentado en el escritorio leyendo un libro con la portada en negro y en ella un curioso dibujo que no pudo ver bien. Letva levanto la vista de él cuando Andrés ya hubo entrado del todo. Vestía impecable traje, como siempre. Andrés lo consideraba un modelo a seguir no solo en su buen vestir, sino en sus ideas , sus modos educados y su presencia cautivadora. Cerro el libro, se levantó y saludo al invitado con efusividad. 
-¿Cómo estas amigo Andrés?.
-Bien, supongo. Vengo a verte porque tengo un problema.

Andrés le contó un resume de los acontecimientos y la solución que había pensado, que no era otra que darle el antídoto a Nuria y así poder abortar sin temer a los remordimientos. Letva escuchó atentamente sin decir nada. Finalmente, pidió hablar con Nuria. Andrés fue por ella y la acompañó hasta el despacho.
-¿Eres Nuria, verdad?- Pregunto Letva a modo de saludo cuando la chica hubo entrado al despacho. Ella asintió. Él la besó en la mano y ella se estremeció ante aquel gesto galante. Le pidió que se sentara cerca de la chimenea, al calor del fuego. 
-Amigo Andrés.- Dijo Letva.- Tengo que pedirte que nos dejes solos. 

Andrés se lo pensó, pero finalmente salió del despacho.
-Bueno.- Comenzó Letva una vez estuvieron a solas.- ¿Cómo estas?
-Bien, supongo.
-Andrés me ha contado el problema. Evidentemente, es una decisión difícil esta a la que te enfrentas. Y seguramente será tu corazon y no tu cabeza la que decida. Yo solo puedo aconsejarte que pienses en ti misma, y en lo que será mejor para ti. Olvida la culpabilidad, los remordimientos, y sencillamente decide.
-Agradezco su consejo.- habló por fin Nuria.- Puedes olvidar la culpabilidad y los remordimientos, pero ellos no se olvidan de ti. Pueden acompañarte hasta el fin de tus días.
-Tienes razón.- Acepto pensativo Letva mientras miraba al fuego.- Pero, desde ese punto de vista, podemos llegar a la conclusión de que tu conciencia y tu culpabilidad te impiden hacer lo que quieres, lo que de verdad te haría feliz.
-Supongo que así es.- Admitió Nuria. No conocía a aquel hombre, pero la paz y la tranquilidad se adueñaban de ella mientras hablaba con él. El magnetismo de aquel tipo era indescriptible.- Andres confía en que usted nos ayude, pero no veo como puede hacerlo.
Letva dibujo una tranquilizadora sonrisa en su rostro.
-Y si te dijera que yo puedo librarte de tus miedos, tus culpas y tus remordimientos, para siempre.

Continuara...




viernes, 5 de junio de 2009

La Puerta Verde - Capitulo 7

En el capitulo anterior:

"...El dolor fue inexplicable cuando su cerebro por fin procesó lo que habían visto sus ojos. Un dolor mucho peor que el físico le golpeó. Un nudo en el estomago le provoco el asomo de una lagrima en sus ojos, pero no quería llorar e hizo un esfuerzo titánico para no hacerlo. La tortura de aquella escena era demasiado fuerte. El descubrimiento de aquella doble traición de su amigo y su novia, provocó el derrumbe de todo su mundo, la destrucción de todo en lo que creía.
Ellos seguían besándose, ajenos a todo, ajenos a su angustia.
Mario salio de su coche y se acerco al de Andrés con grandes zancadas. Nuria fue la primera en verle y ahogo un grito de pánico. Andrés apenas tuvo tiempo de girar la cabeza cuando vió como alguien abría su puerta, lo agarraba del brazo lo sacaba fuera y lo tiraba al suelo. Mario lo miraba desde arriba, incrédulo. Un destello de luz deslumbró a Andrés. Este localizó su procedencia y miro a su mano derecha. Descubrió aterrorizado que aquel destello provenía de una hoja de navaja que Mario sujetaba fuertemente."


Nuria salio con dificultad del coche. Sus piernas le temblaban y el miedo le impedía articular palabra. Ninguno de los tres protagonistas de aquella escena acertaba a decir palabra alguna. Los suaves sollozos de Nuria rompieron aquel incomodo silencio.
-Lo siento cariño.- pudo decir por fin Nuria.
-¿Lo sientes? .- Preguntó Mario con voz impregnada de ira.- Lo sientes ahora, que te he descubierto. ¿Lo sentirías igual si no os hubiese visto?. Si de verdad lo sintieras, no me habrías engañado. 
-Jamás quise hacerte daño. Las circunstan…
-¡Basta ya! .- Atajó Mario.- No te excuses. Eres una traidora, y nada de lo que digas podrá arreglarlo, asi que cállate, joder.

Nuria decidió callar. Era cierto, nada de lo que dijese tapaba el hecho de su traición. Andrés se había incorporado desde el suelo mientras ellos hablaban. Mario dirigió una mirada cargada de odio a Andrés.
-¿Y tu, no tienes nada que decir?.- Le increpó Mario. 
Andrés se encogió de hombros. Era una sensación extraña esa de saber que has hecho algo malo, que has provocado dolor a un amigo, y no sentir la mas mínima culpabilidad. Un ligero sentimiento de vació interior fue lo único que Andrés notó. Finalmente contestó.
-Jamás te hubiera hecho esta putada Mario, pero desde ayer algo ha cambiado en mi. Ser un buen chico y hacer lo correcto nunca me ha procurado felicidad. He decidido no anteponer la felicidad de los demás a la mía. 
-¿Te crees con derecho a destrozar la vida de los demás solo porque ayer destrozaron a tuya?.- Pregunto Mario sin dejar de mover nerviosamente la navaja en sus manos.- Eres mi amigo. Lo único que me has demostrado es que nuestra amistad te importa una mierda. Y lo peor es que ella.- dijo señalando a Nuria.- también te importa una mierda. Lo has hecho por despecho, y por darte el gustazo de tirarte a la novia de un amigo. ¡Enhorabuena!, has conseguido vivir la situación mas  morbosa que jamás hayas imaginado. Espero que haya valido la pena el precio. Solo te ha costado nuestra amistad.
-No quiero perder tu amistad, pero tampoco quiero renunciar a mi felicidad y a los placeres que pueda regalarme la vida. 
-Aunque esos placeres sean a cambio de destrozarle la vida a un amigo, ¿Verdad?.
Andrés no respondió esta vez. No quiso seguir tentando su suerte, y a fin de cuantas, que mas podía decir. Miró de soslayo la mano derecha de Mario y vio de nuevo la navaja .
-¿Sabes? .- Continuo Mario.- Creí que estarías muy arrepentido, que me pedirías perdón, que incluso llorarías y rogarías para que te perdonase, pero lo único que veo en tus ojos es satisfacción y frialdad. Como si no hubieses hecho nada malo. Eres peor persona de lo que jamás imaginé.
- Si el hecho de pedir perdón te ayuda, pues, perdóname. ¿Te vale?.

Después de ver aquel beso entre su mejor amigo y su novia, pensó que estaba preparado para todo, pero no estaba preparado para aguantar la actitud provocativa, arrogante y carente de escrúpulos de aquel por el que hubiese dado la vida sin pensarlo minutos antes de descubrir aquella traición.
-No -contestó mientras su cara su transfiguraba de puro odio e ira.- No me vale
.
La mano derecha blandió la navaja mientras se alzaba para finalmente descargar el golpe. Quería matar a aquel tipo que ya no reconocía como el amigo que antes fue. Quería descargar su ira contra él, clavar aquel puñal para obligarlo a través del dolor físico a arrepentirse por el mal que le había causado.  La navaja seguía su imparable camino hacía el cuello de Andrés. El arrepentimiento por el error que iba a cometer comenzó a hacerse sentir en la mente de Mario. En décimas de segundo miles de imágenes adornaron su mente. Imágenes que describían los buenos momentos vividos con Andrés en el pasado, cuando parecía que nada ni nadie se interpondría en el camino de su amistad. Cuando bebían cervezas entre confesiones y risas. Cuando hablaban del futuro con sus respectivas novias y se jactaban de la suerte que poseían al tenerlas a su lado. Pero las imágenes a su mente llegaron tarde. El movimiento seguía su rumbo, inexorable.
Mario era ya plenamente consciente del error que estaba a punto de cometer. Hizo un ultimo intento para evitarlo. Movió su muñeca en el ultimo instante y la navaja giro hacia el lado, rasgando débilmente la piel del rostro de Andrés, pero no llegando a clavarse en ella, para descargar finalmente el puño en su cara.
Andrés reculó por efecto del golpe y su cuerpo impacto contra el coche. Mario se acerco a él con la cara congestionada por el odio. Nuria seguía llorando, y su llanto lo hizo regresar y de las brumas que inundaban su mente, llenas de odio y rencor.
-No merece la pena.- Dijo Mario mas para si que para que se le escuchara. Poco a poco se fue alejando sin perder de vista a la chica por la que antes habría dado la vida si dudarlo.



Un Mes Después.

Sus manos estaban ocupadas dándole vueltas y vueltas a su vaso corto lleno de un liquido anaranjado y frío por obra y gracia de dos piezas de hielo que repiqueteaban chocando con las paredes del vaso. Un pianista amenizaba con música agradable aquella escena. El Local de La Puerta Verde aun estaba lejos de su momento con  mas ambiente. Solo unas pocas personas sentadas en las sillas largas del mostrador disfrutaban de sus copas. Entre ellos, y hablando con un par de tipos, se encontraba Letva, el cual ya había saludado con la mano a Andrés.
Pedro, el camarero se acerco a Andrés. Su copa estaba llena, así que se hacia evidente que solo quería conversar con él. Le agradaban las charlas con Pedro. Sin duda, el barman era un oyente reservado y que solía dar buenos consejos.
-¿Cómo va esa vida Andrés?.- Preguntó Pedro para romper el hielo.
-Muy bien. La verdad es que no me puedo quejar. Las cosas, desde la primera vez que vine aquí, no han dejado de irme bien. ¿Te acuerdas de la primera vez que vine?
-Si, claro que me acuerdo. Estabas cabizbajo, con lagrimas en los ojos, destrozado. Hoy en cambio te veo risueño y jovial.
-El “Doctor” Letva y sus medicinas.-Dijo Andrés riendo su ocurrencia.- Hacen milagros.
-¿Y Nuria, como esta?.
-Bien, supongo. Hace dos semanas que no la veo. Ella quería que empezáramos a salir juntos, ya sabes, novios. Le dije que acababa de pasar por la ruptura de una relación seria y que no era el momento para otra relación. Esa excusa siempre funciona. De momento no quiero nada serio. Estoy descubriendo los placeres de la “poligamia”. Ahora me he apuntado a las relaciones sexuales sin ningún compromiso.- Pedro seguía escuchando atentamente.- Ayer, por ejemplo. En la oficina me tire a Laura, una compañera a la que le tenía ganas. Tiene marido y dos niños, asi que le costó trabajo decidirse a ponerle los cuernos. Pero finalmente cayó en mis brazos. No sabes cuanto morbo me dio tirarme a aquella mujer en la mesa de su despacho con la foto de su marido y sus niños allí,  y ella gimiendo de placer. Fue la leche.-Andrés dejó de hablar para beber un poco de su Jack Daniel´s.- Por cierto, hoy en la oficina he conseguido que despidan a un imbécil.
-¿Y eso?.
-Pues veras. Ramón es el típico compañero lameculos del jefe. Hablábamos dos compañeros y yo un día de la necesidad de cambiar ciertas cosas en la empresa, de que el jefe daba palos de ciego con según que zonas de distribución y, en fin, cosas de trabajo. Pues el tipo en cuestión se fue a ver al jefe y le contó lo que estábamos diciendo. Este nos llamó al despacho y nos hecho una buena bronca, así que decidí vengarme.
-¿Y como te has vengado?
-Fácil. Hoy Puse mi móvil en modo grabación, y cuando ví al tal Ramón en el servicio le comente que el jefe nos había reñido, pero que también nos había comentado que él era un inútil y que si estaba allí trabajando era porque era un buen chivato y lameculos. Ramón se cabreo y empezó a soltar perlas del jefe. Que si era un desagradecido, que si era un inútil que llevaría la empresa a la ruina, un carnudo imbecil… yo lo grabé todo, pase la grabación al ordenador y le mande un correo anónimo a mi jefe con todos los insultos grabados que Ramón le había dedicado. Dos horas después, el jefe lo despedía y Ramón bajaban las escaleras llorando patéticamente comentando  “¿Qué será ahora de mi familia, como voy a mantenerlos?”. Por lo visto tiene cuatro hijos.
-Buena venganza.- Comento Letva que se había sentado junto a Andrés tan sigilosamente que este no lo advirtió.- ¿Cómo estas amigo Andrés? 
-Bien .- Contestó este aun sorprendido por la repentina aparición de Letva .- Muy bien. Hablando con el amigo Pedro. Todo me va bien desde aquel día. Gracias.
-No tienes porque darlas.
-Letva, quería hacerte una pregunta.
-Dispara.
-El antídoto, además de hacer desaparecer la culpabilidad, ¿También atrae a las mujeres?.- Letva sonrió mostrando de nuevo sus impecables dientes.
-No, la verdad es que no tiene ese tipo de efecto, llamémosle, secundario. Pero puedo darte una explicación. Tu culpabilidad desapareció, y con ella también lo hicieron los miedos y la inseguridad. Ahora destilas seguridad y aplomo, y esto atrae enormemente a las mujeres, con lo que te puedes convertir en un imán para ellas. Anna, Verónica, Laura, Nuria, y seguramente alguna mas habrá caído ya en tus redes. ¿No?

Andrés quedó impresionado ante los conocimientos de Letva de sus conquistas femeninas. La vibración del móvil le sacó de su asombro. Un mensaje de Nuria era el causante de aquella vibración.
-Maldita sea.- comento en voz baja Andrés mientras leía el mensaje.- Que pesadita es.

El mensaje era corto y enigmático: “Tenemos que vernos, es importante, Mañana en el café Toscanna a las cinco”. Andrés le envió un mensje con un simple OK, mientras se preguntaba que seria aquello tan importante.

Continuara...

jueves, 28 de mayo de 2009

La Puerta Verde - Capitulo 6

-¿En que piensas? -Pregunto Nuria al ver la estúpida sonrisa que se dibujaba en el rostro de Andrés.
-Bueno, pienso en lo imprevisible de la vida.- Ella lo miro esperando la explicación que debía de seguir a aquellas palabras.- ayer, yo estaba en el infierno, destrozado, deprimido y sin fuerzas para seguir viviendo. Hoy, y gracias a … -Estuvo a punto de decir “gracias a Letva.- A ti, al sabor de tus labios y al suave tacto de tu piel, estoy en el cielo.
-Gracias por compararme con el cielo -dijo ella con una sonrisa amplia y sincera mientras daba un sorbo a su refresco de naranja.
Andrés tuvo un pequeño gesto de rubor, mientras daba vueltas pensativo a su whisky con cola. A estas alturas, pensaba que la culpabilidad y los remordimientos volverían a visitarle por besar a la novia de su mejor amigo. Pero nada mas lejos de la realidad. Aquella era la prueba definitiva de que el antídoto era infalible. Funcionaba, y la felicidad que sentía haciendo aquello que le venía en gana sin pensar en nada mas que en su disfrute, era una sensación indescriptiblemente embriagadora.
Decidió darle otro húmedo, exquisito y duradero beso a Nuria. No en vano, hacia ya como tres minutos que no se besaban. El sabor de sus labios le daba un placer imposible de rechazar.


Mario tuvo la fortuna de encontrar aparcamiento cerca del Café Toscanna. Definitivamente, este es mi día de suerte, pensó. No paraba de imaginar la cara que se le quedaría a Nuria cuando lo viese, y cuando escuchara la noticia de su ascenso. Si no fuera por aquella noticia, no hubiera querido interrumpir su reunión de amigas, pero las circunstancias justificaban tal interrupción. No podía esperar a verla al otro día.
De lejos, le pareció ver a Nuria junto al ventanal de aquella cafetería, pero no podía ser ella. Estaba acompañada de un tipo. Esto provocó que sus miedos se pusieran en guardia. ¿ Te imaginas que te la esté pegando con otro?, pensó mientras caminaba hacia el café. Acabó riendo ante aquella estúpida idea. Nuria jamás le haría eso.
Entro en la cafetería, miró a su alrededor pero no vió ninguna cara conocida. Miro hacía el ventanal donde estaba la chica que le pareció Nuria, pero no pudo verla ya que un grupo de personas buscando asiento le tapaban la visión del ventanal. Comenzó a caminar hacía adelante para ver si aquella chica era su novia. Se movia con torpeza esquivando mesas, sillas y personas. Pudo llegar finalmente cerca del ventanal. La chica estaba de espaldas y su acompañante quedaba situado  frente a él. No podía distinguir sus rostros ya que estos estaban unidos y perdidos en un profundo beso de película. Se negaba a creer que aquella chica pudiera ser su novia besándose con otro hombre. Se acercó mas a aquella mesa dando un rodeo para ver mejor sus caras. Poco a poco la pareja fue separando los labios dando por terminado aquel ardiente beso. Primero pudo distinguir el rostro de aquel tipo, y le resultó familiar. Movió sus ojos para mirar a la chica, y todo quedo claro.

La chica, no era Nuria. Un gigantesco peso pareció abandonarlo y pudo soltar un gran suspiro de alivio. Sus pulsaciones aun estaban por las nubes, pero poco a poco volvían a la normalidad. El tipo sentado junto a aquella desconocida se dirigió a él-
-Hola Mario.
-Ah, hola Toni.- contesto reconociendo aquel rostro e intentando aparentar tranquilidad. Era un amigo del colegio.- ¿Cómo estas?
-Bien. ¿Buscas a alguien?.
-Si, busco a Nuria, mi novia. ¿La has visto?
-No. Llevamos aquí unos diez minutos y no la he visto -Dijo Toni mirando a su alrededor.
-Esta bien, gracias. La seguiré buscando. Me alegra haberte visto Toni.
Toni contestó un “igualmente” que apenas oyó Mario que ya había dado la vuelta y se dirigía a la puerta. 


Los besos y caricias de Nuria estaban enardeciendo el animo de Andres. Desde el primer beso en la cafetería había querido llevarla a su pisito de soltero y, una vez allí, perderse con ella en el placer que sus cuerpos desnudos pudieran proporcionarles. Pero finalmente optó por ir despacio y disfrutar de una copa en el “Versalles”, un bar de copas que poseía ciertos rincones oscuros donde poder disfrutar de intimidad sin el temor de ser vistos por alguien conocido. En ese momento, decidió que ya no podía esperar mas. Le hablo de su deseo de llevarla a su piso y ella, después de pensarlo un poco, accedió de buen grado.
Andrés abrió la puerta de su hogar, y sin apenas darle tiempo a pasar y cerrar, Nuria se abalanzó contra él acorralándolo contra la pared y regalándole un fanático beso donde las lenguas se unían y confundían en un enloquecido y húmedo baile. Él agarró su redondo trasero, el cual ya tenía un buen numero de huellas dactilares de Andrés, y la subió sobre si. Ella le abrazó la cintura con sus piernas mientras, sin dejar de besarle le desabrochaba torpemente su camisa amarilla. Cuando su torso quedó al descubierto, ella lo beso y saboreó con fruición. El sabor de su piel le parecio exquisito. Su propio olor corporal mezclado con un suave perfume. Volvió a poner los pies en el suelo dejando libre de ese modo su cintura. Sus besos iban descendiendo desde el pecho hasta el ombligo, y seguían bajando. Desabrochó su pantalón con mayor habilidad que lo hiciera con la camisa, notando con un simple roce la ereccion que estos escondían.
Una música estridente interrumpió la excitante escena. El móvil de Nuria sonaba desesperadamente. Era su novio quien llamaba. Y ella se quedo mirando el teléfono sin saber que hacer. La duda no la dejo reaccionar hasta que el móvil dejó de sonar, entonces decidió apagarlo.
-Era Mario.- anunció Nuria.
Andrés se encogió de hombros, e hizo con su teléfono lo mismo que ella, apagarlo. Se acerco a Nuria por detrás y comenzó a bajar la cremallera de su vestido. Quería acostarse con ella y debía actuar rápido antes de que se arrepintiera. Tras dudar un breve instante Nuria se quitó los pantys y él terminó de quitarle el vestido. Andrés tenia enormes ganas de verla desnuda, y saboreó el momento. Ante el se encontraba una mujer con cuervas exuberantes y piel suave, solo tapada minimamente por excitante ropa interior negra. Aquel cuerpo tan sensual era una visión difícil de olvidar. No quiso recrearse mas, al menos de momento, en la visión de su cuerpo semidesnudo y decidió iniciar la agradable y ansiada tarea de besar y acariciar cada pliegue de su cuerpo, haciendo gustosas paradas en sus rincones mas íntimos. 
Estaba perpetrando la infidelidad a su amigo, y no sentía ninguna culpabilidad, solo deseos y felicidad por disfrutar de aquel momento.

Una guerra de sentimientos tenia lugar en su interior. La alegría que había inundado a Mario durante todo el día estaba perdiendo la batalla contra la creciente preocupación de no encontrar a Nuria. Había llamado a su móvil, y nada. Después, y para pensar en otra cosa, llamó a su amigo Andrés y solo pudo oír la monótona y robótica voz de una mujer que le anuncio que “El teléfono al que usted llama está apagado o fuera de cobertura en este momento”. Imagino a Andrés, en su piso, abatido, sin ganas de hablar con nadie. Por un momento pensó en ir a visitarlo, intentar animarlo. Pero finalmente optó por esperar a Nuria en su casa. 
Cuando llegó a casa de Nuria, llamó a su puerta y no recibió respuesta. Parece que nadie se encontraba allí, asi que no le quedó mas remedio que esperar en el coche.

Andrés hubiese deseado en aquel momento ver su propia cara y sobretodo observar la mas que segura estupida sonrisa que adornaba su rostro. Recordó que anteriormente había comparado estar con Nuria a estar en el cielo. Ahora podía afirmar que el sexo con ella era el paraíso y su cara era reflejo fiel de esta afirmación. 
Nuria posaba su cara el el pecho de él. Estaba callada. Ella había gozado tanto o mas que él, pero andres suponía que sopesaba las posibles consecuencias de lo que había hecho, y se sentía culpable. Seguramente sería esa culpabilidad que duele, esa de la que él se libró afortunadamente desde el momento en que el antídoto de Letva entró en su cuerpo. Acariciaba su sedoso cabello y le regalaba algún beso de vez en cuando. Ella le sonreía con gesto melancólico, y finalmente se levantó y comenzó a vestirse. Le pidió que la llevara a su casa. Andrés albergaba la esperanza de que se quedara a dormir con él, pero sabia que eso crearía suspicacias a sus padres y generaría preguntas innecesarias sobre donde y con quien había estado. Se vistió y se dispuso a llevarla.

Mario llevaba ya mas de una hora esperando en su coche, aburrido y preocupado. Solía tener siempre algún libro en su vehiculo para entretenerse si se veía sorprendido en algún atasco. Buscó pero no encontró ninguno, solo encontró un par de bolígrafos y encendedores serigrafiados con nombres de fabricantes proveedores de su empresa y una navaja suiza con la inscripción de “Productos Henkel”. La navaja en cuestión era un utensilio completísimo que contaba con cortaúñas, abridor de chapas, sacacorchos, unas pequeñas tijeras, y una hoja de navaja de unos doce centímetros. Quiso comprobar su filo y comprobó,  que estaba muy afilada, hasta el punto de hacerse un pequeño corte fortuito en el pulgar.
Cuando ya estaba a punto de irse a su casa para tomar una ducha y seguir la búsqueda de Nuria mas tarde en caso de no haber aparecido, vio como un Fiat Punto se acercaba despacio a casa de su novia. Él conocía aquel coche, era el de su amigo Andrés. Cuando el coche estacionó, pudo mirar mejor en su interior. La vio y la sorpresa dio paso a un sinfín de preguntas que se agrupaban en su mente. ¿Qué hacia Andrés con Nuria?. Quizás Andrés la vio en la calle y decidió acercarla. “No seas mal pensado”, se dijo. “Todo esto tendrá una explicación”. Pero decidió no interrumpir la escenas. Ambos hablaban inocentemente en el coche. De repente, un beso lleno de pasión los fundió a los dos 
El dolor fue inexplicable cuando su cerebro por fin procesó lo que habían visto sus ojos. Un dolor mucho peor que el físico le golpeó. Un nudo en el estomago le provoco el asomo de una lagrima en sus ojos, pero no quería llorar e hizo un esfuerzo titánico para no hacerlo. La tortura de aquella escena era demasiado fuerte. El descubrimiento de aquella doble traición de su amigo y su novia, provocó el derrumbe de todo su mundo, la destrucción de todo en lo que creía.
Ellos seguían besándose, ajenos a todo, ajenos a su angustia.
Mario salio de su coche y se acerco al de Andrés con grandes zancadas. Nuria fue la primera en verle y ahogo un grito de pánico. Andrés apenas tuvo tiempo de girar la cabeza cuando vió como alguien abría su puerta, lo agarraba del brazo lo sacaba fuera y lo tiraba al suelo. Mario lo miraba desde arriba, incrédulo. Un destello de luz deslumbró a Andrés. Este localizó su procedencia y miro a su mano derecha. Descubrió aterrorizado que aquel destello provenía de una hoja de navaja que Mario sujetaba fuertemente.

Continuara...




viernes, 22 de mayo de 2009

La Puerta Verde - Capitulo 5

Nuria miró el reloj del ordenador por quinta vez en los últimos quince minutos. Las cuatro menos cuarto. Que lento podía pasar el tiempo cuando se esperaba. Hecho un vistazo por ultima vez a la bandeja de entrada de su correo electrónico, y finalmente decidió que ya era hora de ponerse en marcha y prepararse. Abrió el ropero y comenzó su ilusionante ritual de elección de ropa para la esperada cita. Decidió ir sencilla pero con gusto, sacándole partido a sus atributos. Comenzó escogiendo un vestido corto, de color negro con algunos puntos blancos, estrecho por arriba pero que acababa  holgado por abajo, hasta mitad de sus esbeltos muslos. Quería impresionar a Andrés, y sabia que alguna que otra vez que él había lanzado furtivas miradas a sus piernas, así que decidió que se las ensañaría, pero sin pasarse. Bastaba mostrárselas un poco, a modo de aperitivo. El vestido también tenia la ventaja de poseer un amplio escote, dando este, protagonismo a sus hermosos pechos, que solían acaparar igualmente las miradas de él. Acompañaría el vestido con pantys negros y botas cortas y marrones. Lo cubriría todo con un abrigo tres cuartos de paño, porque aunque el día era soleado, el ambiente era frío. Dispuso la ropa en la cama y empezó a acomodar en su cuerpo la ropa interior, negra y con encajes tanto las braguitas como el sujetador. Sabía que a los hombres les excitaba la ropa interior negra. Se vistió completamente y alabó su buen gusto al mirarse en el espejo. Inmodestamente, juzgo que estaba impresionante.

Frente a un pequeño espejo, comenzó la operación de maquillarse. No tardaría mucho tiempo, pues tenia la suerte de no necesitar muchos elementos artificiales para estar guapa. Mientras se daba un toque de carmín en los labios, miró la foto situada junto al espejo. En ella aparecía Andrés echándole un brazo por encima a Mario, Amigo intimo de Andrés y novio de ella. Ambos sonreían. Una punzada de culpabilidad le oprimió el pecho obligándola a sentarse al borde de la cama. Estaba Engañando a su novio. Creía que ella no era de esas, que jamás se le ocurriría engañar a Mario. Pero, inexplicablemente, lo estaba haciendo. Le había dicho que estaría con unas amigas tomando café, cuando en realidad esperaba encontrarse con Andrés con el secreto deseo de acostarse con él. Quería a Mario, pero Andrés era… distinto. Sus ojos la hechizaban, al igual que su dulzura a la hora de hablarle. A todas las horas del día soñaba con probar sus labios, abrazarlo y sentir su cuerpo desnudo junto al suyo. Era una tentación inevitable contra la que ya no podía luchar. Incluso se sorprendió alguna vez que otra pensando en Andrés mientras hacía el amor con Mario. Estos pensamientos la hacían sentirse muy culpable, pero era inútil negar que estaba enamorada de Andrés, no quería morir sin sentirse suya aunque solo fuera una vez en la vida.

Se repuso a duras penas, termino de vestirse, maquillarse, y salió a la calle, al encuentro de su adorado Andrés.
De camino a la cafetería, se preguntaba porque Andrés habría aceptado por fin citarse con ella. Sabía que Marta lo había dejado el día anterior, y quizás esa fuese la razón, que uno de los elementos que impedían su secreto encuentro, había desaparecido. El otro elemento era Mario. Su amistad era muy fuerte, mas que su deseo por estar con ella. El hecho de que finalmente hubiese querido saltarse la amistad y tener aquella cita, era algo que, sin duda, la halagaba.
Seguramente se encontraría con un Andrés triste, dolido y con la autoestima por los suelos por culpa de Marta. Menuda rubia lagarta la mosquita muerta esa. Nuria se sintió fatal al caer en la cuenta de que ella iba a cometer el mismo delito que Marta, serle infiel a su pareja.
Finalmente llegó al café Toscanna. El ambiente reinante dentro del local era calido, a diferencia del frío del exterior. Faltaban cinco minutos para las cinco, pero Andrés ya estaba allí, sentado en una silla situada junto a un gran ventanal, entretenido mirando pasar a los viandantes. Vestia muy sencillo. Pantalon vaquero y camisa amarilla que le sentaba realmente bien. Ella se acerco en silencio y le dio un suave beso un la mejilla. Andrés le mostró una dentífrica y radiante sonrisa a modo de saludo y le correspondió con otro beso, cercano este a los labios.
-Me alegra verte.- dijo Andrés manteniendo su sonrisa
-Y yo también, muchísimo. ¿Cómo estas?.- Quiso saber ella.
-Bien. Bastante bien.
-¿Solo bien? Yo diría que genial. Te veo sonriente, incluso me atrevería a decir que feliz. La verdad es que no esperaba verte tan bien. No das la imagen de hombre destrozado porque su novia lo ha dejado hace veinticuatro horas.
-¿Preferirías verme llorando y deprimido echándome a morir en un rincón?
-No.- Se apresuro a decir Nuria.- Por supuesto que no. Solo digo que me ha sorprendido gratamente tu entereza. ¿Cómo has conseguida esta actitud positiva?
-Bueno, es una larga historia.- Dijo él con sonrisa enigmática.- Digamos que he enfocado todo este asunto desde otra perspectiva. Creo que la vida es muy corta para malgastarla llorando y lamentándote por los rincones cada vez que las cosas se tuercen.

En ese momento llegó un camarero joven que antes de decir nada le dio un buen repaso visual a Nuria, que se había quitado la chaqueta dejándola colgaba en el respaldo de su silla, de manera que el escote del vestido dejaba ver gran parte de sus encantos. Ella pidió un capuccino y él una coca cola.
-¿Has visto como te miraba el camarero?.- Le pregunto Andrés cuando el joven camarero ya se alejaba.
-Si.- Admitió ella.- Me miraba con deseo.
-¿Y yo, como te miro?
-Pues … Creo que también hay deseo en tus ojos.
-Es inevitable. Estas preciosa. Y me siento importante al estar junto a ti, y al pensar que te has puesto así de guapa para mi.
-Pues así es - Admitió ella sintiendo sus miradas lascivas.- ¿Cómo te ha ido el día en el trabajo?.- Pregunto para cambiar de tema.
- Pues, hoy no he ido a trabajar.
-Vaya, ¿Y eso?
-Ayer me acosté tarde. Estuve bebiendo y aclarándome las ideas.- Dijo Andrés omitiendo gran parte de lo sucedido la noche anterior.- Mereció la pena.
-Si, ya veo. Te veo distinto, como si de repente, hubieses descubierto algo nuevo.

El camarero trajo las bebidas y sin decir nada se alejo. Andrés cerco mas su asiento a ella. Sus rodillas se tocaban.

-Si.- Admitió él.- He descubierto que he sido un tonto todo este tiempo.¿Dónde me han llevado mis buenos actos, mis buenas intenciones?. Hay cosas en esta vida que no nos atrevemos a realizar porque estamos llenos de miedos. Miedo al fracaso, al ridículo, a los remordimientos… Tal como decías en el mensaje, yo era un cobarde, incapaz de atreverme a conseguir o luchar por lo que de verdad quiero o deseo. Y a ti te deseé desde la primera vez que te vi. ¿Cómo no desear besar tus suaves labios?

Ella se estremeció de placer y se ruborizó encantadoramente.
-No creo merecer esos cumplidos, sobretodo después de llamarte cobarde. No tenía derecho ha hacer algo asi. Pero, deseaba tanto tenerte…
-No te disculpes. Tenías razón. Tu querías estar conmigo y luchaste por ello. Solo te puedo estar agradecido. Como te he dicho antes, siempre he querido estar contigo, pero mi empeño por serle fiel a mi novia y a mi amigo me impedían hacer lo que realmente deseaba. Pero he decidido no cerrarme la puerta de la felicidad nunca mas. Adiós a las culpas y a los remordimientos.

Conforme hablaba él se iba acercando mas a ella. Comenzó a acariciarle la rodilla izquierda, para subir despacio hacia el muslo. El tacto algo rugoso de sus pantys no impedía sentir la suavidad y dureza de sus muslos. Se miraban anhelantes y deseosos del contacto de sus cuerpos. Acercaron sus rostros. Sus narices se rozaron y juguetearon entre ellas por un instante. Sus labios comenzaron a rozarse. Era como si quisieran retrasar el placer de aquel inminente y soñado beso. Finalmente sus labios se unieron, y el mundo dejo de existir. Solo estaban ellos.


Mario conducía su Ford con una gran sonrisa pintada en su rostro. Había sido un día duro de trabajo, pero el final no podía ser mas feliz. Después de muchos años en aquella empresa realizando el duro trabajo de comercial, vendiendo productos de limpieza, había recibido una llamada del director y en una reunión le comunicaron la buena noticia. El jefe de comerciales se jubilaba y él era el elegido para sustituirlo. Se trataba de un cargo lleno de responsabilidad, pero él tenía fe en poder llevarlo a cabo. De repente comenzó a reparar en su futuro. Pensó en el aumento de sueldo que conllevaba el ascenso y de repente se vio a si mismo con su pisito amueblado y viviendo con su amada Nuria. Estaba deseando de verla para comunicarle aquella grandiosa noticia. En aquel momento, decidió que de esa semana no pasaría. Esa semana le pediría matrimonio. Lo valoraban en el trabajo y se casaría con la mujer de su vida. Comprendió que era el hombre mas afortunado de la tierra. La tristeza cambió su alegre rostro al recordar que aquel día tan feliz para él era un mal día seguramente para su amigo Andrés, al cual su novia Marta había dejado el día anterior. La felicidad iba por barrios, pensó.
Llamó a casa de Nuría, pensaba que estaba allí. Su madre le dijo que había marchado ya a la cafetería Toscanna. Mario se acordó de que había quedado a tomar café con las amigas. Pensó en llamarla al móvil, pero decidió presentarse sin avisar y darle la sorpresa.

CONTINUARA...


domingo, 17 de mayo de 2009

La Puerta verde - Capítulo 4


Durante unos segundos, Andrés guardó silencio. Finalmente estalló en una carcajada.
-Definitivamente, os queréis reír de mi, ¿Verdad? .- Letva no contestó, no dijo nada, solo sonrió. Andrés continuo riendo con verdaderas ganas. Parece que el Jack Daniel´s comenzaba a hacer su efecto.
-Haber, ¿Cómo harías eso de quitarme los remordimientos.- Pregunto Andrés sin abandonar sus risas .- ¿Con un conjuro?

Letva rió esta vez mas fuerte, como si aquel chiste hubiese tenido gracia.
-Bueno, no exactamente.- Dijo el jefe de aquel lugar levantándose del sillón. Fue hasta el cajon del escritorio, cogió algo y volvió a sentarse cerca de Andrés. Letva sostenía entre sus manos un curioso frasco de cristal. Su forma se asemejaba a la de una gota de agua, pero de unos diez centímetros, y acababa en un pequeño tapón triangular, también de cristal. El liquido que contenía en su interior era de color azul.
-¿Qué es eso?.- Quiso saber Andrés que había hecho desaparecer casi completamente sus risa.
-Es una medicina. O, por mejor decir, un antídoto.
-¿Un antídoto, contra qué?
-Pues contra ese pesado saco que llevas siempre contigo, lleno de culpabilidad, remordimientos, pecados… En definitiva, es un antídoto contra la infelicidad.
-¿No pretenderás que me beba eso?.- Dijo Andrés mirando fijamente aquella gota de cristal - Eso podría ser … veneno.

Ahora fue Letva el que soltó una sonora carcajada.
-Pero hombre, ¿Qué interés podría tener yo en causarte algún daño?
-¿Y que interés podrías tener en ayudarme?
-Buena pregunta. Me caes bien, y me produce una grata sensación  poder ayudar a una persona que lo está pasando mal. Pero sé que mis inquietudes filantrópicas no van a convencerte  como único motivo. Así que, supongo que he de reconocer que yo también saco algo a cambio.
-¿Qué?.- Pregunto Andrés viendo que Letva no se decidía a contarlo.
.¿Has visto a toda esa gente en el bar?. Todos han tomado el antídoto .-Dijo dándole un toquecito con un dedo a la gota de cristal, adornando así su alocución.- Y todos suelen venir alguna que otra noche aquí, para reunirse con gente que, como ellos, han hecho desaparecer sus remordimientos. Aquí se cuentan sus experiencias y sus positivos cambios de vida sin el pesado lastre de la culpabilidad. Todos consumen, y eso significa beneficios para mi.

Andrés valoró de nuevo sus palabras. Una vez mas, tenían sentido. Él nunca creyó en brujas, magos o hechiceros. Solía enorgullecerse de ser un hombre pragmático e incrédulo. 
-Me ha gustado mucho la conversación que hemos mantenido, ha sido muy agradable.- Dijo levantándose y dirigiéndose a la puerta.- Y reconozco que mi vida iría mejor sin mis sentimientos de culpa. Pero, la verdad, no me creo que un simple liquido pueda darme felicidad. Gracias de todas formas.- Termino diciendo mientras abría la puerta verde de aquel despacho.
No había andado aún ni dos pasos fuera de el, cuando volvió a vibrar su móvil. Un nuevo mensaje había llegado. La remitente volvía a ser la preciosa Nuria. El texto del mensaje era corto, pero no podía ser mas explicito. “Eres un cobarde”.
Andrés se quedo inmóvil leyendo aquel mensaje. Lo peor no era que Nuria le llamase cobarde. Lo peor era que sabía que tenía razón.
La decisión no se hizo esperar. Giró su  cuerpo 180 grados y volvió sobre sus pasos al despacho. Esta vez, si pudo abrir la puerta, y encontró a Letva de pie y apoyado en la chimenea, cerca de la gárgola. Andrés tuvo la sensación de que esta había variado su posición.  Letva le miraba con una sonrisa de suficiencia colgada en sus labios, como si esperase el regreso de Andrés de un momento a otro.
-Supongo.- Titubeo Andrés.- que no pierdo nada por probar.
-¿Qué te ha hecho cambiar de opinión? -Quiso saber Letva.
-Bueno, me lo he pensado mejor.
-Bien, aquí tienes el antídoto.- Dijo jugueteando con el frasco entre sus manos.-Como se que aun no te fías de mi, beberé un poco para que compruebes que este liquido es inocuo. 

Letva bebió un pequeño sorbo, cerró el tapón y finalmente le dio el frasco a Andrés. Este lo sostuvo en su mano izquierda. El frasco estaba muy frío. Quitó el tapón con facilidad y olió aquel liquido azul. No olía a nada. respiró hondo, miro a Letva, que estaba expectante, y finalmente bebió todo el contenido del frasco. Le pareció un liquido dulzón y delicioso. Espero varios segundos, pero no pasaba nada. Miró a la chimenea. De repente, las llamas le dieron la impresión de que ralentizaban su danza y cambiaban constantemente de color, como si fuera un fantasmagórico calidoscopio. La habitación comenzó a moverse al igual que el suelo bajo sus pies. Los ojos de la gárgola parecían centellear, incluso creyó apreciar un aleteo de las alas de aquella tétrica figura.
-Tranquilo Andrés -Le susurro Letva.- Los efectos físicos pasaran enseguida.


Los pájaros cantaban alegremente y un furtivo rayo de luz se colaba por una pequeña rendija de la persiana. Abrió los ojos despacio y parpadeo varias veces. Miró a su alrededor pero no reconoció aquella habitación. La cama en la que se hallaba acostado era grande, y tan cómoda que apenas quiso moverse, pero la curiosidad le hizo girar el cuello y seguir investigando aquella desconocida estancia.
En una mesita de noche cercana a él, un reloj digital marcaba con números rojos las 11:23. Junto al reloj, reconoció su propia ropa interior. Giró la cabeza hacia el otro lado, y la vio. Anna estaba a su lado, dormida profundamente. La miro y le pareció igual de bella que la noche anterior. ¿La noche anterior?. Comenzó a recordar a duras penas.
Después de beber el antídoto volvió al bar. Recordó que se sentía mucho mejor de lo que había estado en años. Anna le esperaba y hablaron, bailaron y se besaron con deseo.  Finalmente salieron de aquel local, se montaron en su coche y  fueron a casa de ella. El se sentó en un sillón mientras Anna le preparaba una copa. Esta puso la copa en una mesita cercana, introdujo las manos por debajo de su vestido y forcejeo un poco. Como resultado de aquel movimiento tan sensual, sus braguitas blancas cayeron a cámara lenta hasta que hicieron parada en sus finos tobillos, para finalmente aterrizar en el suelo. Anna se subió el vestido lentamente dándole la espalda a él. Pudo ver por breve espacio de tiempo su suave trasero, antes de que se sentara justo encima de su entrepierna, sintiendo él, gozosamente, la ausencia de su ropa interior. Aquella excitante mujer cogió su vaso con whyski, desabotono el vestido por la parte del escote, dejando así aparecer en escena uno de sus prominentes pechos con sonrosado y pequeño pezón, y hundió este en la bebida, para luego acercárselo a la boca de él. En aquel momento se sintió totalmente inflamado y ella notó su enorme erección provocada por aquella escena y por el disfrute de aquel pezón juguetón en su boca. Solo recordar la escena le provoco de nuevo un conocido movimiento en su entrepierna. Había sido la mejor noche de sexo de su vida.
Miró de nuevo el reloj de la mesita. Eran las 11:30. No tendría que estar ahí, debería estar trabajando, pero allí estaba, en la cama de una desconocida totalmente excitante. Recordaba la culpabilidad que solía sentir cuando por enfermedad o por alguna emergencia, faltaba al trabajo. Sin embargo, ese día que no tenia ninguna excusa por su ausentismo laboral, se sentía bien  y la culpa no asomaba en su interior. Definitivamente parecía que el antídoto de Letva funcionaba. 
Se incorporó con sigilo de la cama para no despertar a Anna. Se acerco al salón, hacia un escritorio donde había dejado su móvil. Lo miró y vio que tenía un mensaje. La remitente era Nuria, y entonces recordó algo mas de la noche anterior. Poco después de tomar el antídoto, escribió y envió un mensaje a Nuria que decía; “No soy un cobarde. Nos vemos a las 5 de la tarde en el café Toscanna?”. 
Abrió el mensaje con impaciencia, y allí estaba su respuesta;  “Me alegra que te hayas decidido. Nos vemos allí a las 5. Gracias.”
Andrés se dirigió al aseo. Supuso que a Anna no le importaría que se duchara. Y si le importase le daba igual. 
Mientras el agua tibia resbalaba y empapaba su cuerpo desnudo, se sorprendió cantando y sonriendo. Intento recordar cuando fue la ultima vez que cantó en la ducha y se sorprendió al darse cuenta de que esa era una costumbre que había abandonado hacia ya mucho tiempo.
Sentía la inexplicable sensación de que la felicidad que le embargaba había acudido a su lado para quedarse. Su vida empezaba hoy. ....Continuara

lunes, 11 de mayo de 2009

La Puerta Verde - Capitulo 3

Esta vez, no se le escapó el hecho de que esto ocurría de nuevo tras decir la palabra “remordimientos”.
Sintió miedo, y ese mismo miedo lo empujó a hablar. 
-¿Qué esta pasando? .-dijo con la voz quebrada.
La chica rubia de pelo corto que acompañaba, entre otros, al tipo de chaqueta y corbata comenzó a acercarse. El sonido de sus tacones rebotando en el suelo era el único que rompía el silencio de aquel lugar. Sus andares cadenciosos y altamente femeninos le tenían embobado, al igual que el movimiento suave de su vestido rojo pasión. Le pareció que todo ocurría a cámara lenta. Ella siguió acercándose despacio pero con seguridad, hasta que juntó sus labios con los de Andrés. Al principio este se resistió temiendo la represalia de su pareja. Pero el dulce sabor a vainilla de los labios de aquella desconocida le hicieron rendirse al disfrute de un exquisito y húmedo beso de no menos de veinte segundos. 
Cuando separaron los labios, el ruido festivo de antes, con música  jazz incluida, volvieron a apoderarse de aquel bar. De nuevo, todo parecía normal.
-Me llamo Anna .- le dijo la escultural desconocida recalcando las dos “enes” de su nombre.
-Yo, so … soy, Andrés .- Alcanzó a decir tartamudeando.
-Eres muy guapo. Me gustan tus ojos, pero están tristes .- Dijo ella con un fingido y encantador deje de inocencia.
-Si, bueno, he tenido días mejores.
-No te preocupes por tu novia, serás mas feliz sin ella. Créeme.
-No se. No es por no creerte, pero ahora mismo no lo veo así y … Oye, ¿Cómo sabes lo de mi novia?
Una risa llamativa fue la primera respuesta de ella.
-He oído lo que le contabas a Pedro, el camarero.

Andrés calculó que, desde donde el estaba hasta donde había estado ella todo el tiempo de su conversación con el camarero, mediaban unos doce metros. Esto, unido al ruido ambiente de aquel lugar le hacían pensar en la imposibilidad de que Anna le hubiese escuchado. Pensó en ello varios segundos, pero no quiso insistir en el tema. Sin embargo, si sentía gran curiosidad por otra cuestión.
-¿Por qué me has besado? .- Le cuestiono él señalándose los labios.
-¿Es que no te ha gustado?. Me pareció todo lo contrario.
-Si, claro, me gusto, y mucho. Pero se puede enfadar tu … ¿pareja?.- Dijo dirigiendo la mirada hacia el rincón donde se encontraba su acompañante.
Con una deliciosa e imperturbable sonrisa, ella volvió a hablarle.
-Yo no tengo pareja. Estoy con quien quiero y cuando quiero. No soy como tu, no tengo eso que tu dices que tienes.
-El qué, ¿Remordimien…?.- antes de decir la palabra ella silenció su boca colocando el dedo índice en sus labios.
-Sshhh., Esa palabra aquí esta mal vista, como ya habrás podido comprobar. No la digas mas.
Andrés no entendía nada. Aquello empezaba a parecerle un sueño o una broma pesada. Las preguntas se agrupaban en su cabeza y necesitaba respuestas.
-¿Aquí?. ¿Dónde estamos?.
-Pues aquí.- Repitió Anna-. Tras la puerta verde.
El desconocido de chaqueta y corbata impecables comenzó a acercarse. Andrés temía la represalia de aquel tipo tras el beso de Anna. ¡Genial!, pensó. Lo que me faltaba hoy, tener una pelea.
Cuando el desconocido estaba a escasos dos metros de él, Andrés comenzó a excusarse.
-Oye, yo… no sabía que ella estaba contigo, me cogió de sorpresa y …
El hombre hizo un movimiento brusco con el brazo. Le tendió la mano. Andrés se la estrechó con evidente alivio. Notó que su mano estaba extrañamente fría.
-Me llamo Letva.- se presento aquel misterioso hombre con voz afable.
-Yo, soy Andrés.
-Un placer tenerte aquí, amigo.

Andrés  seguía viendo en sus ojos y en su porte, seguridad. Incluso en su voz podía apreciarse esta característica. Toda la personalidad de aquel hombre parecía irradiar carisma.
Esta vez fue Anna la que empezó a hablar.
-Le estaba comentando a Andrés, que no debería decir aquí la palabra prohibida.
-Seguramente, amigo Andrés, te preguntarás  por que es una palabra prohibida o mal vista en este local.
-Pues si, la verdad, me sorprende. Y no me gustaría pensar que es una palabra ofensiva y que con ella he ofendido a alguien.- Dijo a modo de disculpa.
-En modo alguno .- Negó Letva con sonrisa y dientes radiantes y perfectos-. Simplemente es una palabra que, no nos gusta, por su significado, y en este lugar no solemos usarla. Pero no nos enfadamos si alguien la usa. Es más, sentimos pena por aquellos que hacen gala de ella y tienen tales sentimientos de culpabilidad.
La palabras de Letva salían de su boca con hechicera tranquilidad. Este hizo un gesto con la mano al camarero.
-¿Permite que le invite a otra copa?.- Pregunto a Andrés. Este asintió con la cabeza, pero incluso antes de hacerlo ya le estaban llenando el vaso.
-Reconozco .-dijo Andrés intentando aclarar sus ideas.- Que sus palabras no solo no han logrado saciar mi curiosidad, sino que me han inquietado aun mas.
-Bueno, esto es cuanto puedo decir, aquí. Si quieres, puedo explicártelo mejor en un lugar mas tranquilo.- dijo Letva mirando hacia una puerta que estaba situada a una esquina del escenario. 
Andrés la miró y se extraño. Habia repasado anteriormente aquel local y no había reparado en aquella puerta, pero supuso que no la vio debido a la congregación de personas que allí se daban lugar.
-¿Qué hay detrás de esa puerta? -Quiso saber Andrés.
-Ese es, digamos, mi despacho.
-Así que eres el jefe de todo esto.
-Bueno, digamos que, si este local tuviera jefe, ese sería yo.

Andrés asintió, se levantaron y se dirigieron a la puerta cercana al escenario. Anna se quedó en la barra del bar.  Se abrían paso entre la multitud mientras Letva saludaba a amigos o conocidos sin perder su radiante sonrisa. Y todos se sentían halagados ante sus saludo. Sin duda era un tipo carismático.
Andrés cayó en la cuenta de que era la segunda puerta  misteriosa que cruzaría en la misma noche. Y de nuevo iba a cruzarla debido a su inevitable curiosidad. Llego antes que Letva a la puerta y sintió escalofríos. La puerta era idéntica a la que estaba en la calle. Una nueva puerta verde con molduras idénticas y la mirilla en forma de ojo de gato.
Intento abrirla girando un pomo dorado, pero no pudo, estaba cerrada. Letva se acerco a ella, y con solo tocarla, esta se abrió.
Andrés se encontró con un salón iluminado por la tenue luz que desprendía el fuego de una gran chimenea. A cada lado de la chimenea, un sillón de estilo antiguo y frente a la chimenea, al otro lado de la estancia, un escritorio de madera y a su lado un mueble en donde se agrupaban algunas botellas de alcohol y vasos. Todo el mobiliario parecía haber salido de una tienda de anticuario.
Letva le indicó a Andrés que tomara asiento y este asi lo hizo en uno de los sillones cercanos a la chimenea, y entonces la vio.
 Era una estatua encima de la chimenea, de unos 40 centímetros de altura. Una gárgola horrible de dientes afilados, orejas puntiagudas, alas pequeñas y rabo terminado en forma de flecha. Daba la horrible sensación de que en cualquier momento su mirada centellearía y la macabra figura cobraría vida.
Letva se sentó en el otro sillón, frente a él, y comenzó a hablar.
-Perdona, yo tampoco he podido evitar escuchar la conversación que mantenías con el camarero. Parece que hoy has tenido un mal día. -Andrés solo asintió, preguntándose de nuevo como demonios habían podido escuchar la conversación desde la distancia. -Se que, cuando estas cosas pasan, es inútil que alguna palabra de animo o aliento surta efecto. De cualquier manera, creo que deberías coger la parte positiva de la historia.
- Créame que no es fácil hacer eso. ¿De verdad cree que hay un punto positivo en que tu novia te deje por otro?
- La parte positiva es que, según creo, hay otra mujer a la que deseas y que insiste en mantener relaciones contigo. La novia de tu amigo, creo. No hay mejor manera de olvidar a una mujer que estar con otra.

Andrés sopesó lo que le decía y calibro su respuesta. Finalmente contestó.
-Mentiría si dijera que no deseo a la novia de mi amigo. Pero si mantengo alguna relación con ella, me sentiré muy culpable y toda la vida me perseguirán los remordimien …- No termino de decir la palabra.
-No te preocupes, puedes decirla, aquí si puedes. -Después de pensárselo unos segundo, Letva continuo.- Entiendo el valor de la amistad. Pero también entiendo el valor de la vida, una vida unica y que merece ser vivida procurándote tu buena dosis de felicidad. ¿Por qué tu felicidad debe estar supeditada a la de tu amigo?.

Andrés bebía las palabras de Letva.  Como no dijo nada. Letva continuó.
-Si miras al pasado, seguro que podrás ver  varias oportunidades de mejorar tu vida, y que no aprovechaste por no dañar la felicidad de alguien. Por pensar y valorar que tus decisiones tendrían efectos negativos para otros, y olvidarte de los efectos positivos que estas hubieran supuesto para ti. Descubrirás, que la mayoría de personas nunca conocen la plena felicidad porque nunca hacen lo que les dicta el corazón, sino lo que es políticamente correcto gracias a esa punzada que da la culpabilidad por sus actos. - se dio un respiro y continuó.- De ese modo, hay mujeres que se casan y conviven toda su vida con hombres buenos, pero de los que no están enamoradas. Hay hombres que renuncian al autentico amor por hacerse responsables de embarazos gestados en una noche de pasión con mujeres que  no significan para ellos nada mas que una noche agradable, y se sienten obligados por la sociedad, la culpa y los remordimientos , a casarse con ellas. Esas personas, créeme, lamentan durante toda su vida el no haber actuado de forma mas egoísta en pos de una autentica y plena felicidad.

Andrés quiso decir algo sobre todo aquello. No quería que aquel tipo pensase que él era un tonto sin opinión. ¿Por qué le importaba lo que aquel tipo pudiera pensar de él?
-Entiendo lo que dices y no te falta razón. Pero para algunas personas, la culpabilidad de no hacer lo que es correcto, les impediría de cualquier modo ser felices. Así que prefieren tomar decisiones no tan deseadas pero si correctas, y confiar en que la felicidad les visite algún día como recompensa por hacer lo correcto.

Letva lo miró pensativo y asintió. El crepitar de las llamas de la gran chimenea era un sonido agradable, perceptible solo cuando ambos quedaban en silencio. Letva continuó:
-La culpabilidad -Dijo en voz baja-. ¿Sabes?, la culpabilidad es un arma sentimental muy poderosa. Hay personas que saben hacer de la manipulación de los sentimientos de los demás un autentico arte y manera de vivir y conseguir siempre lo que quieren. Auténticos lobos con piel de cordero que se convierten en victimas para conseguir cuanto quieren de los mas débiles. Andrés, tu eres victima de tus remordimientos y sentimientos de culpa. Te sientes culpable incluso cuando tu novia te abandona, y rechazas el placer de estar con Nuria, la novia de tu amigo, por los remordimientos que pueda causarte. La culpabilidad ahoga a tu felicidad y te impide disfrutar de la vida y sus placeres. ¿No lo ves?.

De nuevo hubo silencio entre los dos. El despacho debía de estar insonorizado, pues el ruido del bar no traspasaba aquellas paredes. Andrés miraba al fuego analizando todo cuanto Letva decía. Sin duda, él se arrepentía mas de las cosas que nunca había hecho por miedo a las consecuencias, que de las cosas que si había llegado a hacer. Deseaba a Nuria, y este sentimiento cada vez le dolía menos, le hacía menos daño y le hacia sentir menos culpable. Pero aun seguía pensando que si finalmente se acostaba con ella, la culpabilidad se instalaría en su vida. Sabía que en gran parte, Letva tenía razon, pero quería negárselo, rebatir sus argumentos. Probó con una última bala.
-No niego que tienes mucha razón, pero me conozco muy bien, y se positivamente que, si acabo acostándome con Nuria, me sentiría mal y me arrepentiría. Es inútil luchar contra tu mente. Lamentablemente soy así y mi culpabilidad y remordimientos son, inevitablemente,  parte de mi.

A Letva le brillaron los ojos. Daba la sensación de que su mirada era de triunfo y que había escuchado en boca de Andrés las palabras que quería oír. Se inclinó hacia Andrés y hablo en voz baja y clara.        
-¿Y si yo pudiera hacer que tu culpabilidad y tus remordimientos desapareciesen para siempre?

CONTINUARA...





jueves, 7 de mayo de 2009

La Puerta Verde - Capitulo 2.


Sujetaba la puerta abierta un ser que Andrés no sabia como describir. ¿Andrógino?. Si, esa era la palabra. Era un hombre, pero con tez y rasgos muy femeninos. ¿O quizás era una mujer?. El, o ella, le miró en silencio y sintió que debía decir algo.
-Buenas noches. ¿Puedo entrar?.
El ser andrógino lo observo con un rostro carente de expresión, miro mas allá de sus hombros, a la calle, y finalmente contestó.
-¿Para que quieres entrar?.- Dijo con una voz que siguió dejando su sexo en incógnita.- ¿Buscas a alguien?
-No. Solo quiero tomar una copa.- pudo decir mientras miraba a aquel ser extraño que vestía traje azul marino con raya diplomática y camisa celeste, pero sin corbata. El traje era lo único que le hacia sospechar que era un hombre.
Después de varios segundos de examen visual por parte de aquel extraño ser, se aparto y le dejo el camino libre para que entrase.
Caminó despacio, inspecciónando aquel animado lugar. La atmósfera estaba impregnada de humo de cigarrillo. Los sonidos se agolpaban y entrelazaban entre si haciendo difícil la labor de reconocerlos. Una alegre música Jazz lo impregnaba todo de un aire festivo, y esta rivalizaba con el ruido de los vasos al chocar y las risas de aquellas personas, totalmente desinhibidas y entregadas a la alegría y al jolgorio. Todo tenia un aire como de Chicago, años 20. Incluso la banda que tocaba incansable, utilizaba ropa retro de aquella época. Aquel lugar le dio la impresión de ser tan alegre como los bares de los anuncios de cerveza. 
Observó todo esto mientras se dirigía a la barra. Una vez allí, un camarero de mediana edad le pregunto que iba a tomar.
-Un Jack Daniel´s, por favor.
-¿Un Jackie?. ¡Vaya!, eres todo un hombrecito.- Fue la respuesta sarcástica del camarero. Andrés no se molestó. Que a sus treinta años le llamasen hombrecito, incluso le hizo gracia. De hecho, quizá fuera lo mas gracioso que le había pasado en aquel maldito día.
Mientras le ponía la copa, Andrés volvió a pasear su vista por el local. La banda de jazz con su anacrónico vestuario seguía amenizando la noche de los allí presentes, hombres y mujeres que hablaban y reían ruidosamente. Eran felices, o al menos lo aparentaban.
Le dio un buen trago a su whisky  y se perdió en sus pensamientos.
-¿Un mal día?.- Pregunto el camarero con un tono mas amistoso que antes.
-Si.- Dijo con una amarga sonrisa -. Horrible. De esos en los que piensas que mas te hubiera valido no levantarte de la cama.
-Cuéntame amigo. ¿Mal día en el trabajo?
Andrés pensó en el trabajo. Aunque el día en la oficina no había sido bueno, no era esa la causa de sus males.
-No. Ojala hubiese sido el trabajo.- dijo viendo que el barman quería mas información. No se le ocurrió ninguna razón para no dársela. ¿Qué mas daba? .- Ha sido mi… mi chica. Me ha dejado por otro.
Cuando lo dijo, levanto la vista del su copa y su mirada se estrello contra un espejo situado enfrente de él, dentro del mostrador, detrás de cientos de vasos y botellas.
-¡Vaya faena!.- Exclamo el camarero con sinceridad.- Pero bueno amigo, eres joven. La vida sigue y…
-Ya .- Interrumpió Andrés-. Pero hoy no estoy con ánimos para ver el lado positivo de las cosas. Solo quiero coger una buena borrachera.
-Bueno, puedes hacer lo que quieras.- Terció el barman.- Pero quizás eso no te ayude.
-Te aseguro que portarme bien y ser buen chico, tampoco me ha ayudado. No entiendo nada. ¿Qué he hecho mal?.- siguió hablando Andrés en lo que parecía mas una divagación que una charla coherente -. Y tampoco entiendo que hago contándole mis penas a un desconocido.
-Bueno, ¿Nunca has oído decir que los camareros somos psicólogos?.- Termino de decir mientras se alejaba para atender a un grupo muy animado en la esquina del mostrador formado por tres mujeres y tres hombres. Entre los hombres estaba aquel tipo impecablemente vestido que cruzó la puerta verde antes que él. Este le miraba con desdén. Con esa mirada llena de seguridad y ese porte pretencioso y, ¿chulesco?. Sin dejar de mirarle, el desconocido agarro a una chica rubia y de pelo muy corto y la besó apasionadamente mientras el camarero les servia una ronda. Desde la distancia, a Andrés aquella chica le pareció una autentica preciosidad.
El camarero volvió a acercarse a él. Parecía intrigado por la historia de aquel chico y su ruptura sentimental.
-¿Me decías?.- Dijó el barman para que siguiera hablando.
-¿Quién es aquel tipo?.- Pregunto señalando con la mirada al desconocido bien vestido.
-Bueno, ese tipo es el… Bueno, no se si le gustará que te lo diga. Mejor no, mejor no.
Andrés pensó en insistir. Le había resultado misteriosa la cara del camarero al contestar la cuestión. Pero finalmente no insistió y dejó aquella pregunta, muy a su pesar, sin respuesta.
-Continua, por favor.- insistió el camarero.
-Hoy Marta, mi novia, bueno, mi ex novia, me llamó temprano al trabajo. Me dijo que tenia que hablar conmigo. El día en la oficina se me ha hecho eterno, intrigado por lo que Marta iba a decirme. Me imaginé que eran malas noticias, pero nunca me imaginaba lo que finalmente me anunció. Comenzó hablando en voz baja, como si no quisiera hacerme daño. Finalmente acabó echándome en cara todo cuanto pudo. Me dijo que no le daba todo lo que necesitaba y que se iba con otro, un imbécil de su gimnasio. Aunque pensándolo bien, el imbécil soy yo.- de nuevo Andrés sonrió con amargura.- Que no le daba todo lo que necesitaba.- Repitió subiendo el tono de su voz cada vez mas .- si hasta me he peleado con mi familia por ella.- La voz cada vez sonaba mas amarga, mas desesperada, y mas elevada.- ¿Cómo puede hacerme eso a mi?. ¿Es que no tiene sentimientos?. ¿No tiene remordimientos?.
Tras decir la última palabra, y de repente, la música dejó de sonar. La gente que estaba sentada acallaron sus conversaciones y los situados en la barra también callaron. El silencio se adueñó de aquel lugar. Pero eso, siendo inquietante, no era lo que mas le inquietaba, sino el hecho de que todos, todos, le miraban a él.

En aquel momento algo vibro en el bolsillo de Andres y un curioso pitido rompio el silencio. Era su movil, recibiendo un mensaje. Los desconocidos que lo miraban, dejaron de hacerlo y volvieron a sus conversaciones y risas. Los músico volvieron  hacer sonar sus instrumentos, y el caos organizado volvió a apoderarse de aquel lugar. La situación recupero la  normalidad perdida segundos antes, como si no hubiese pasado nada, y el pulso de Andres tambien se normalizó.
Sacó el móvil y lo manipuló para leer el mensaje. Lo leyó despacio, dos veces, y movió con gestos de negación la cabeza. Volvió a leerlo, como si no lo entendiese del todo y quisiera descifrarlo. El camarero se acerco y de nuevo lleno su vaso con aquel amarillento liquido.
-¿Mas malas  noticias?.- Pregunto el barman señalando a su móvil.
-¿Malas?. La verdad, no se como definir este mensaje
El camarero siguió allí, esperando mas explicaciones. Después de darle un buen sorbo a su Jack Daniel´s, volvió a hablar.
- Es un mensaje de Nuria. La novia de mi mejor amigo.
- Y amiga tuya también, supongo.- Añadió el camarero.
- Bueno .-dijo Andrés haciendo una extraña mueca con la boca -. A ella le gustaría ser algo mas que una amiga para mi. Varias veces se me ha insinuado, y me ha pedido que nos viésemos en secreto. Yo siempre me he negado.
-¿Por qué?. Ella no te gusta, ¿No es eso?.
Andrés sonrió mientras acudía a su cabeza la imagen de Nuria un día en la playa y recordó los deseos secretos y prohibidos que  sintió aquel día por ella
-Ella es morena de piel y de cabello. Sus ojos marrones son capaces de desarmarte con solo una mirada, y son un complemento perfecto para su dulce cara de muñeca. Sus pechos, perfectos, ni grandes ni pequeños. Y sus piernas, ¡Dios!, son de infarto.- Hizo una pausa. La música seguía alegrando la velada. -. Tengo que reconocer que alguna vez he pensado en tener sexo con ella, seria algo inolvidable, pero…
-Pero, ¿Qué?
-Pues que, jamás le haría eso a un amigo. Y tampoco se lo hubiese hecho a mi novia, aunque a ella no le haya importado hacérmelo a mi. Estar con ella seria una experiencia digna de ser vivida, pero, después de eso no podría mirar a la cara a mi amigo. Así que prefiero perderme esa experiencia a cambio de poder dormir tranquilo, sin que me ahoguen los remordimientos.
De nuevo, y de repente, el silencio volvió  adueñarse de aquel lugar, y volvió a convertirse muy a su pesar en el centro de todas las miradas.
No supo que hacer, ni que decir. Si aquello era una broma, no tenia gracia. Miro al espejo situado dentro del mostrador y volvió a ver su reflejo en el, solo que esta vez, su reflejo le sonría maliciosamente, y él no estaba sonriendo.......CONTINUARA.