Las lagrimas no tardaron en acudir a sus ojos para intentar desahogar tanto dolor. Las piernas comenzaron a temblarle y pudo llegar con dificultades a un asiento de plástico cercano al mostrador de información. Escondió su rostro entre las manos y lloró como si nunca lo hubiese hecho. Lloraba de puro dolor, un dolor lacerante e indescriptible que conseguía alejar a sus pensamientos y convertirlos en tinieblas.
Durante treinta minutos lloro en aquel rincón ajeno a las miradas misericordes de las personas que pasaban cerca de él.
Poco a poco las brumas se iban disipando de su mente y tomaba conciencia de todo. Se levantó y el mareo estuvo a punto de hacerlo caer, pero consiguió mantener el equilibrio. Salió fuera y se monto en su coche. Estaba dispuesto a matar su rabia golpeando duramente al doctor Pedrera. Cogió el camino de la clínica de Aborto, pero su mente le apuñalaba constantemente la consciencia, sin saber porque. Y entonces lo supo.
Todo era culpa suya. Todo. Él la había dejado embarazada, él le pidió que abortara, le había mostrado la manera de perder su culpabilidad para abortar, y había muerto, por su culpa.
Se dirigió al coche sin saber exactamente a donde ir. La culpabilidad no se hacia notar, estaba destrozado por la perdida pero no por la culpa. Solo sentía una sensación de vacío interior.
Tuvo que detenerse en un semáforo en rojo y un inmigrante africano se acercó para ofrecerle pañuelos de papel. Entonces tuvo claro donde dirigir sus pasos y que tenía que buscar.
Aparco cerca de la puerta verde, sin apenas recordar como había llegado hasta allí. Había sido su subconsciente y no él el que condujo su vehiculo hasta allí.
Le abrieron después de dar dos golpes a la puerta, hizo caso omiso a los saludos de Alex y Pedro y buscó por toda la sala. Tras comprobar que allí no estaba, se dirigió a su despacho y entró sin llamar.
-Hola amigo Andrés.- saludo Letva.
-Nuria a muerto.- anuncio Andrés después de cerrar la puerta. Letva no tardó en contestar.
-No sabes cuanto lo lamento.
-Todo ha sido culpa mía, jamás debí de beber el antídoto. Desde entonces he actuado cruelmente, y ni siquiera me queda la culpabilidad de saber que ella a muerto por mi culpa. Solo he llorado por dolor, no por remordimientos.
-Andrés, no ha sido culpa tuya, estas cosas pasan…
-Eso no es ningún consuelo.- interrumpió Andrés.-Necesito volver a ser yo mismo, necesito sentir la culpabilidad por mis actos, no quiero hacerle mas daño a nadie.
Letva medito la petición de Andrés. Sabia que era momento de tranquilizar las cosas y no dar un paso en falso.
-No puedo ayudarte en eso.
-¿Qué no puedes ayudarme?.- Gritó Andrés.-¡Tiene que haber un contra-antídoto maldita sea!
-No, no hay ningún contra antídoto. La vida puede ser azul o gris, y tu elegiste el azul, amigo Andrés.
-No me llames amigo, ¡No soy tu puto amigo!. ¡Devuélveme mi vida!.- Gritó de nuevo Andrés cada vez mas desesperado.
-Esto no es una tienda donde puedas poner una hoja de reclamaciones si el producto no funciona. Decidiste tomar el antídoto, y tendrás que aceptar las consecuencia.
-Las consecuencias son demasiado fuertes. Yo no contaba con ello, me engañaste.
-Cuidado de lo que me acusas Andrés, No sabes con quien te la juegas, tranquilízate.
El silencio domino la estancia durante algunos segundos. Letva abrió un cajón de su escritorio en busca de algo, algo que finalmente encontró. Se levanto dirigiéndose hacia Andres.
-Creo recordar que, cuando tomaste el antídoto, yo bebí un poco para ganarme tu confianza, así que es posible que no tomaras el suficiente.- dijo ofreciéndole un nuevo frasco en forma de gota de agua con el antídoto en su interior.- Tómalo, te ayudara a superar esto.
Andrés lo sostuvo en su mano derecha. Realmente era un frasco precioso,. Letva lo trataba como a un niño que pudiera acallar o tranquilizar con un chupa- chups. La certeza de saber que Letva lo había manejado en todo momento provocó una furiosa rabia en su interior. Agarro con mas fuerza el frasco del antídoto y lo lanzo con ira contra la chimenea. El cristal se rompió en mil pedazos que cayeron en su mayoría dentro del fuego, al igual que el liquido azul.
-Te pido que me ayudes a salir de esta, no que me hundas mas, maldita sea.- Dijo emprendiendo camino hacia el escritorio de donde Letva había sacado el antídoto.
Esperaba encontrar allí otro liquido que pudiera ayudarle. Su sorpresa no fue no encontrar lo que buscaba, sino ver un revolver en aquel cajón.
Sin saber porque y sin salir aun de su asombro, agarro aquella arma sintiendo en sus mano su peso y su frío tacto, y acto seguido la desesperación de su situación le hizo apuntar a Letva con ella.
-Ayúdame, búscame una solución.- Pidió Andrés con voz desesperada.
Una carcajada fría salió del interior de Letva.
-¿Qué piensas hacer con ese arma, imbécil? .- Le espeto el dueño del local sin la mas mínima muestra de miedo en su mirada.- Eres débil Andrés, siempre lo has sido.- Le decía mientras se acercaba a él casi imperceptiblemente.- Viniste aquí llorando y yo te ofrecí un mundo de felicidad sin reproches ni culpas. Tu lo quisiste, y ahora ¿Ya no lo quieres porqué ha muerto Nuria?. Vamos, espabila maldita sea. El mundo es muerte y vida, y es la vida a la que tienes que agarrarte y ser feliz, para que cuando llegue la hora de tu muerte, no te preguntes que pudo haber pasado si hubieses tomado otras decisiones.- Ya apenas estaba a un metro de distancia de Andrés.- Esto no es un club donde puedas ingresar o darte de baja cuando quieras. Tomaste la decisión de matar a tus culpas, a tus remordimientos, no puedes volverte atrás.
Letva se acercó hasta sentir el cañón del revolver tocándole la corbata. El arma temblaba en las manos de Andrés, que no seria capaz de apretar el gatillo. En un rápido movimiento, Letva agarro el revolver, y entonces, sucedió.
Un estrepitoso ruido se oyó y Letva salió despedido contra uno de los sillones cercanos a la chimenea. Andrés había sido capaz de apretar el gatillo.
Letva se quedo en posición fetal en el sillón mientras Andrés miraba el arma, incrédulo, sin terminar de creerse que hubiese disparado, pero lo hizo.
Tiró el arma en el otro sillón y acudió a la ayuda de Letva. Fue a mirarle la herida y la sorpresa y el miedo inundaron sus adentros. No encontró sangre, no encontró heridas.
Letva abrió su mano izquierda, y allí, aplastada, estaba la bala.
-Eres… eres… ¿Qué eres?.- Pudo preguntar Andrés muerto de miedo.
-Soy, entre otras cosas, el guía espiritual que todos necesitan, puedo ser tu mejor amigo, o tu peor enemigo. Soy el que te muestra la luz o el que puede inundar de tinieblas tu camino, pero ante todo, soy infalible, indestructible. -Dijo levantándose del sillón sin el mas mínimo rasguño.- y no puedes matarme.
-¿Eres… el Diablo?.-
Una vez mas, una carcajada salió del interior de Letva antes de contestar.
-Te lo agradezco, pero no me tengas en tanto. Solo soy su humilde seguidor, embajador del infierno , aquí en la tierra. Y por favor, no lo llames diablo, llámalo Lucifer, el “portador de la luz”, le gusta que le llamen así.
-¿Qué quieres de mi?.
-Pues lo que quiero de todos vosotros, por supuesto. Queremos guiaros y mostraros la verdad. La vida es un bien muy preciado para desperdíciarla en culpas, miedos y otras trampas que vuestra conciencia os pone para no ser felices. Lucifer os libera de ellas, a cambio de un módico precio, vuestras almas.
-¡Dios! .-Exclamó andres.
-¿Dios?. Ese si que es listo. Dios es el mayor hipocrita del universo, ¿O es que acaso crees que él siente remordimientos cada vez que provoca un desastre natural y mueren miles de personas?. Sin embargo, él siempre es el bueno de la película, cuando os utiliza como marionetas, y solo Lucifer os muestra los placeres de la vida, los placeres que dios invento para tentaros y para que os reprimáis ante ellos. Lucifer, a través de su antídoto os da la oportunidad de vencer a Dios y caer en la tentación, sin miedo a las culpas, y sin miedo a su ira.
Letva se peino hacia atrás con los dedos se coloco bien la corbata y volvió a su sillón tras el escritorio. Volvió a coger el libro con tapa negra y extraño dibujo que tenia en las manos cuando Andrés había entrado, y se dispuso a seguir leyendo.
-Aquí ya no tienes nada que hacer Andrés, ya lo sabes todo.- Le dijo sin apartar la vista del libro y recuperando su tranquilo tono de voz.- Así que vete, y te aconsejo que seas feliz mientras vivas.
Andrés salio totalmente trastornado del despacho. Nunca hubiese creído lo que le había contado Letva, pero poco a poco, todo encajaba. Aquel extraño lugar, el mágico poder de aquel liquido azul, y sobre todo la inmunidad a la muerte de Letva. Nada era normal, todo, desde el primer momento le pareció extraño, misterioso. Ahora lo entendía todo, ahora, cuando ya no podía hacer nada para dar marcha atrás, cuando estaba atrapado.
-¿Una copa Andres?.- Pregunto Pedro, el camarero, con voz desenfadada y sirviéndola sin esperar respuesta.
-No.- Contesto Andrés con la mirada hacia el suelo.- Hoy no.
-Vamos.- insistió el camarero.- solo una.
El Jack Daniels se deslizó entre los trozos de hielo provocando un sonido tentador.
-Esta bien.- admitió Andrés.- solo una.
Tocó el vaso ancho y frío y le dio varias vueltas con los dedos. Finalmente lo alzó y bebió un largo trago. El liquido elemento invadió sus pupilas gustativas provocándole cierta dosis de placer. Cuando fue a poner el vaso sobre el posavasos, vió algo extraño en este. En el posavasos había algo escrito; “El contra antídoto esta debajo de la Gárgola”.
Miró a su alrededor para buscar a Pedro. Había desaparecido, estaba solo, totalmente solo.
Se armó de valor y decidió entrar de nuevo en el despacho para conseguir lo que quería, el liquido que le devolviera sus sentimientos.
No tuvo tiempo para pensar en como lo haría, pensó que hacerlo rápido era la mejor opción, así que entro rápido en el despacho y se dirigió como un rayo hacia la chimenea. Letva lo miró extrañado y en silencio.
Andrés agarro la estatuilla que representaba la figura tétrica y grimosa de una gárgola . Al agarrarla noto dolor en sus dedos y en la palma de la mano. Las alas de aquel ser estaban afiladas y entre sus dedos su dibujaron surcos con su propia sangre. El dolor le hizo soltarla un poco, pero aguanto y levantó la gárgola notando que pesaba mas de lo que creía. Allí estaba, el contra-antídoto. Era un frasco del la misma forma y el mismo tamaño que el del antídoto, pero el color del liquido interior era gris.
Entonces lo comprendió todo. “La vida puede ser azul o gris, tu eliges”, le había dicho Letva. Ahora sabía a lo que se refería.
Letva se levantó y fue hacía él. Andrés supo que no tenia tiempo para pensárselo. Abrió el frasco, lo situó entre sus labios y lo bebió moviendo hacia atrás su cabeza. Letva grito “No”, tirándose contra él y tirándolo al suelo, pero ya era demasiado tarde.
Andrés se sentó en el suelo y oto un dolor aun mas agudo en sus dedos. La gárgola movía sus alas y sus manos le impedían volar. La soltó, y esta volvió a posarse encima de la chimenea, en su posición original.
El fuego comenzó una danza extrañamente tranquilizadora, y los recuerdos comenzaron a agolparse en su interior. Recordó a Mario, su amigo y novio de Nuria. Se mente apenas pudo asimilar el dolor causado a su mejor amigo. Deseó volver atrás en el tiempo y reparar el daño. Y enseguida la imagen de la dulce cara de Nuria acudió a su mente. Entonces el dolor fue indescriptible, desgarrador.
-Eres imbécil.- oyó decir a Letva.- Ahora toda la culpabilidad caerá sobre ti. Solo intentaba protegerte del dolor.
-No quiero que me protejas.- Pudo decir Andrés entre lagrimas.- no quiero que hagas desaparecer el dolor. Al menos le debo eso a Nuria. Que el dolor y la culpabilidad por hacer lo que he hecho me acompañen siempre y me impidan olvidarla.
Pero el dolor que le sobrevino era demasiado torturador. Quiso escapar de él, pero no podía. Vio el revolver en uno de los sillones, donde anteriormente lo había dejado.
Se puso en pie y lo volvió a agarrar, esta vez con fuerza y decisión, y apuntó a Letva de nuevo, que estaba sentado en el suelo después de haberlo derribado. Tenia una pequeña herida en el labio inferior, que hizo que su amarga sonrisa tuviese tintes dramáticos.
-¿Qué haces idiota?.- Pregunto Letva.- Sabes que no me puedes matar.
-Tienes razón.- Dijo Andrés tranquilo, rindiéndose a la evidencia.- a ti no puedo matarte.
Tomó la decisión de forma inesperada, pero le pareció la mejor salida. Acerco el cañón de la pistola a su cara y apuntó a su sien derecha.
-Adiós Letva.
Oyó a Letva gritar “No”. Apretó el gatillo. El ruido fue ensordecedor. Despues … oscuridad.
… Oscuridad …
Se sobresaltó y chocó contra el volante de su vehiculo. Estaba sudando. Miro a su alrededor, asustado y con la respiración muy agitada.
Siguió explorando su entorno, asustado. A lo lejos, vió a un tipo negro intentando vender pañuelos de papel a los conductores parados en el semáforo. En la radio, aun sonaba despreocupada y tranquilizadora la canción “Everybody hurts” del grupo REM.
El sonido de su movil volvió a sobresaltarlo. Le habían enviado un mensaje. Su remitente era Nuria. ¡Nuria!. Una gran alegria inundo su alma, hasta el punto de saltarle una lagrima. Ella estaba bien. El mensaje decía “solo quiero que quedemos una vez a solas. Me encuentro bien contigo”.
¿Había sido todo un sueño?. No lo sabia, pero esa era la explicación mas lógica a todo aquello. Se quedó dormido y lo soñó todo. Miro hacia la acera, y allí estaba, la puerta verde. Si, todo había sido un sueño, un increíble sueño. Nunca había cruzado la puerta verde. Sintió alivio, estaba a salvo.
Cogió su móvil y comenzó a escribir un mensaje de texto con movimientos ágiles de dedos. Antes de darle a “enviar”, quiso leerlo. “Eres especial Nuria, por tu bien, aléjate de mi”.
Se sintió mejor una vez enviado el mensaje. Posó las manos en el volante, y entonces las vio. Sus dedos estaban surcados por restos de sangre reseca al igual que la palma de su mano. Era la herida que le habían provocado las alas de la gárgola.
¿De verdad habia sido todo un sueño?.
A lo lejos se dibujaba una figura que se acercaba caminando con porte despreocupado y andares de suficiencia. Un hombre alto y delgado caminaba entre las sombras en dirección a la puerta verde. No tuvo dudas, era él, era Letva. Cuando llegó a la altura de la puerta verde, llamó con dos suaves toques y esta se abrió. Dio un paso hacia adentro, y antes de desaparecer en su interior, miro hacia Andrés. Sus miradas se encontraron. Letva dibujó en sus labios una mueca que intentaba ser una sonrisa de complicidad. Desapareció y la puerta quedó abierta al menos quince centímetros, toda una invitación para volver a entrar en la puerta verde.
Andrés se lo pensó. Busco las llaves en el contacto y las hizo girar provocando un ruido de encendido del motor en su coche.
En ese momento, Andrés tomo dos decisiones. La primera, No volver a entrar en la puerta verde. La segunda, escribir esta historia, para que nadie cometiese su mismo error.
FIN
Nota: Si estais leyendo esto, probablemente sera porque habeis leido y seguido toda la historia de "La puerta Verde".
No tengo palabras para agradeceros las molestias y el tiempo que me habeis dedicado, muchas gracias, de verdad.
He tardado en publicar el ultimo capitulo por problemas, digamos, tecnicos (El ordenador estaba hecho polvo).
He pesado en varios finales para este rlato, pero finalmente me he quedado con el que tenia en mente cuando empece a escribir la historia. Espero que os haya gustado.
La Puerta Verde es un relato basado en una cancion del grupo español Teennesse llamada "La puerta Verde", versionada a su vez de una cancion en ingles llamada "The green door". Si escuchais la cancion de Teennesse vereis que ahí esta reflejada el principio de esta historia.
Se me ocurrieron varias historias para escribir, pero esta en concreto me atrajo porque creo que tiene un mensaje, una especie de moraleja. Por supuesto, yo no voy a decir cual es esa moraleja, prefiero que cada uno de vosotros decida que conclusion sacar. de hecho, si me escribiís algun comentario, me gustaria que me digais cual es la moraleja para vosotros de esta historia.
Y para terminar, deciros que, aprovechando que estamos en verano, voy a tomarme unas vaciones de este blog. Vacaciones de momento indefinidas, que despues de mas de dos años de blog, ya va pegando, asi os dejo descansar un poco de mi, que bien merecido os lo teneis.
Muchas gracias, millones de gracias por vuestra importante aportacion al blog y vuestra infinita paciencia con este que os escribe.
Que sepais que se os quiere a todos y todas.
Muchas gracias.
