lunes, 11 de mayo de 2009

La Puerta Verde - Capitulo 3

Esta vez, no se le escapó el hecho de que esto ocurría de nuevo tras decir la palabra “remordimientos”.
Sintió miedo, y ese mismo miedo lo empujó a hablar. 
-¿Qué esta pasando? .-dijo con la voz quebrada.
La chica rubia de pelo corto que acompañaba, entre otros, al tipo de chaqueta y corbata comenzó a acercarse. El sonido de sus tacones rebotando en el suelo era el único que rompía el silencio de aquel lugar. Sus andares cadenciosos y altamente femeninos le tenían embobado, al igual que el movimiento suave de su vestido rojo pasión. Le pareció que todo ocurría a cámara lenta. Ella siguió acercándose despacio pero con seguridad, hasta que juntó sus labios con los de Andrés. Al principio este se resistió temiendo la represalia de su pareja. Pero el dulce sabor a vainilla de los labios de aquella desconocida le hicieron rendirse al disfrute de un exquisito y húmedo beso de no menos de veinte segundos. 
Cuando separaron los labios, el ruido festivo de antes, con música  jazz incluida, volvieron a apoderarse de aquel bar. De nuevo, todo parecía normal.
-Me llamo Anna .- le dijo la escultural desconocida recalcando las dos “enes” de su nombre.
-Yo, so … soy, Andrés .- Alcanzó a decir tartamudeando.
-Eres muy guapo. Me gustan tus ojos, pero están tristes .- Dijo ella con un fingido y encantador deje de inocencia.
-Si, bueno, he tenido días mejores.
-No te preocupes por tu novia, serás mas feliz sin ella. Créeme.
-No se. No es por no creerte, pero ahora mismo no lo veo así y … Oye, ¿Cómo sabes lo de mi novia?
Una risa llamativa fue la primera respuesta de ella.
-He oído lo que le contabas a Pedro, el camarero.

Andrés calculó que, desde donde el estaba hasta donde había estado ella todo el tiempo de su conversación con el camarero, mediaban unos doce metros. Esto, unido al ruido ambiente de aquel lugar le hacían pensar en la imposibilidad de que Anna le hubiese escuchado. Pensó en ello varios segundos, pero no quiso insistir en el tema. Sin embargo, si sentía gran curiosidad por otra cuestión.
-¿Por qué me has besado? .- Le cuestiono él señalándose los labios.
-¿Es que no te ha gustado?. Me pareció todo lo contrario.
-Si, claro, me gusto, y mucho. Pero se puede enfadar tu … ¿pareja?.- Dijo dirigiendo la mirada hacia el rincón donde se encontraba su acompañante.
Con una deliciosa e imperturbable sonrisa, ella volvió a hablarle.
-Yo no tengo pareja. Estoy con quien quiero y cuando quiero. No soy como tu, no tengo eso que tu dices que tienes.
-El qué, ¿Remordimien…?.- antes de decir la palabra ella silenció su boca colocando el dedo índice en sus labios.
-Sshhh., Esa palabra aquí esta mal vista, como ya habrás podido comprobar. No la digas mas.
Andrés no entendía nada. Aquello empezaba a parecerle un sueño o una broma pesada. Las preguntas se agrupaban en su cabeza y necesitaba respuestas.
-¿Aquí?. ¿Dónde estamos?.
-Pues aquí.- Repitió Anna-. Tras la puerta verde.
El desconocido de chaqueta y corbata impecables comenzó a acercarse. Andrés temía la represalia de aquel tipo tras el beso de Anna. ¡Genial!, pensó. Lo que me faltaba hoy, tener una pelea.
Cuando el desconocido estaba a escasos dos metros de él, Andrés comenzó a excusarse.
-Oye, yo… no sabía que ella estaba contigo, me cogió de sorpresa y …
El hombre hizo un movimiento brusco con el brazo. Le tendió la mano. Andrés se la estrechó con evidente alivio. Notó que su mano estaba extrañamente fría.
-Me llamo Letva.- se presento aquel misterioso hombre con voz afable.
-Yo, soy Andrés.
-Un placer tenerte aquí, amigo.

Andrés  seguía viendo en sus ojos y en su porte, seguridad. Incluso en su voz podía apreciarse esta característica. Toda la personalidad de aquel hombre parecía irradiar carisma.
Esta vez fue Anna la que empezó a hablar.
-Le estaba comentando a Andrés, que no debería decir aquí la palabra prohibida.
-Seguramente, amigo Andrés, te preguntarás  por que es una palabra prohibida o mal vista en este local.
-Pues si, la verdad, me sorprende. Y no me gustaría pensar que es una palabra ofensiva y que con ella he ofendido a alguien.- Dijo a modo de disculpa.
-En modo alguno .- Negó Letva con sonrisa y dientes radiantes y perfectos-. Simplemente es una palabra que, no nos gusta, por su significado, y en este lugar no solemos usarla. Pero no nos enfadamos si alguien la usa. Es más, sentimos pena por aquellos que hacen gala de ella y tienen tales sentimientos de culpabilidad.
La palabras de Letva salían de su boca con hechicera tranquilidad. Este hizo un gesto con la mano al camarero.
-¿Permite que le invite a otra copa?.- Pregunto a Andrés. Este asintió con la cabeza, pero incluso antes de hacerlo ya le estaban llenando el vaso.
-Reconozco .-dijo Andrés intentando aclarar sus ideas.- Que sus palabras no solo no han logrado saciar mi curiosidad, sino que me han inquietado aun mas.
-Bueno, esto es cuanto puedo decir, aquí. Si quieres, puedo explicártelo mejor en un lugar mas tranquilo.- dijo Letva mirando hacia una puerta que estaba situada a una esquina del escenario. 
Andrés la miró y se extraño. Habia repasado anteriormente aquel local y no había reparado en aquella puerta, pero supuso que no la vio debido a la congregación de personas que allí se daban lugar.
-¿Qué hay detrás de esa puerta? -Quiso saber Andrés.
-Ese es, digamos, mi despacho.
-Así que eres el jefe de todo esto.
-Bueno, digamos que, si este local tuviera jefe, ese sería yo.

Andrés asintió, se levantaron y se dirigieron a la puerta cercana al escenario. Anna se quedó en la barra del bar.  Se abrían paso entre la multitud mientras Letva saludaba a amigos o conocidos sin perder su radiante sonrisa. Y todos se sentían halagados ante sus saludo. Sin duda era un tipo carismático.
Andrés cayó en la cuenta de que era la segunda puerta  misteriosa que cruzaría en la misma noche. Y de nuevo iba a cruzarla debido a su inevitable curiosidad. Llego antes que Letva a la puerta y sintió escalofríos. La puerta era idéntica a la que estaba en la calle. Una nueva puerta verde con molduras idénticas y la mirilla en forma de ojo de gato.
Intento abrirla girando un pomo dorado, pero no pudo, estaba cerrada. Letva se acerco a ella, y con solo tocarla, esta se abrió.
Andrés se encontró con un salón iluminado por la tenue luz que desprendía el fuego de una gran chimenea. A cada lado de la chimenea, un sillón de estilo antiguo y frente a la chimenea, al otro lado de la estancia, un escritorio de madera y a su lado un mueble en donde se agrupaban algunas botellas de alcohol y vasos. Todo el mobiliario parecía haber salido de una tienda de anticuario.
Letva le indicó a Andrés que tomara asiento y este asi lo hizo en uno de los sillones cercanos a la chimenea, y entonces la vio.
 Era una estatua encima de la chimenea, de unos 40 centímetros de altura. Una gárgola horrible de dientes afilados, orejas puntiagudas, alas pequeñas y rabo terminado en forma de flecha. Daba la horrible sensación de que en cualquier momento su mirada centellearía y la macabra figura cobraría vida.
Letva se sentó en el otro sillón, frente a él, y comenzó a hablar.
-Perdona, yo tampoco he podido evitar escuchar la conversación que mantenías con el camarero. Parece que hoy has tenido un mal día. -Andrés solo asintió, preguntándose de nuevo como demonios habían podido escuchar la conversación desde la distancia. -Se que, cuando estas cosas pasan, es inútil que alguna palabra de animo o aliento surta efecto. De cualquier manera, creo que deberías coger la parte positiva de la historia.
- Créame que no es fácil hacer eso. ¿De verdad cree que hay un punto positivo en que tu novia te deje por otro?
- La parte positiva es que, según creo, hay otra mujer a la que deseas y que insiste en mantener relaciones contigo. La novia de tu amigo, creo. No hay mejor manera de olvidar a una mujer que estar con otra.

Andrés sopesó lo que le decía y calibro su respuesta. Finalmente contestó.
-Mentiría si dijera que no deseo a la novia de mi amigo. Pero si mantengo alguna relación con ella, me sentiré muy culpable y toda la vida me perseguirán los remordimien …- No termino de decir la palabra.
-No te preocupes, puedes decirla, aquí si puedes. -Después de pensárselo unos segundo, Letva continuo.- Entiendo el valor de la amistad. Pero también entiendo el valor de la vida, una vida unica y que merece ser vivida procurándote tu buena dosis de felicidad. ¿Por qué tu felicidad debe estar supeditada a la de tu amigo?.

Andrés bebía las palabras de Letva.  Como no dijo nada. Letva continuó.
-Si miras al pasado, seguro que podrás ver  varias oportunidades de mejorar tu vida, y que no aprovechaste por no dañar la felicidad de alguien. Por pensar y valorar que tus decisiones tendrían efectos negativos para otros, y olvidarte de los efectos positivos que estas hubieran supuesto para ti. Descubrirás, que la mayoría de personas nunca conocen la plena felicidad porque nunca hacen lo que les dicta el corazón, sino lo que es políticamente correcto gracias a esa punzada que da la culpabilidad por sus actos. - se dio un respiro y continuó.- De ese modo, hay mujeres que se casan y conviven toda su vida con hombres buenos, pero de los que no están enamoradas. Hay hombres que renuncian al autentico amor por hacerse responsables de embarazos gestados en una noche de pasión con mujeres que  no significan para ellos nada mas que una noche agradable, y se sienten obligados por la sociedad, la culpa y los remordimientos , a casarse con ellas. Esas personas, créeme, lamentan durante toda su vida el no haber actuado de forma mas egoísta en pos de una autentica y plena felicidad.

Andrés quiso decir algo sobre todo aquello. No quería que aquel tipo pensase que él era un tonto sin opinión. ¿Por qué le importaba lo que aquel tipo pudiera pensar de él?
-Entiendo lo que dices y no te falta razón. Pero para algunas personas, la culpabilidad de no hacer lo que es correcto, les impediría de cualquier modo ser felices. Así que prefieren tomar decisiones no tan deseadas pero si correctas, y confiar en que la felicidad les visite algún día como recompensa por hacer lo correcto.

Letva lo miró pensativo y asintió. El crepitar de las llamas de la gran chimenea era un sonido agradable, perceptible solo cuando ambos quedaban en silencio. Letva continuó:
-La culpabilidad -Dijo en voz baja-. ¿Sabes?, la culpabilidad es un arma sentimental muy poderosa. Hay personas que saben hacer de la manipulación de los sentimientos de los demás un autentico arte y manera de vivir y conseguir siempre lo que quieren. Auténticos lobos con piel de cordero que se convierten en victimas para conseguir cuanto quieren de los mas débiles. Andrés, tu eres victima de tus remordimientos y sentimientos de culpa. Te sientes culpable incluso cuando tu novia te abandona, y rechazas el placer de estar con Nuria, la novia de tu amigo, por los remordimientos que pueda causarte. La culpabilidad ahoga a tu felicidad y te impide disfrutar de la vida y sus placeres. ¿No lo ves?.

De nuevo hubo silencio entre los dos. El despacho debía de estar insonorizado, pues el ruido del bar no traspasaba aquellas paredes. Andrés miraba al fuego analizando todo cuanto Letva decía. Sin duda, él se arrepentía mas de las cosas que nunca había hecho por miedo a las consecuencias, que de las cosas que si había llegado a hacer. Deseaba a Nuria, y este sentimiento cada vez le dolía menos, le hacía menos daño y le hacia sentir menos culpable. Pero aun seguía pensando que si finalmente se acostaba con ella, la culpabilidad se instalaría en su vida. Sabía que en gran parte, Letva tenía razon, pero quería negárselo, rebatir sus argumentos. Probó con una última bala.
-No niego que tienes mucha razón, pero me conozco muy bien, y se positivamente que, si acabo acostándome con Nuria, me sentiría mal y me arrepentiría. Es inútil luchar contra tu mente. Lamentablemente soy así y mi culpabilidad y remordimientos son, inevitablemente,  parte de mi.

A Letva le brillaron los ojos. Daba la sensación de que su mirada era de triunfo y que había escuchado en boca de Andrés las palabras que quería oír. Se inclinó hacia Andrés y hablo en voz baja y clara.        
-¿Y si yo pudiera hacer que tu culpabilidad y tus remordimientos desapareciesen para siempre?

CONTINUARA...





3 comentarios:

DAVID dijo...

Oye pues me gusta a mi el Letva ese... Parece un tio sensato y además dueño de un bar con tias macizorras dentro... ¿Jacks Daniels y todo?? mmmmmmmmm....

Sir, a ver si me consigues una cita con el guaperas del bar que tengo muchas cosas que contarle...

Sigue así amigo, me encanta ésta historia. Un abrazo

wanlu dijo...

Claro, como no te va gustar un tio con las ideas tan claras? haber si te consigo una cita con el amigo Letva y ya hablas con él y eso. Gracias por estar ahí chavalin. Nos vemos prontito. un abrazote.

Anónimo dijo...

oye venga ya, q con mi memoria de pez cuando escribas el proximo capitulo me voy a tener q volver a leer los anteriores! q se me olvidaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa!

ilu